«¡Oh, qué día tan triste en Granada, / que a las piedras hacía llorar!» (Federico García Lorca).
No es una novedad para los granadinos, pues cada cierto tiempo, sufren los movimientos de las placas tectónicas euroasiática y africana, y eso convierte la zona en un punto de alta peligrosidad. En los últimos años se han registrado movimientos telúricos de diversa intensidad en abril de 1956; en julio de 1979; y en 2021, cuando se produjeron varios temblores entre enero y febrero.
Pero este mes de agosto de 2026, colapsado de incendios y de temperaturas infernales, trajo un nuevo dato para sumar a la lectura topográfica. Es una invitación a leer la topografía de la metáfora.
Coincidiendo con el 90 aniversario del fusilamiento del poeta granadino Federico García Lorca, este 18 de agosto retumbó la tierra en aquel otro 18 de agosto de 1936.
Defensor de la libertad En su obra teatral Mariana Pineda. Romance popular en tres estampas, escrita en 1925, el autor recoge un cantar de la tradición oral que recordaba a la heroína ejecutada en el siglo XIX.
Lorca integró y estilizó coplas del folclore popular sobre la muerte de Mariana Pineda en el coro de niños que repite de forma simétrica: «¡Oh, qué día tan triste en Granada, / que a las piedras hacía llorar / al ver que Marianita se muere / en cadalso por no declarar!»
La obra narra la vida valiente de una mujer que desafió los mandatos de la época, y su muerte: Mariana Pineda es ejecutada en Granada por negarse a delatar a los patriotas, al ser descubierta bordando una bandera con el lema de la causa por la libertad.
Inspirado en este personaje histórico, no sabía el poeta que unos años más tarde, su propia ejecución haría eco en la muerte de su heroína. Los acontecimientos de la Guerra Civil Española se precipitaron y, Víznar, un apartado barranco en Granada, fue fosa común de muchos revolucionarios.
Federico tenía 38 años y ya había escrito obras fundamentales como Romancero gitano, La casa de Bernarda Alba, Doña Rosita la soltera. Había viajado a Nueva York, a Cuba, a Montevideo y había elegido como residencia a Buenos Aires durante los seis meses previos al regreso a España… y su penoso final.
Síndrome de aniversario: la tierra cruje y recuerda otros temblores
Hay situaciones en las cuales las fechas llevan una cuenta que se escapa a las efemérides porque habitan el espacio del inconsciente colectivo. Suman capas de información, regresan para sostener la memoria común de la cultura, las familias, las personas.
Anne Ancelin Shützenberger en su libro «¡Ay, mis ancestros!» retoma un concepto clave para los estudios de la Psicogenealogía: el síndrome de aniversario. Dice: “Observamos con frecuencia que un nacimiento interviene para recordar un acontecimiento importante, triste o feliz. Numerosos niños nacieron por coincidencia, como para marcar el aniversario (del nacimiento o de la muerte) de la abuela como para efectuar un recordatorio del lazo de la madre con su propia madre (o con su padre), como si hubiera una complicidad entre el inconsciente de ambos…
Se puede también con frecuencia descifrar el sentido de un nacimiento prematuro o retardado en relación con un miembro importante – muerto o vivo – de la familia.”
Hechos que se repiten. Siempre con un “aire de familia”, diferente cada vez, pero reconocible con otros eventos del pasado compartido. Van plantando hitos, mojones, recordatorios. ¿Por qué?
Porque el inconsciente familiar resguarda la memoria, el legado, lo aprendido y lo sufrido. Reaparece algo que ya se vivió antes. Puede cambiar el escenario o aportar nuevos detalles, pero mantiene una tonalidad: tragedia, avance, logro, distancia, pérdidas, duelo colectivo… Son los aniversarios propios del sujeto y su entorno: la comunidad, la historia compartida.
El término deriva de la noción desarrollada por la psicóloga y psiquiatra Josephine R. Hilgard, reacción de aniversario. En sus trabajos hospitalarios, llegó a la conclusión de que era estadísticamente significativo que los pacientes psicóticos hicieran el primer brote a la misma edad en que había muerto alguno de sus padres, o hacía eco con alguna situación traumática acontecida en el seno familiar.
Esas repeticiones permiten tomar conciencia, revisar acontecimientos que pulsan contra el olvido, que han quedado sin gestionar, que siguen teniendo repercusiones traumáticas a fin de darles una nueva oportunidad para resignificar lo ocurrido.
Hoy, en el transgeneracional hablamos del síndrome de aniversario como la reaparición de ciertos acontecimientos vinculados con hechos impactantes en el sistema familiar por su carga emocional y la memoria conflictiva que reaparece de forma cíclica, como una especie de marca en el calendario.
Se manifiesta con estados difusos de tristeza o ansiedad, sin causa clara al llegar una fecha concreta, dolores físicos o malestares que repiten síntomas pasados, accidentes o rupturas repentinas de vínculos, y toda expresión propia del regreso de un sentimiento de duelo sin cerrar.
La Psicogenealogía estudia estas vueltas del inconsciente sobre situaciones repetidas y que pasan inadvertidas o se leen como “coincidencias o casualidades” (fechas puntuales, repetición de historias, crisis dentro de un árbol genealógico, así como la misma edad de bodas o divorcios de los ancestros, muertes trágicas, exilios, etc.).
Se pretende generar conciencia sobre posibles repeticiones, ya que cuando se alivia esa información del sistema familiar puede soltarse la carga.
Un ejemplo de la clínica: una paciente me relata un sueño en el que ella discutía con otra persona el modo de decir una palabra: “Esto ya está resolvido”, decía, y su interlocutor le respondía: “Se dice resuelto”. Ella argumentaba que le resultaba más perfecta la idea con el lapsus, la falla en el lenguaje le resonaba más completa que la forma correcta.
El sueño repetía las dos palabras y la tensión entre el bien decir y lo dicho de manera “errónea”. Fue interesante descomponer los dos términos, observar que aparecían de forma encriptada dos ideas en pugna: “olvido” y “suelto”. Efectivamente, Freud nos anotició sobre el poder de recordar para olvidar, y que los errores no son casualidades ni descuidos, sino un conflicto entre dos intenciones diferentes. La memoria elaborada reduce la compulsión a repetir y permite transformar el sufrimiento en conocimiento.
El proceso de “working-through” (recordar y revisar repetidamente el recuerdo en el contexto terapéutico) permite aliviar la reacción automática de la repetición. De ahí la mpaxima freudiana: “Recordar es la mejor forma de olvidar”. En Psicopatología de la vida cotidiana (1901), el padre del psicoanálisis nos habilita a observar con una mirada oblicua los sucesos que las demás ciencias consideran insignificantes.
El lapsus es el punto en el cual emerge otra verdad que el sujeto sabe sin saber que sabe. Y más tarde, en su texto de 1914, Recordar, repetir y reelaborar, Sigmund Freud ofrece esta idea central: los pacientes en psicoanálisis no siempre pueden recordar los hechos olvidados o reprimidos de su pasado, pero en cambio, los repiten con síntomas o actuándolos en el presente.
De igual modo que en el sujeto, estas marcas inconscientes suceden en los espacios culturales, la historia y las fuerzas de la naturaleza, como los seísmos en el sur de España a mediados de agosto. Granada volvió a temblar y mientras geólogos e historiadores, vecinos de a pie y científicos del Instituto Geográfico Nacional sacan conjeturas, analizan, previenen, la Psicogenealogía nos abre a una dimensión diferente. La gran familia humana conserva una
memoria refrendada -a veces- por los almanaques de Madre Naturaleza. Y sus eventos nos recuerdan que es necesario cuidar el planeta, sostener la memoria, observar que la violencia, el desgarramiento y el colapso social llevan el ritmo y la promesa de volver si no somos capaces de revertir los modos de la convivencia, el respeto por la diferencia, el valor del arte y la libertad de expresión.
Los sismólogos explican que los terremotos responden a una liberación de energía, porque la corteza terrestre acumula tensiones hasta que llega un momento en que el material no puede soportarlas y se produce una ruptura.
Tensiones sísmicas, tensiones sociales, tensiones poéticas… Y sus diversos modos de expresión. Esta vez, la tierra cruje allí mismo donde hace 90 años asesinaban a uno los escritores más importantes del siglo XX.
¿Coincidencia entre el rugir de la tierra y la muerte de Federico? Prefiero llamarlo metáfora existencial: las repeticiones regresan para invitarnos a pensar, revisar, analizar, quitarle capas geológicas al evento traumático. Para evitar que los escombros del olvido se traguen la herencia que el tiempo nos ha legado.
Fuente: Diana Paris es Doctora en Letras, Psicoanalista, docente y escritora. Sus libros publicados por la editorial Del Nuevo Extremo profundizan los estudios del transgeneracional y la relación entre psicoanálisis y literatura.

