-¿Qué es un rito? -dijo el Principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea distinto de otros días, una hora,distinta de otras horas…»
Antoine de Saint-Exúpery
Empecé a poner en práctica un pequeño ritual en casa con mis hijos. A medida que cae la noche, prendo una vela con forma de corazón que me regaló una amiga. Dejo las ventanas abiertas para escuchar los grillos cantar en el jardín. Hay luces que vienen de afuera y enciendo adentro la que necesito para algo específico; chequear la comida en el horno o buscar la camisa del uniforme para el colegio. Aunque estoy decidida a conseguir candelabros que me alumbren en toda la casa.

Belisario al principio se quejaba. Las chicas lo incorporaron rápidamente. Comemos a la luz de la vela. Y se despierta algo mágico: el rito de la conexión y la calma. El mes pasado fui a una charla que daba Florencia Leinado, médica clínica holística y ortomolecular que nos explicó sobre los hábitos que deberíamos incorporar para bajar los niveles de cortisol y hacer que nuestro cuerpo y nuestro cerebro funcionen armónicamente. Una de las sugerencias fue alumbrar con fuego cuando el sol cae y despertarse para ver la luz del día antes de agarrar el teléfono por las mañanas.
Lo creí imposible de llevar a la práctica. Hasta que decidí probar. Investigando un poco encontré explicaciones desde la neurociencia de cómo nuestro ser biológico se ve afectado por las pantallas, la luz artificial y la desconexión con el ciclo de la naturaleza (dormirse tarde, alimentarse con productos que no son de estación, permanecer en la misma posición mucho tiempo, etc.). Pero también encontré otras cosas relacionadas a las vibraciones lumínicas y - algo que me apasiona - como el significado que tienen a través de los mitos de los pueblos ancestrales.
El mito es la historia sagrada que explica el origen de las cosas. Es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Cuando nos hablan de ideales y sueños, solemos interpretarlos como algo positivo, pero casi imposible de aplicar. El famoso “hay que” hacer tal o cual cosa para obtener otra, termina siendo tedioso y frustrante.

¿Cómo hago para que los chicos dejen la pantalla, o yo misma, y apaguen la luz horas antes de ir a dormir? Solo los personajes en los mitos logran realizarlo con sus historias metafóricas y fantásticas. Y sin embargo …del mito al rito hay un tramo chiquito. El rito es la puesta en escena del mito, donde los comportamientos, movimientos y elementos - una vela, caminar en el pasto, regar las plantas, respirar profundo) son ejecutados de forma precisa y simbólica.
Cuando comencé a escribir en cada luna nueva y luna llena sobre mis objetivos y manifestaciones, me di cuenta que le estaba dando señales a mi mente de hacia dónde iba mi deseo y mi intención. Tal vez en ese momento no era consciente, pero hoy ya forma parte de un ritual. Me hace prestar atención a la luz o a la oscuridad de la noche y me recuerda la dirección donde quiero llevar el foco.
Incorporar ese hábito me ayudó a estar presente. Me doy cuenta del sentido verdadero de la luminosidad y la sombra. Algo parecido pasa con el fuego. Existen muchísimos relatos sobre los pueblos originarios de nuestra región que forman parte de una mitología riquísima y muy poco conocida entre nosotros.
Hay un mito que me encanta de los guaraníes que trata sobre el origen del fuego. Resulta que Tupá, creador de los hombres y las mujeres, les dio luz por las noches a través de la chispa entre las piedras que encendía las fogatas. Añá, el espíritu del mal, resentido ante las creaciones de Tupá, sopló muy fuerte apagando cualquier intento de encender la llama. Tupá entonces decidió engañarlo a través de la aparición de miles de “isondúes” (bichitos de luz) que no se apagarían ni con el soplo más fuerte de Añá. Mientras éste ocupaba su tiempo queriendo aplacar el destello de los bichitos, el creador del trueno y la luz, apenas con un susurro, volvió a encender el fuego para que los guaraníes pudieran calentarse durante las noches frías y compartir momenyos de paz y armonía.
Mi amigo Guz me hizo leer un artículo sobre las Picharas (limpieza en quechua) que se realiza según los conocimientos ancestrales de los pueblos andinos. Se trata de un conjunto de técnicas terapéuticas ancestrales que se componen de actos rituales con la quema de plantas medicinales, el humo y el calor. Estas prácticas inducen a los estados ampliados de conciencia y ayudan con enfermedades mentales y adicciones usando los sonidos de la naturaleza.
El fuego es un gran alquimizador con su frecuencia sonora, y somos todos/as seres que vibran con la luz solar (el fuego en su máxima expresión). Sentir el viento, caminar descalzo, escuchar los colores. Parecen relatos fantásticos de la mitología, que no es sólo griega o egipcia, sino también americana. Pero el mito llevado a la acción es aún más poderoso ya que explica y da sentido a la realidad, respondiendo preguntas sobre el origen del mundo, de los seres y de los fenómenos naturales. Propone una manera de activar nuestra existencia donde se generga un espacio para compartir. Y lo más lindo de ello es que a través de los ritos podemos transmitir valores.
En lo cotidiano, descubro que encender el fuego para hacer un ritual sincero con mis hijos es de alguna manera una linda manifestación del mito de los isondúes. Algunas familias lo hacen desde lo religioso, orando, yendo a misa o compartiendo una mesa bendecida por Dios. Yo intento empezar por la charla de corazón, mirarse a los ojos a través de la penumbra con mayor atención y cuidar de nuestro cuerpo, templo del alma, que requiere - hoy más que nunca - protegerse de la invasión informativa y la falsa luminosidad. Vayamos a los mitos y transformemos sus mensajes en alquimia luminosa, en lazos de amor y memoria.
Soy luz, soy alma inquieta. Soy nervios que flotan en una pantalla; hasta que el aire entra y sale con la palabra y el canto; con el fuego de una mirada.
Mis recomendaciones de la semana
No dejen de leer EL PRINCIPITO con sus hijos/as, es una linda forma de hacer un ritual.
También les recomiendo un libro de leyendas y mitos de pueblos originarios CUENTAN QUE CUENTAN QUE LES CONTARON, muy lindo para leer con los chicos.
Compren o si se animan HAGAN velas de diferentes tamaños e iluminen rincones de la casa para ir acostumbrando a la familia al ritual de la luz.
RECORDEMOS QUE COMO DIJO EL PRINCIPITO: "LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS"
Fuente: Emilia Zavaleta, @sermulanas
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