Entre el aire húmedo del campo, las sierras, el viento del mar y el canto de los pájaros está creciendo un nuevo paisaje del vino. No queda al pie de la Cordillera ni necesita recorrer miles de kilómetros para sorprender: se encuentra en plena provincia de Buenos Aires.
Durante las vacaciones de invierno, que este año se extenderán del 20 al 31 de julio en territorio bonaerense y en la Ciudad de Buenos Aires, Tandil, Chapadmalal y el Paraje Macedo aparecen como tres destinos ideales para armar una escapada diferente.

Viñedos jóvenes, bodegas boutique y producciones limitadas invitan a cambiar el ruido de la ciudad por el sonido del viento entre las hileras. En estos rincones, el vino no intenta copiar las postales tradicionales de Mendoza: construye una identidad propia, marcada por la sierra, el océano y la pampa húmeda.
Cordón Blanco: vino, sierras y espíritu familiar en Tandil
A unos 350 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Tandil ofrece mucho más que salamines, quesos y paseos por sus tradicionales cerros. Entre las ondulaciones del paisaje serrano se encuentra Cordón Blanco, una bodega familiar que fue pionera en la elaboración de vinos en la ciudad.
La historia comenzó cuando Matías Lucas realizaba una capacitación vinculada con la enología. Allí, un profesor le comentó que las condiciones de Tandil podían compararse con las del sudoeste francés. La observación se transformó en una idea y, en 2008, Matías plantó junto con sus hermanos el primer viñedo del proyecto.

“En 2013 plantamos el segundo viñedo en Don Bosco, a 14 kilómetros del primero, producto de una búsqueda de un suelo diferente dentro de la localidad. Creamos variedades más pensadas y definitivas”, recordó el propietario.
Cordón Blanco produjo su primer vino tandilense en 2012 y trabaja con variedades como cabernet franc, merlot, sauvignon blanc, syrah y carmenere. Sus vides crecen a unos 260 metros sobre el nivel del mar, en suelos con una marcada presencia de granito y bajo las condiciones particulares de humedad y viento de la región.
La bodega propone recorridos por el viñedo y las instalaciones, acompañados por una explicación sobre el suelo, el clima y el proceso de elaboración. La experiencia concluye con una degustación que permite probar entre uno y cuatro vinos.
El cabernet franc joven es uno de los más elegidos, aunque la casa también ofrece una línea de reservas con paso por barrica y hormigón. Son vinos frescos, con buena acidez y una personalidad que expresa el paisaje serrano.
El plan perfecto para completar el día

Después de la visita, la escapada puede continuar con una cabalgata por los alrededores de Tandil. Algunas propuestas incluyen relatos sobre la historia, la geología, la flora y la fauna del lugar, además de un fogón con gastronomía regional y guitarreada.
Durante julio, las visitas a Cordón Blanco se realizan de martes a viernes a las 11; los sábados a las 11.30 y a las 15; y los domingos a las 11. La entrada es con reserva previa y los cupos son limitados. La bodega está ubicada en Galicia 1150.
Trapiche Chapadmalal: el vino que nace cerca del mar
En Chapadmalal, el vino cambia de paisaje. No hay montañas, terrazas andinas ni aire seco de altura. Hay llanura, viento, humedad y amaneceres con perfume a arena mojada.
Muy cerca de Mar del Plata se encuentra Costa & Pampa, de Bodega Trapiche, un proyecto que convirtió al clima marítimo en su principal sello de identidad.
“Cada botella refleja el carácter único de nuestro clima marítimo y el compromiso de todo nuestro equipo por ofrecer vinos de excelencia”, explicó el enólogo de la bodega.
El proyecto comenzó en 2015 y abrió una nueva puerta para la vitivinicultura de la Costa Atlántica. El viento ayuda a desarrollar una piel más gruesa en las uvas, una característica que aporta intensidad aromática. El resultado son vinos frescos, expresivos y con una acidez vibrante, especialmente adecuados para acompañar pescados, mariscos y otros sabores de la gastronomía costera.
Visitar Trapiche Chapadmalal no consiste solamente en probar una copa. La experiencia combina un recorrido por los viñedos, una visita a la bodega, diferentes alternativas de degustación y la posibilidad de almorzar o disfrutar de propuestas gastronómicas dentro del predio.
El paisaje invita a quedarse sin apuro: caminar entre las vides, observar cómo cambia el cielo sobre el campo y descubrir que el océano también puede sentirse en un vino.
Durante julio, Costa & Pampa informó que ofrece visitas guiadas todos los días, entre las 10 y las 17. Como los horarios, valores y propuestas pueden variar, conviene reservar antes de viajar. La bodega está ubicada sobre la avenida Antártida Argentina, kilómetro 16, en Chapadmalal.
Antiguo Legado: una bodega con memoria en el Paraje Macedo
En el partido de General Madariaga, a unos 30 kilómetros del mar, el pequeño Paraje Macedo parece conservar otro ritmo. Entre caminos rurales, campos abiertos y una antigua estación ferroviaria se encuentra Antiguo Legado, una bodega familiar construida paso a paso.
Las vides crecen en plena pampa húmeda, entre el rocío y el viento bonaerense. Allí se elaboran vinos jóvenes y expresivos, entre ellos pinot noir y rosé.
La visita permite caminar entre las hileras, conocer el proceso de elaboración y entrar a la bodega. El recorrido termina con uno de los momentos más esperados: la degustación de vinos acompañada por una picada de quesos y fiambres.
Antiguo Legado no busca impresionar con grandes construcciones. Su encanto está en la cercanía: escuchar a quienes trabajan la tierra, conocer las decisiones detrás de cada botella y compartir una copa en un lugar donde el tiempo parece avanzar más lentamente.
Macedo se encuentra a unos 331 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y a alrededor de 30 kilómetros de la costa. Por tratarse de una zona rural y de una experiencia con cupos, es importante consultar las condiciones del camino y coordinar la visita antes de salir. La bodega recibe consultas y reservas a través de su cuenta @antiguo_legado.
Una ruta del vino con identidad bonaerense
Los vinos de Buenos Aires no necesitan imitar a otras regiones. En Tandil hablan de suelos graníticos y sierras; en Chapadmalal, del viento y la cercanía del Atlántico; y en Macedo, de la humedad del campo y de una tradición familiar que empieza a escribir su propia historia.
Son tres escapadas para descubrir que no hace falta alejarse demasiado para cambiar de paisaje. Basta con tomar la ruta, bajar el ritmo y dejar que la provincia muestre otra de sus caras.
Porque acá el vino no es solamente lo que se sirve en la copa. Es el recorrido entre las vides, la conversación con sus productores, la picada compartida y ese momento en que el frío del invierno se vuelve una buena excusa para brindar.
Dato importante: las degustaciones de bebidas alcohólicas están destinadas exclusivamente a mayores de 18 años. Antes de viajar, se recomienda consultar disponibilidad, precios, condiciones de acceso y reservar directamente con cada establecimiento.

