Lautaro Martínez y su familia: papá futbolista y abuela goleadora
 

La historia secreta de la familia de Lautaro Martínez: su papá futbolista, su abuela goleadora y la pasión que heredó

Lautaro Martínez lleva el fútbol en la sangre. Detrás del delantero que marcó el gol de la victoria de Argentina frente a Inglaterra hay una historia familiar atravesada por la pelota: un padre futbolista, un abuelo árbitro y una abuela goleadora que brilló en Bahía Blanca cuando el fútbol femenino todavía buscaba su lugar.
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Lautaro Martínez volvió a convertirse en uno de los grandes protagonistas de la Selección argentina después de marcar el gol de la victoria frente a Inglaterra, en un partido que quedó grabado en la memoria de todo el país. Pero detrás de ese delantero que hoy brilla con la camiseta albiceleste existe una historia mucho más profunda: la de una familia atravesada por el fútbol desde varias generaciones.

Tal como reveló el periodista Federico Cristofanelli en Infobae, la pasión por la pelota corre por las venas de los Martínez. El delantero argentino no solo construyó su camino a partir de su talento y esfuerzo, sino también acompañado por una herencia futbolera que comenzó mucho antes de que él soñara con llegar a la Selección.

Lautaro con su hija Nina y sus padres, Mario y Karina.

Un padre futbolista y una familia marcada por la pelota

El vínculo de Lautaro con el fútbol nació en su propia casa. Su papá, Mario Martínez, fue futbolista profesional y desde muy chico estuvo ligado al deporte. Nacido en Punta Alta y criado en Bahía Blanca, comenzó jugando en partidos barriales hasta que un captador descubrió sus condiciones y llegó a Villa Mitre, donde se desempeñó como defensor.

Con apenas 14 años disputó su primer partido en Reserva y a los 16 debutó en Primera. A lo largo de su carrera pasó por distintos clubes, logró ascensos y se convirtió en un referente dentro de las instituciones donde jugó.

Lautaro Martínez de mascota junto a su padre cuando jugaba en Villa Mitre de Bahía Blanca. Foto Infobae.

Pero para Lautaro y sus hermanos, Mario fue mucho más que un jugador: fue el primer maestro que les enseñó el valor del compromiso, la disciplina y la pasión por la camiseta.

Siempre la luché y mi familia me acompañó a todos lados donde fui. Estoy contento de lo que pude alcanzar como deportista, logré un montón de títulos, ascensos y me siento reconocido en la ciudad”, contó Mario Martínez en diálogo con Infobae.

La abuela goleadora que hizo historia en Bahía Blanca

Uno de los capítulos más llamativos de la historia familiar de Lautaro tiene como protagonista a su abuela Luisa Esther Aguilar. Cuando el fútbol femenino todavía no tenía el desarrollo ni la visibilidad actual, ella ya se destacaba dentro de una cancha.

Lautaro Martínez con su abuelo Mario. Foto Infobae

Luisa era recordada en Bahía Blanca como una goleadora letal y una de las pocas mujeres que jugaban al fútbol en aquella época. En su casa compartía esa pasión con su marido, Mario Oscar, abuelo de Lautaro, quien también fue futbolista y luego continuó vinculado al deporte como árbitro.

Así, el amor por la pelota fue pasando de generación en generación: primero con sus abuelos, luego con su padre y finalmente con Lautaro, que transformó esa herencia en una carrera internacional.

La infancia de Lautaro entre canchas y vestuarios

Aunque por una cuestión generacional Lautaro no tiene recuerdos de sus abuelos jugando, sí creció observando cada detalle de la carrera de su papá. Desde chico acompañaba a Mario a las canchas, veía los entrenamientos, las charlas técnicas y hasta los rituales que rodeaban al fútbol profesional.

“Ya desde ahí me di cuenta que iban a seguir la herencia de sus abuelos y su padre”, recordó Mario sobre sus hijos.

Lautaro Martínez con su familia: su esposa Agustina Gandolfo, sus hijos, sus padres y sus suegros.

Junto a su hermano Alan, Lautaro dio sus primeros pasos en las escuelitas de fútbol de Bahía Blanca, Punta Alta y Olavarría. Mientras Alan siguió el camino de su padre y se inclinó por la defensa, Lautaro descubrió rápidamente que tenía características diferentes: potencia, habilidad con ambas piernas y una facilidad especial para marcar goles.

En sus primeros años incluso recibió un apodo muy particular: “Caniggia”, por su parecido físico con el histórico delantero argentino.

El esfuerzo detrás del sueño de jugar en la Selección

La familia Martínez acompañó cada etapa del crecimiento de Lautaro. Sus padres, abuelos y hermanos estuvieron presentes en las largas jornadas de fútbol infantil, en los entrenamientos y en los momentos más importantes de su formación.

Su mamá Karina también tuvo un rol fundamental: llevaba comida, preparaba la pastafrola y acompañaba durante horas las tardes de cancha.

Lautaro Martínez con su hijo Theo

Lautaro, además, se caracterizaba por su compromiso desde pequeño. Pedía comer pastas antes de jugar, organizaba sus tiempos para cumplir con sus entrenamientos y evitaba distracciones cuando tenía un objetivo por delante.

Ese mismo espíritu lo acompañó cuando dejó Bahía Blanca para instalarse en la pensión de Racing, cuando llegó a Primera División y cuando finalmente dio el salto a Europa para convertirse en figura del Inter de Milán.

Hoy, cada gol de Lautaro Martínez con la camiseta argentina tiene detrás una historia familiar de sacrificio, amor y dedicación. La del chico que creció entre canchas y vestuarios, pero también la del hijo de un futbolista y el nieto de una goleadora que, mucho antes de que él alcanzara la gloria, ya habían dejado marcada la huella del fútbol en su sangre.

 
   

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