Matheryn Naovaratpong: sus padres la congelaron con la esperanza de que vuelva a vivir (ahora se estrena el documental)

Fue en 2015 cuando Sahatorn y Nareerat Naovaratpong decidieron congelar a su hija de 2 años con la esperanza de resucitarla cuando existiera la cura contra el cáncer que terminó con su vida. Ahora la historia resurge porque Netflix estrena un documental sobre este caso.

Fotos de Matheryn como ésta, sus papás las pegaron en el tubo metálico que mantiene su cuerpito congelado.

“Hope Frozen: A Quest To Live Twice” es el nombre del nuevo documental de Netflix que se va a estrenar próximamente. Se trata del galardonado documental de Tailandia dirigido por el periodista y cineasta Pailin Wedel, pero detrás de él hay una historia desgarradora, la de Matheryn Naovaratpong o Einz, como le decían sus padres.

Mirá el trailer del documental:

Matheryn con su mamá, cuando estaba en tratamiento.


La idea se debe haber instalado después de alguna de las veinte sesiones de quimio-terapia. O quizás tras las veinte dosis de radiación. Cuando Sahatorn y Nareerat Naovaratpong vieron que ni las doce operaciones cerebrales, ni las palabras de aliento colgadas en Facebook, ni las ofrendas constantes a Buda que hacía la gente de Bangkok ayudaban, decidieron que su hija de dos años Matheryn fuera congelada.

Matheryn Naovaratpong.

Después de noches de desvelo, Sahatorn y Nareerat, dos ingenieros tailandeses de 42 y 39 años, se fueron convenciendo de que en el futuro y de la mano de los avances científicos y médicos será posible no sólo curar definitivamente enfermedades como el ependimobastoma, un tipo de cáncer de cerebro implacable que ataca a chicos pequeños, sino también revivirla.

Anticipo del documental galardonado en Tailandia sobre la historia de Matheryn Naovaratpong:

Una historia real que parece de ciencia ficción

El 8 de enero de 2015, ni bien se declaró la muerte legal de Matheryn, comenzó el proceso de criopreservación. Hoy, el cuerpo y el cerebro de Matheryn están separados y sumergidos en unos tanques especiales con nitrógeno líquido a –196º centígrados, se encuentran en Scottsdale, Arizona, en una fundación llamada Alcor Life Extension, una de las compañías número uno en el mundo dedicadas a la criopreservación.

Mientras los cirujanos hacen los procedimientos para la vitrificación, parte del staff controla los parámetros de temperatura de los pacientes. 2. El edificio que Alcor Life Extension Foundation tiene en Scottsdale, Arizona.

Se la colocó en un contenedor con materiales congelantes e inmediatamente después de extraerle el 60% del agua en las células y toda la sangre de las arterias más importantes, dieron comienzo a la vitrificación. A diferencia del congelamiento, la vitrificación evita que las células, tejidos y órganos se congelen y –eventualmente– se fracturen de manera irreversible. La temperatura se baja a un promedio de 1ºC por hora hasta llegar a los –196ºC dos semanas después.

En uno de estos tubos está preservada Matheryn Naovaratpong.

En Alcor junto con ella hay otros 133 cerebros o partes de cuerpos en estado de crióstasis o animación suspendida hasta tiempo indeterminado.

Matheryn Naovaratpong, la tailandesa que murió en enero de 2015 a los dos años producto de un tumor cerebral, se convirtió en el miembro más joven de Alcor, una de las dos compañías más importantes del mundo en criopreservación.

En Europa y Rusia están proliferando empresas que ofrecen criopreservación de cuerpos (ya sea enteros o cerebros) y mascotas por tiempo indefinido.

Los Dewar –tanques de acero con nitrógeno líquido que resisten a bajas temperaturas– son clave en la criopreservación: allí, a menos 196ºC, se guardan los cuerpos o cabezas a la espera de la ciencia del futuro.

La criopreservación es parte fundamental de películas icónicas como El secreto del abismo, Eternamente joven, Austin Powers: misterioso agente internacional, varias secuencias de Futurama, El imperio contraataca, el quinto episodio de Star Wars; Prometheus y El demoledor. Si bien estos films son de ciencia ficción, se basan en una serie de hechos reales que tienen en común el deseo de llevar al límite la preservación indefinida de los cuerpos mediante bajas temperaturas.

Estas ideas –que fueron de la mano de la experimentación– se volvieron particularmente intensas en los ‘60 y tuvieron uno de sus picos de apogeo cuando Walt Disney, ya enfermo de cáncer de pulmón, manifestó que quería ser congelado al morir. Pero si hay un padre de la criogenia a quien rendirle reverencia, ese no fue el creador de Mickey Mouse (en verdad, el cuerpo de Disney fue incinerado y sus cenizas están en el cementerio Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California) sino, más bien, un físico y profesor de matemáticas llamado Robert Ettinger.

Convencido de que tenemos la oportunidad personal y física de la inmortalidad, Ettinger escribió Los prospectos de la inmortalidad, un libro de 1964 que está considerado como la Biblia de la criogenia. Ettinger no sólo acuñó el término “muerte suspendida” sino que, para aquellos interesados, compartió generosamente su “programa de enfriamiento”.

El frente del edificio de Alcor en Arizona.

Tanto Alcor como Cryonics Institute –la empresa que creó Ettinger– tienen, para no generar más confusiones, un diccionario disponible en sus webs en donde explican cada término que usan. La criónica no es criogenia, aclaran, sino que es “la criopreservación de humanos para su futura resucitación.

El plan “neuro” tanto en Alcor como Cryonics Institute separan la cabeza del cuerpo con la idea de que, en el futuro, la medicina regenerativa pueda “hacer crecer” un cuerpo para esa cabeza. Así lo quisieron Sahatorn y Nareerat Naovaratpong, los padres de Matheryn o A-2789, según se prefiera.

Matheryn cuando estaba en tratamiento.

De los planes posibles que ofrece la compañía, la pareja había elegido el “plan neuro” de Alcor, que cuesta 80 mil dólares, mientras que plan para cuerpo completo cuesta 200 mil dólares. En Cryonics Institute, donde tienen en la actualidad 100 pacientes en crióstasis y cuenta con más de mil miembros en todo el mundo, los precios son más económicos. Ambos centros brindan facilidades para adquirir un seguro de vida que permita pagar la estadía sin tiempo, costos de mantenimiento y cuidados para una posible resucitación.

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La membresía cuesta 700 dólares por año en Alcor que, en los últimos años, cuenta en sus filas a jóvenes y familias completas de varios países. Los papás de A-2789 ya decidieron que también ellos se criopreservarán, para encontrarse en el futuro con su hija.

Con su mamá.

De todas maneras no se sabe qué podría pasar con Matheryn si en el futuro se la puede revivir: había perdido el 80% el hemisferio izquierdo de su cerebro y tenía el derecho casi paralizado como consecuencia de los tratamientos que había recibido.

Congelarse, la elección de muchos famosos

El psicólogo norteamericano James Bedford fue, en 1967, la primera persona en ser criopreservada. Los expertos en criónica dicen hoy que el procedimiento que se realizó con Bedford –que llegó a la tapa de la revista Life– fue el mejor teniendo en cuenta las limitaciones tecnológicas de la época. Hoy, con los avances de los últimos años, la situación es completamente diferente, aseguran los crioespecialistas y el tratamiento realizado con Matheryn es un buen ejemplo.

Después de que los médicos declararan su muerte legal, un neurocirujano de Alcor –que es el mismo lugar donde también están el cuerpo y el cerebro de la estrella del beisbol americano Ted Williams– comenzó la estabilización y perfusión inmediata del cuerpo de la chiquita tailandesa.

Varias celebridades ya han manifestado su deseo de querer ser congelados para ser resucitados. La socialité Paris Hilton manifestó que quería ser congelada en Cryonics Institute. Ni bien escuchó sobre la historia de Walt Disney, el mito urbano más persistente de los últimos tiempos, la cantante Britney Spears se sumó a la lista de VIPS que quieren ser congelados criogénicamente, donde ya está anotada la actriz Lucy Liu.

La tecnología al servicio de la criopreservación.

A la revista GQ, Simon Cowell le contó que ya había pagado su póliza para tener una segunda oportunidad. El productor, conocido en todo el mundo por su participación como jurado en American Idol y The X Factor, dijo: “Si no funciona, no funciona. Si funciona, voy a ser feliz. Si es posible –y creo que va a serlo–, ¿por qué no tener una segunda oportunidad? ¿Suena loco? Creo que es una buena idea. Tengo la sensación de que si no lo hacemos ahora podríamos lamentarlo dentro de 300 años”.

Acá se hace el procedimiento.

El documental que traerá polémica

Este documental lleva a la audiencia a un viaje desgarrador con padres budistas tailandeses que deciden congelar crónicamente a Einz, su hija de dos años, el día en que falleció de cáncer cerebral. Einz se convierte en la persona más joven del mundo en someterse a criopreservación.

“Ha sido un viaje emotivo cubrir a la familia de Einz sobre su mayor decisión y dedicación por su hija. Ser testigo de los momentos cruciales que atravesó la familia fue un privilegio y una experiencia que expandió la mente. Su historia me ha llevado a hacer preguntas fundamentales sobre la vida, la fe y el amor. Me ha tocado de muchas maneras. Estoy muy emocionado de compartir esta experiencia con los espectadores de todo el mundo en Netflix ”, dijo Pailin Wedel, director y productor. Habrá que verlo.

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