Lo que había empezado como el viaje de su vida terminó convirtiéndose en una experiencia atravesada por la muerte, el aislamiento y la incertidumbre. Carlos Ferello, ingeniero y jubilado, es el único argentino que viajaba en el crucero MV Hondius durante el brote de hantavirus. Rompió el silencio y contó cómo fueron los días a bordo después de las primeras muertes y cómo enfrenta ahora una cuarentena forzada en Países Bajos.
“Y ahora le tengo que sumar otros 40 días… me muero. Si no me muero por el virus, me muero de amargura”, confesó con crudeza en una entrevista televisiva, reflejando el desgaste emocional que atraviesan muchos de los pasajeros aislados.
Cómo vive la cuarentena el único argentino evacuado del crucero
Ferello es uno de los más de cien pasajeros evacuados del MV Hondius tras el brote de hantavirus que dejó tres víctimas fatales y encendió alarmas sanitarias internacionales.

Actualmente permanece aislado en Países Bajos, donde médicos lo monitorean diariamente para detectar cualquier síntoma compatible con la enfermedad.
“Nos sacaron sangre y después, una vez por día, pasa un médico a preguntarme si tengo síntomas o no”, contó.
A pesar del contexto, se muestra optimista y cree que probablemente no se contagió. Incluso explicó que, por no hablar inglés, pasó gran parte del viaje prácticamente solo, algo que —según dijo— suele disfrutar cuando viaja en cruceros.
El momento en que el miedo cambió todo
Según relató, la tensión real comenzó a sentirse tras la muerte de la segunda pasajera: la esposa del primer hombre fallecido, ambos observadores de aves neerlandeses.
Las autoridades creen que la pareja se contagió durante una excursión en Ushuaia, donde habrían visitado un basural para fotografiar aves carroñeras en una zona con presencia de ratas, principales transmisoras del hantavirus.
“Ahí empezaron a tomar un poquito más de restricciones en las reuniones, en las charlas, cuando se almorzaba”, recordó Ferello.

Aunque negó que hubiera escenas de pánico, sí admitió que la desesperación por llegar a tierra empezó a crecer entre los pasajeros.
La evacuación y el impacto emocional del aislamiento
Ferello también contó detalles de la evacuación. Explicó que algunos pasajeros denunciaron haber sido desinfectados con mangueras, aunque aseguró que eso no ocurrió con su grupo. Sin embargo, todos debieron abandonar el barco con apenas una bolsa de pertenencias.
“Sí, una mínima ropa porque todas las valijas las tuve que dejar en el barco”, relató.
El crucero, perteneciente a la empresa neerlandesa Oceanwide Expeditions, llevaba a bordo cerca de 150 personas de 23 nacionalidades distintas.
Con el correr de los días, algunos pasajeros que inicialmente no presentaban síntomas terminaron dando positivo para la cepa Andes del hantavirus, la única variante conocida capaz de transmitirse entre personas.
Esa posibilidad es la que todavía mantiene en alerta a las autoridades sanitarias europeas y a los propios pasajeros.
“Fue el viaje en el que más tiempo estuve lejos de casa”
Más allá del temor al contagio, Ferello describió el costado más humano y silencioso de la cuarentena: la soledad.
Contó que incluso antes del brote ya era el viaje más largo que había hecho lejos de Argentina. Y ahora, obligado a permanecer aislado durante semanas adicionales, el desgaste emocional se volvió difícil de sostener.
Sus palabras resumen el clima que atraviesan muchos de los pasajeros: sobrevivieron al brote, pero todavía intentan procesar el miedo, la incertidumbre y la sensación de haber quedado atrapados en medio de una historia impensada.


