¿Qué pasa cuando un bebé llora y nadie responde? ¿Cómo impacta en la vida adulta la ausencia de consuelo, sostén o presencia emocional en los primeros años? Para Eduardo Horacio Grecco, reconocido psicólogo argentino especializado en psicopatología, terapia floral y lectura emocional del cuerpo, muchas de las heridas emocionales más profundas nacen ahí: en las necesidades básicas que no encontraron respuesta.
Desde México —donde reside actualmente— Grecco se convirtió en una referencia internacional en trauma temprano y abordajes integradores del sufrimiento emocional.
En esta entrevista, comparte una mirada profunda sobre cómo el dolor emocional puede expresarse físicamente, de qué manera el árbol genealógico influye en nuestras formas de padecer y por qué sanar no siempre implica revivir el sufrimiento.
“El cuerpo expresa la ausencia de sostén”: cómo las heridas emocionales dejan marcas físicas
—Desde la lectura emocional del cuerpo, ¿qué señales físicas suelen evidenciar estas carencias tempranas de sostén o consuelo?
—En la lectura emocional del cuerpo, desde la Fonología Corporal, esas carencias suelen manifestarse como tensiones crónicas en la zona torácica y abdominal, dificultades respiratorias, contracturas en la espalda alta, problemas digestivos o dérmicos. Son huellas de un cuerpo que aprendió a contener el llanto y a sostenerse solo, y que expresa en su fisiología la ausencia de un sostén externo.
Es cierto que todo el cuerpo es un monumento que puede conmemorar antiguas situaciones traumáticas de carencia, pero la forma en cómo esa carencia —rechazo, abandono, etc.— se inscribe facilita la zona corporal y la forma del síntoma. El cuerpo es una geografía afectiva y esa geografía emocional impone condiciones de expresión de los afectos en síntomas.
—¿Cómo se integra el impacto del árbol genealógico en la construcción de estas heridas iniciales? ¿Es posible “heredar” formas de padecer vinculadas al vínculo materno?
—El árbol genealógico es un tejido de memorias. Sí, es posible heredar formas de padecer vinculadas al vínculo materno: patrones de abandono, silencios, duelos no elaborados, mandatos de sacrificio. Estos se transmiten como lealtades invisibles que el cuerpo encarna.
La matriz, la piel, la digestión y la respiración suelen ser los lugares donde esas memorias se inscriben con mayor frecuencia.
“No alcanza con recordar para sanar”
—En tu abordaje con terapia floral, ¿cómo acompañás a una persona a resignificar experiencias de trauma temprano sin reactivar el sufrimiento?
—Con las esencias florales trabajamos desde la resignificación. No alcanza con recordar para sanar: no se trata solo de revivir el dolor, sino de darle un cauce simbólico.
Las esencias acompañan a la persona a reconocer la herida, darle nombre y abrir un espacio de consuelo interno. El proceso es suave, progresivo y siempre sostenido por la metáfora y el ritual, para que el recuerdo se transforme en recurso.
—Si el padecer es un intento adaptativo, como planteás, ¿qué claves prácticas puede llevarse alguien hoy para empezar a transformar ese patrón en un recurso evolutivo?
—Si el padecer es un intento de adaptación, la clave práctica es releerlo como talento en potencia.
Por ejemplo:
- La hipersensibilidad puede convertirse en capacidad de empatía.
- La tendencia a esperar puede transformarse en paciencia creativa.
- El miedo puede volverse alerta protectora.
La práctica consiste en nombrar el patrón, reconocer su función protectora y luego darle un nuevo uso evolutivo en la vida cotidiana.
—En el marco de esta cuarta cumbre El Poder del Árbol, ¿qué transformación concreta te gustaría que las personas logren a partir de tu conferencia?
—Mi deseo es que las personas salgan con una experiencia concreta de consuelo: sentir que el árbol genealógico no solo transmite heridas, sino también raíces de sostén.
Que puedan reconocer en su cuerpo la memoria del trauma temprano, pero también abrir un espacio ritual para recibir consuelo materno —real o simbólico— y transformar la herida en fuerza de pertenencia y creatividad.
La familia está en el cuerpo: los órganos, vísceras y glándulas son hogares de los personajes familiares y los sistemas representan los modos vinculares de nuestra existencia. Por ejemplo, la respiración enseña el vínculo de tomar y dar.
Me gustaría que todos nos conectáramos con el hecho de que los ancestros muchas veces nos piden que aquellas cosas que ellos no pudieron resolver, nosotros —que hoy tenemos más recursos— podamos resolverlas. Comprender que no nos trasladan una carga o un castigo, sino un pedido.
Si te interesa bucear, indagar en este tema, referentes en transgeneracional y psicogenealogía disertarán en la IV CUMBRE EL PODER DE TU ÁRBOL GENEALÓGICO, los dos últimos fines de semana del mes de mayo. Más info en redes: @elpoderdetuarbol

