Julián Weich reapareció en la pantalla de El Trece, esta vez como invitado de La Noche de Mirtha. Durante su participación, el conductor admitió los problemas económicos que vive el sector privado y cómo esto impacta en las causas solidarias que él realiza. "Tuve que cerrar mi empresa después de 15 años, porque no funciona. Se acabó el consumo", expresó.
Para sorpresa de la audiencia, Weich confesó que el cierre de su empresa va más allá de lo comercial, sino que se relaciona con lo solidario. "Yo donaba la mitad de las ganancias y ya el año pasado no pude donar porque no entra plata. Incluso los que me ayudaban ahora están preocupados por otros temas", agregó.
El proyecto del que habló se trata de Conciencia, una empresa que donaba parte de sus ingresos a ONGs a través de la venta de productos de primera necesidad. Esta se dedicaba a la comercialización de agua, puré de tomate, arroz, pintura, entre otros. "Lo hice durante 15 años. Ya el año pasado no doné. Y este año como no voy a donar, ya me parece vergonzoso vender productos diciendo que dono la mitad de las ganancias y que no dono. Ya está", expresó.
Además, recalcó que no se trataba de una fundación sino de un negocio. “Yo no le ocasiono ni gasto ni me tienen que donar nada porque es una empresa, no es una fundación. Pero lamentablemente la tengo que cerrar”, aseguró. A su vez, se mostró crítico respecto al gobierno actual. "No encuentro la manera de contar algo positivo, me cuesta. Porque la gente quiere escuchar algo que le sirva, para todos", expresó.
Weich remarcó que el "bien común" debería ser más consensuado entre los distintos sectores, y aseguró que en muchos puntos del país, si no fuera por las organizaciones civiles, el Estado no llegaría. "Estuve en lugares donde no llega ni el viento; si no se ocupan las ONG, nadie lo hace", cerró.
Julián Weich defendió los pedidos de los sectores de discapacidad
Weich también había aprovechado el espacio para pedir mayor sensibilidad y políticas públicas efectivas destinadas a las personas con discapacidad, haciendo foco en las profundas asimetrías federales.
“Personas con discapacidad, no digan más ‘los discapacitados’. No sé por qué no podemos afinar un poquito eso, que no es tan difícil”, había señalado, marcando la importancia del lenguaje en la construcción de una mirada más inclusiva.
Para cerrar su intervención, compartió una realidad desgarradora que dejó a todos sin palabras: “Hay chicos con discapacidad que viven en una jaula porque los padres no saben qué hacer y no tienen acceso. No es lo mismo lo que vive una persona en Buenos Aires que en otros lugares”.


