La historia de Charlene de Mónaco, la princesa «triste»: nació en África, fue atleta olímpica y, aún dentro de la realeza, sigue adelante con el proyecto de vida que tenía cuando era plebeya – Para Ti
 

La historia de Charlene de Mónaco, la princesa "triste": nació en África, fue atleta olímpica y, aún dentro de la realeza, sigue adelante con el proyecto de vida que tenía cuando era plebeya

Hace diez años que es miembro de la Familia Real de Mónaco, tras su matrimonio con Alberto II. Pero Charlene no encontró la razón de su vida y su felicidad tras convertirse en princesa: mucho antes se dedicaba con pasión a la natación y llegó a ser atleta olímpica gracias a su esfuerzo y dedicación. Actualmente, retirada como competidora, apoya ese y otros deportes a través de causas benéficas, mientras cría a sus gemelos y acompaña a su marido en sus obligaciones como monarca.
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Charlene Wittstock nació hace 43 años en Zimbabue. Dicen quienes la conocen de cerca que tiene una gran fortaleza y que fue educada en los valores de superación, constancia y resiliencia que tan importantes fueron para ella durante su etapa como deportista.

Quien es hoy la princesa consorte de Alberto II de Mónaco es hija de un ejecutivo de ventas y una ex instructora de natación, y tiene dos hermanos varones. Su familia es de origen alemán pero hace años que se estableció en Sudáfrica, cuando sus abuelos emigraron a ese país.

Como nadadora profesional participó en los Juegos Olímpicos de Sidney en 2000, como miembro del equipo de relevos, obteniendo el quinto puesto en la competencia.

Obtuvo el sexto puesto en el Campeonato Mundial de Natación de 2002 en espalda, que es su especialidad, y con este mismo estilo revalidó su título de campeona de Sudáfrica en 50 metros. Con varios títulos nacionales en su haber, su próximo sueño era participar de los Juegos Olímpicos de 2008, que se celebraron en Pekín, pero una lesión en su hombro se lo impidió.

De nadadora a princesa

Su relación con Alberto II de Mónaco salió a la luz en los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín en 2006.  Se conocían desde el año 2000, cuando ella participó en un campeonato de natación celebrado en el Principado, donde ganó la medalla de oro en la prueba de 200 metros espalda.

El romance se gestó a fuego lento, sin pasión desmedida y sin grandes muestras públicas de amor. En 2010 se anunció oficialmente el compromiso, cuando el príncipe le entregó un anillo con un diamante de tres quilates en forma de pera en el centro y diamantes redondos que lo rodeaban, pieza creada por el joyero Repossi.​

En aquel entonces, la joven se venía preparando para afrontar su nuevo rol como integrante de la casa real monegasca. Es por ello que Charlene, tuvo que aprender el idioma de su nueva familia, más el francés y reglas de protocolo europeo. Además, se convirtió al catolicismo (ella era protestante) aunque la ley de Mónaco no la obligaba a hacerlo.​

El 1 de julio de 2011 se celebró la unión civil en el Salón del Trono del Palacio Grimaldi y, al día siguiente, se realizó la ceremonia católica en el patio de la residencia real. Hubo más de 3.500 invitados entre los que se encontraba la familia Grimaldi completa, representantes de otras casas reales europeas yc elebridades internacionales, como los diseñadores Karl Lagerfeld y Roberto Cavalli, actores como Roger Moore y Gerlad Butler, y modelos como Karolina Kurkova y Naomi Campbell. El vestido de novia que lució Charlene fue una creación de Giorgio Armani.

A partir de entonces Charlene Wittstock pasó a ser, además, su Alteza Serenísima y heredó todas las obligaciones de su predecesora, Grace de Mónaco. Aparte del título de princesa de Mónaco, recibió los títulos de marquesa de Baux, duquesa de Valentionis, condesa de Carladès y baronesa de Saint-Lo.

Los primero años de matrimonio transcurrieron entre viajes oficiales y eventos en los que Charlene se fue amoldando a su nuevo rol. Tras meses de especulaciones que hablaban de una crisis en el matrimonio, al que calificaban como "de conveniencia" para que Alberto pudiera tener herederos, el 30 de mayo de 2014 el Palacio Grimaldi comunicó que la princesa Charlene estaba embarazada y que daría a luz a finales de ese año. El 10 de diciembre de ese año dio a luz a sus gemelos, Gabriella y Jacques, en el Hospital Princess Grace de Mónaco.

Por qué la princesa "triste"

​Cuando Charlene y Alberto oficializaron su relación, muchos quisieron ver en ella un reemplazo de Lady Di: rasgos físicos similares, proveniente de una buena familia, una joven independiente con sueños propios. Tanto es así que la prensa amarillista la apodó “la princesa triste” al describirla, durante sus apariciones públicas, aludiendo a su mirada a veces un tanto perdida y su timidez a la hora de dar ese salto al vacío que es pasar de ser plebeya a princesa. Pese a este mote, Charlene no se ha quedado quieta y ha demostrado que pudo ensamblar lo que la apasionaba de su vida plebeya con su nueva función dentro de la Casa Real de Mónaco.

Primero, se volcó de manera privada a varias las causas solidarias y deportistas que le interesaban incluso antes de enamorarse de ‘su príncipe azul’. La natación era su pasión y su vida, y aunque se retiró antes incluso de comprometerse con Alberto de Mónaco, lo cierto es que Charlene no renunció a seguir en contacto directo con lo que la hacía feliz a nivel profesional y personal. No solo cuenta con su propia fundación desde 2012, sino que colabora con muchas otras, como la de Nelson Mandela, y desde 2011 es embajadora global de la organización deportiva ‘Special Olympics’ que lucha por la total inclusión de los deportistas con necesidades especiales.

Por otro lado, Charlene ha demostrado tener un máster en resiliencia. Sabiendo que entraba en una institución con normas y protocolos muy marcados supo navegarlos para manejarlos a su favor. Por ejemplo, es el único miembro de los Grimaldi que tiene su propia cuenta oficial de Instagram (@hshprincesscharlene), lo cual podría interpretarse como una concesión para gozar de esa sensación de cercanía (aunque sea digital) con el pueblo. En él, se muestra como madre y princesa. Porque parte de ese equilibrio reside también en la posibilidad de criar a sus hijos dentro de la normalidad que ella necesita. Aunque la princesa Gabriella y el príncipe Jacques son el futuro visible de la monarquía monegasca, lo cierto es que están siendo criados en lo que parece ser la más estricta normalidad, dentro de las circunstancias que los rodean.

Por último, algo fundamental es que se ha mantenido fiel a ella misma forzándose a desterrar el ‘qué dirán’ de su vida. Prueba de ello ha sido su reciente decisión de lucir un corte de pelo bob con el lateral izquierdo de su melena rapado casi al cero. El "Daily Mail" calificó este acto como un “símbolo de libertad”.

Las especulaciones de los tabloides en torno a los motivos por los cuales Charlene suele mostrarse seria y con la mirada perdida en sus apariciones públicas, las supo explicar la propia princesa en una de sus pocas declaraciones a la prensa. Recientemente, a raíz de la pérdida de dos queridos amigos, dijo: “Este año definitivamente me dio un golpe bajo. La gente se apresura a decir: ‘Oh, ¿por qué no sonríe al ver las cámaras?’ A veces es difícil sonreír. No saben lo que ocurre en el fondo”.

Otro motivo que justificaría su actitud, que ha señalado en varias oportunidades, es que siente nostalgia de su país, su familia y de todos sus amigos que siguen en Sudáfrica. “Tengo el privilegio de esta vida, pero extraño a mi familia y amigos de Sudáfrica. Me resulta difícil sobrellevar la distancia porque no siempre que quiero puedo estar allí con ellos”.

La ex atleta olímpica también señaló que si no fuese princesa, dedicaría su tiempo a lo mismo que lo emplea ahora, a ayudar a otros. “Haría todo lo que estoy haciendo ahora, pero sin el título. Ayudar a la gente y tratar de educar a los demás. Mi tío es misionero y trabajó en Japón y Australia, y está ahora en Zambia. De hecho, viajé dos veces con él para ayudarle a restaurar una escuela local. Me gusta ayudar donde puedo".

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