La Dra. Verónica Molina Gerstner lleva años investigando y trabajando sobre trauma, cuerpo y vínculos desde una mirada integradora que une medicina, neurociencia, teoría del apego y constelaciones familiares.
Médica cardióloga especializada en el Hospital Alemán de Buenos Aires, psicotraumatóloga y fundadora del Instituto de Constelaciones Familiares y Abordaje del Trauma, participará de la IV Cumbre El poder de tu árbol con una disertación titulada Constelar con conciencia del trauma: aportes del enfoque trifocal para una práctica terapéutica segura.
En diálogo con Para Ti, reflexiona sobre cómo el cuerpo expresa aquello que no pudo elaborarse, qué señales pueden indicar trauma no resuelto y por qué la salud mental necesita dejar de pensarse solo desde lo individual.
Mirá También

"Entender no siempre alcanza para cambiar": Sandra Pineda explica la clave para romper patrones repetitivos
Cómo se integran la medicina, el trauma y las constelaciones familiares
—A lo largo de tu recorrido integraste cardiología, psicotraumatología, teoría del apego, neurociencia y constelaciones familiares. ¿Cómo dialogan hoy todas esas disciplinas en tu forma de acompañar pacientes y terapeutas?
—Mi vocación inicial, y creo que la más profunda, siempre fue acompañar a las personas en el malestar, en el dolor y en el sufrimiento, y poder ayudarlas en un camino de alivio y transformación.
Y en ese sentido lo fui haciendo a través de distintas herramientas. La medicina fue una puerta de entrada y mi primer gran recurso. Tanto la medicina interna como la cardiología me permitieron tomar contacto muy profundamente con el dolor humano, con la fragilidad, con la enfermedad y también con la muerte. Y a partir de ahí atravesé muchísimas experiencias, tanto de quienes transitaban esos procesos como desde mí, en el rol de médico.
Mirá También

Jean Guillaume Salles, experto en memorias transgeneracionales: "Buscar aprobación es entregar tu poder"
Después la psicotraumatología apareció como un camino de comprensión mucho más profundo de cómo el cuerpo expresa también situaciones no elaboradas, tanto en dimensiones individuales como familiares y colectivas.
La psicotraumatología, las neurociencias, la teoría del apego y las constelaciones familiares forman hoy para mí una trama compleja que dialoga permanentemente como recursos de lectura y de abordaje de las distintas posibles causas del sufrimiento humano.
Y a esa integración es a lo que llamé el Abordaje Trifocal del Trauma: un enfoque teórico-clínico que desarrollé en los últimos 15 años y que permite mirar desde la complejidad las distintas dimensiones que pueden estar originando los síntomas y el sufrimiento, para así tener recursos más precisos y más eficaces a la hora de acompañar los procesos terapéuticos.
Trauma, ansiedad y síntomas físicos: las señales que muchas veces ignoramos
—Muchas personas llegan a terapia con síntomas físicos, ansiedad o vínculos difíciles sin identificar que detrás puede haber trauma. ¿Cuáles son las señales más frecuentes que observás en consulta?
—Tanto la ansiedad como los síntomas físicos, emocionales o vinculares pueden estar hablando de experiencias que han sido desbordantes, que no hemos podido elaborar o procesar y que, por lo tanto, siguen presentes en nosotros de distintas maneras.
En ese sentido, los síntomas son muchas veces la expresión de aquello que no pudo integrarse.
Y justamente por eso también pueden transformarse en una gran oportunidad. Porque cuando logramos mirar esos síntomas no solamente como un problema, sino también como un mensaje, empezamos a comprender que quizás están intentando mostrarnos algo que requiere ser atendido, elaborado o resuelto.
Muchas veces las personas viven durante años con angustia, ansiedad, síntomas físicos, conflictos repetitivos en los vínculos o estados de agotamiento emocional sin poder identificar de dónde vienen. Y sostener todo eso implica un enorme gasto de energía psíquica, porque aquello que no pudo procesarse sigue presente intentando encontrar algún modo de expresión.
Por eso creo que es muy importante entender que el síntoma no aparece “en contra” de la persona, sino que muchas veces intenta señalar algo que necesita ser mirado.
Y cuando ese proceso puede hacerse de manera segura y acompañada, existe la posibilidad de integrar aquello que sucedió, encontrar alivio y empezar a vivir con más bienestar, más autonomía, más capacidad de conexión con uno mismo y con los demás.
Creo que lo más importante es comprender que, sea cual sea el síntoma, si hay algo que duele, que angustia, que se repite o que no logramos resolver, es importante considerarlo como una señal. Como una luz roja que se enciende y que nos habla de nosotros, de aquello que vivimos o incluso de aspectos pendientes en la historia familiar.
Y muchas veces detenernos a mirar eso, comprender cómo estamos conectados con esas experiencias y poder elaborarlas, es justamente lo que nos ayuda a encontrar un lugar más saludable y más conectado con la vida.
—En tu charla mencionás el enfoque trifocal como una herramienta para una práctica terapéutica más segura. ¿Qué aporta concretamente este enfoque y cómo ayuda a evitar la retraumatización en procesos profundos?
—El enfoque trifocal propone mirar simultáneamente tres dimensiones: la biográfica, la corporal y la sistémica. Es decir, no quedarnos solamente en el relato verbal de la persona, sino también observar cómo responde el cuerpo y qué dinámicas relacionales o transgeneracionales pueden estar influyendo.
Esto aporta mucha seguridad terapéutica porque evita intervenciones reduccionistas o excesivamente invasivas. Muchas veces en terapia se intenta acceder demasiado rápido al contenido traumático sin que el sistema nervioso de la persona tenga recursos suficientes para sostenerlo. Y eso puede generar retraumatización.
El enfoque trifocal pone el énfasis primero en la regulación, en la construcción de recursos y en la sensación de seguridad interna y conexión con el terapeuta. Antes de profundizar en una herida, necesitamos asegurarnos de que la persona tenga capacidad de sostener emocional y corporalmente aquello que aparece.
Además, permite entender que no todo se resuelve solo “hablando”. El trauma también vive en el cuerpo y en patrones relacionales automáticos. Por eso el trabajo terapéutico necesita integrar conciencia, experiencia corporal y contexto vincular.
Creo que una terapia profunda no es la que más confronta, sino la que más capacidad tiene de acompañar procesos complejos sin violentar los tiempos internos de cada persona.
“La salud mental no es un tema individual”: el cambio cultural que todavía falta
—Después de años formando profesionales y trabajando con trauma individual y colectivo, ¿qué cambio cultural sentís que todavía nos falta hacer en relación con la salud mental y el cuidado emocional?
—Creo que todavía nos falta comprender que la salud mental no es un tema individual, sino profundamente colectivo y vincular. Vivimos en sociedades que valoran el rendimiento, la productividad y la exigencia, pero que muchas veces no enseñan a regular emociones, construir vínculos seguros o pedir y dar ayuda colaborativamente saliendo de dinámicas competitivas y excluyentes.
También falta despatologizar mucho el dolor humano. No todo síntoma es una enfermedad; muchas veces es una respuesta adaptativa a historias de dolor, abandono o estrés sostenido. Cuando cambiamos la pregunta de “qué tiene esta persona” por “qué le pasó y cómo logró sobrevivir o seguir adelante”, cambia completamente la mirada terapéutica.
Amigarnos con las vicisitudes de la vida, con los cambios, con las pérdidas tanto como con el disfrute, la alegría, el éxito, el placer es imperioso. Volver a dar tiempo a los vínculos, aprender a quedarnos para crecer o a irnos cuando llega el momento de la despedida, aprender a gestionar la sana agresividad, la ternura, el amor, la confianza es fundamental para poder crecer como sociedad.
Otro cambio importante es entender que el cuidado emocional no debería empezar cuando aparece el colapso. Necesitamos construir más cultura de prevención, más espacios de escucha y más educación emocional desde edades tempranas y en los ámbitos y profesiones de ayuda: es urgente que se instalen ruedas de escucha y apoyo emocional a profesionales de la salud, de la seguridad, de la justicia y en los ámbitos educativos.
Prevenir el burn out y la traumatización vicaria comienza con instituciones más conscientes y comprometidas con el bienestar y la salud de sus trabajadores.
La gestión política y los ámbitos de poder requieren una profunda revisión también, gestionar desde el servicio, la coherencia y la equidad y no desde el colonialismo, la corrupción y el aprovechamiento. Estos son signos claros de trauma colectivo y este tipo de cambios estructurales requieren de conciencia y trabajo específico en estas áreas que pueden transformar con mucha rapidez y profundidad las sociedades.
Y finalmente, siento que todavía tenemos que recuperar algo esencial: la dimensión humana del acompañamiento. La técnica es importante, pero ninguna herramienta reemplaza la presencia, la sensibilidad y la capacidad de generar un vínculo terapéutico seguro. Muchas veces, la experiencia reparadora empieza ahí.
Más info: www.traumatrifocal.com/ IG: @icft_draveronicamolina
Si te interesa bucear, indagar en este tema, referentes en transgeneracional y psicogenealogía disertarán en la IV CUMBRE EL PODER DE TU ÁRBOL GENEALÓGICO, los dos últimos fines de semana del mes de mayo. Más info en redes: @elpoderdetuarbol

