"Lo que no me gusta no es la muerte, no me gusta el dolor": la conmovedora reflexión del Indio Solari sobre el final de la vida - Revista Para Ti
 

"Lo que no me gusta no es la muerte, no me gusta el dolor": la conmovedora reflexión del Indio Solari sobre el final de la vida

Así era el búnker del Indio Solari en Parque Leloir, el refugio donde pasó sus últimos años 🖤
Una entrevista inédita publicada tras su muerte reveló una de las facetas más íntimas del Indio Solari. Lejos de temerle al final, habló del dolor, la vejez, el amor y la aceptación con una lucidez que hoy emociona a sus seguidores.
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Durante décadas fue una de las figuras más enigmáticas de la cultura argentina. Escondido detrás de canciones convertidas en himnos, de multitudes que lo seguían como a un profeta y de un silencio que alimentó su leyenda, el Indio Solari eligió siempre hablar poco de sí mismo.

Por eso, la entrevista inédita que el humorista Tute decidió publicar pocos días después de su muerte adquiere hoy una dimensión especial, y que Infobae replicó. No porque revele secretos desconocidos ni anécdotas espectaculares. Todo lo contrario. Conmueve porque muestra a un hombre enfrentando la pregunta más universal de todas: qué piensa alguien cuando sabe que el final forma parte del camino.

Y la respuesta del Indio fue tan sencilla como desarmante. "Lo que no me gusta no es la muerte, no me gusta el dolor o todo el sufrimiento de la decrepitud", confesó.

No había miedo en sus palabras. Tampoco rebeldía. Mucho menos resignación. Había aceptación. Cuando Tute le preguntó qué le diría a la muerte si pudiera hablar con ella, el músico respondió con una calma que hoy resulta estremecedora.

"No tengo nada que preguntarle". Para él, la muerte era parte del orden natural de las cosas. Algo inevitable, tan antiguo como la propia existencia humana.

"Entiendo muy bien que el restaurante de la naturaleza funciona de esa manera", explicó con una de esas imágenes poéticas que parecían surgir naturalmente de su pensamiento.

La reflexión adquiere aún más profundidad cuando habla de sus creencias. O, mejor dicho, de la ausencia de ellas. Solari se definía como agnóstico. No afirmaba ni negaba. Simplemente reconocía que no sabía.

"Nunca tuve una revelación ni una epifanía, nada que me indique que hay un más allá", sostuvo. Quizás por eso sus palabras tienen una honestidad tan conmovedora. No intentaba tranquilizarse con certezas espirituales ni con promesas de eternidad. Miraba el final de frente, aceptando el misterio.

Pero si hubo algo que pareció vencer ese temor al desgaste físico fue el amor. En uno de los momentos más sensibles de la entrevista habló de Viru, su compañera de toda la vida.

"Tengo hoy en día una relación de mucho cariño, mucha amabilidad, mucho cortejo", contó. Y luego agregó una definición que resume la profundidad de ese vínculo:

"Encontré una persona de una belleza espiritual muy importante". En medio de una vida marcada por la exposición pública y el culto masivo, el Indio eligió destacar precisamente eso: la ternura, la intimidad y la compañía.

Tal vez por eso tampoco parecía tener cuentas pendientes.

"No me pongo a arrepentirme", dijo cuando le preguntaron sobre los errores de su vida. La frase suena hoy casi como una despedida involuntaria. La conclusión serena de alguien que había recorrido su camino sin demasiadas deudas consigo mismo.

Y quizás la confesión más hermosa llegó cuando habló de la felicidad. "Yo fui muy feliz en la vida, en la niñez, en todo momento".

No era una frase menor. La decía un hombre que atravesó pérdidas, enfermedades, excesos, transformaciones culturales y décadas de exposición. Sin embargo, al mirar hacia atrás, elegía quedarse con la felicidad.

Por eso, entre todas las declaraciones que dejó esta entrevista inédita, ninguna resulta tan poderosa como su forma de mirar el final.

El Indio Solari no parecía estar peleado con la muerte. Lo que le preocupaba era el sufrimiento. Lo que valoraba era el amor. Y lo que defendía era la posibilidad de haber vivido con intensidad.

Quizás por eso sus palabras siguen resonando hoy con tanta fuerza: porque detrás del mito, del rockero y de la leyenda, aparece algo mucho más universal.

La voz de un hombre que entendió que la vida es finita y que, aun así, vale profundamente la pena.

 
   

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