"Tenemos el corazón dividido": una familia argentina nos cuenta cómo es vivir en Cabo Verde y palpitar el partido contra la Selección - Revista Para Ti
 

"Tenemos el corazón dividido": una familia argentina nos cuenta cómo es vivir en Cabo Verde y palpitar el partido contra la Selección

Evelyn y Julián Oddone-Esparza son argentinos y viven hace casi nueve años en Porto Novo, en Cabo Verde. En la previa del cruce histórico ante la Selección Argentina, cuentan cómo es su vida allí, el trabajo social que realizan con niños y familias, el hijo caboverdiano que casi nace en un barco y el vínculo de Julián con el técnico del equipo rival.
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Algunos partidos no se juegan solamente en la cancha. También se viven en la memoria, en las raíces, en la distancia y en ese lugar íntimo donde conviven la nostalgia y el amor por una nueva tierra. Para Evelyn y Julián Oddone-Esparza, el partido entre Argentina y Cabo Verde tiene todo eso.

Ella es tucumana, de San Miguel de Tucumán. Él nació en Buenos Aires, en la zona de Hudson, pero vivió muchos años en Tucumán y se siente tucumano por adopción. Juntos formaron una familia, tuvieron dos hijos —Facundo y Thiago— y desde hace casi nueve años viven en Cabo Verde, más precisamente en Porto Novo, la isla de Santo Antão, conocida como “la isla de la montaña”.

Llegaron con una misión espiritual y comunitaria: plantar una iglesia y desarrollar un trabajo social profundo a través de la asociación Lazos de Esperanza, enfocada en la prevención del abuso sexual infantil, el acompañamiento a víctimas y la asistencia a personas con consumos problemáticos.

La familia argentina en Cabo Verde
Evelyn, Thiago, Facundo y Julián, la familia argentina que está viviendo hoy en Cabo Verde.

Pero esta vez, la historia familiar y solidaria se cruza con el fútbol. Cabo Verde vive una revolución por su participación mundialista y hoy enfrenta a la Selección Argentina. Para Evelyn y Julián, la previa está cargada de emoción: aman la Argentina, pero también aman el país que los recibió, donde nació uno de sus hijos y donde sembraron su vida.

Mientras Argentina y Cabo Verde se preparan para enfrentarse, Evelyn y Julián viven una previa distinta a cualquier otra. En su casa conviven el mate, la memoria de Tucumán, el sándwich de milanesa que extrañan, el criollo que hablan sus hijos, la bandera caboverdiana en las calles y la Selección Argentina latiendo en la sangre.

Para ellos, el fútbol no borra las raíces ni divide los afectos: los revela. Muestra que una persona puede pertenecer a más de un lugar, amar más de una tierra y emocionarse por dos pueblos al mismo tiempo.

Por eso, cuando empiece el partido, habrá una familia argentina en la isla de Santo Antão mirando la pantalla con una emoción difícil de explicar. Con la Argentina en la historia. Con Cabo Verde en la vida diaria. Y con una frase que resume todo: “Tenemos el corazón dividido”.

-¿Cómo está compuesta la familia?

Evelyn: Nuestra familia está compuesta por Julián, que es de Buenos Aires, de la zona de Hudson; yo, que soy de San Miguel de Tucumán; y nuestros dos hijos.

Facu nació en Argentina, pero la mayor parte de su vida la vivió en Cabo Verde. Y tenemos un hijo caboverdiano, Thiago, que nació en la isla de San Vicente. Casi nace en el barco.

En ese momento, yo tenía que hacerme un control en la otra isla porque no había ginecóloga en la isla donde vivimos. Viajamos a San Vicente y Thiago se adelantó más de dos semanas. Nuestro hijo mayor quería quedarse un día más porque en esa isla había plaza y quería jugar en el parquecito. Decidimos quedarnos para que él pudiera jugar en la casa de unos amigos y ahí rompí bolsa. Si no le hacíamos caso a Facu, Thiago nacía en el barco. Hoy ya tiene 7 años.

-¿Cómo fue tomar la decisión de dejar Argentina y mudarse a Cabo Verde?

Evelyn: En mi caso, todo empezó cuando tenía 14 años. Tuve un sueño. Soñé Cabo Verde, aunque en ese momento no sabía que era Cabo Verde. No había redes sociales ni tanta información como ahora.

Soñé una isla. Era como si estuviese en un helicóptero y veía mujeres trabajando la tierra con sus bebés en la espalda, plantaciones de banana y de café. Yo siempre estuve muy ligada a la iglesia, soy hija de pastor, y desde chica estuve conectada con el servicio a Dios.

Evelyn con una amiga de Cabo Verde
Evelyn con una amiga de Cabo Verde

A los 16 años salió un viaje misionero para ayudar a misioneros en distintos lugares. Me inscribí y fuimos a Sudáfrica, Cabo Verde y Mozambique. Cuando llegué a Cabo Verde, era exactamente como el sueño que había tenido.

En aquel tiempo, muchos hombres salían del país en busca de trabajo y quedaban las mujeres a cargo de la familia. Por eso, en mi sueño, yo no había visto hombres. También me había llamado la atención el color de piel de la gente, una piel tostada, distinta a la de otros lugares del continente africano. Cuando llegué, era tal cual.

Desde ese momento, Cabo Verde quedó en mi corazón. Serví en distintos lugares, pero Dios puso un amor especial por este país. Toda mi vida rondó alrededor de formarme, estudiar y capacitarme para eso.

Después entré al Instituto Bíblico de La Plata, donde estudiamos teología. En cuarto año hice una especialización en misiones y viajé nuevamente a Cabo Verde con dos compañeras. En ese tiempo conocí a Julián.

Él nos acompañaba y nos ayudaba a presentar el proyecto en distintas iglesias. Ahí nació primero una amistad. Nos dimos cuenta de que compartíamos la misma pasión por las mismas cosas. Con el tiempo nos pusimos de novios, después nos casamos, estuvimos pastoreando en Argentina durante 10 años junto a mis padres y en 2017 salimos finalmente al campo misionero, a la isla de Santo Antão, con el proyecto de plantar una iglesia y abrir la asociación Lazos de Esperanza.

-¿Qué se siente irse tan lejos, a una cultura tan distinta?

Evelyn: Cuando uno decide salir del país e ir a un lugar tan lejano como Cabo Verde, con una cultura tan distinta a la nuestra, aunque tenga vocación y seguridad en lo que está haciendo, igual siente incertidumbre.

Uno ya conoce el lugar porque hizo una exploración, pero vivir es otra cosa. Al principio se siente esa incertidumbre, pero cuando sabés que estás haciendo lo correcto y tenés convicción, también tenés paz en medio de esa incertidumbre.

Julián como director técnico con el equipo de Porto Novo
Julián como director técnico con el equipo de Porto Novo

La verdad es que fue una excelente decisión. No nos arrepentimos. Claro que vivimos momentos desafiantes, momentos difíciles, como perder familia y no poder estar. En el tiempo de COVID, Juli perdió a su papá y no pudo estar en el funeral. Volvimos a Argentina un año después de la muerte de su papá. Son cosas que pasan cuando uno está lejos.

Este año cumplimos nueve años en la isla de Santo Antão sirviendo. Mirando hacia atrás, veo ganancias. Uno conoce familias, conoce amigos, trabaja, ve crecer a sus hijos en esta cultura, amando esta cultura. Entonces también se hacen lazos fuertes acá.

Si pudiera resumirlo en una o dos palabras, diría: crecimiento y gratitud. Gratitud por poder hacer lo que Dios puso en mi corazón, por atreverme a confiar y obedecer.

-¿Cómo es la vida cotidiana en Santo Antão?

Evelyn: Santo Antão es la isla de la montaña. Nosotros vivimos en Porto Novo. A esta isla se llega solamente en barco, después de un viaje de unos 35 minutos desde la isla de San Vicente.

La vida cotidiana acá es muy tranquila. Uno puede andar con el celular de noche, tranquilo, nadie te roba. La gente es muy alegre, muy sociable. Los niños son muy cariñosos. Las calles son empedradas, rústicas. Se siente el color, el mar, la música.

Es tan tranquilo que no tenemos ni semáforos en Porto Novo. La vida cotidiana es mucho más lenta. Hay una frase que se usa mucho acá: “no estrés, no estrés”. Todo tiene que ser lento, tranquilo. Nosotros venimos de países más acelerados, corriendo de un lado a otro, y acá es todo más pausado.

Aquí hicimos un trabajo en una comunidad del interior llamada “chã d’ Norte”
Cuando trabajaron en una comunidad del interior llamada “chã d’ Norte”.

También tiene sus limitaciones. Al ser una isla, muchas cosas llegan congeladas de Portugal o de otros países de Europa. La isla vive de la pesca y del turismo. Hay algunas zonas con agricultura, pero no alcanza para abastecer todo. Entonces se come lo que hay, lo que llega por temporada.

A veces querés cocinar algo simple y no conseguís cebolla o tomate. O querés comprar zapatillas y no hay una zapatería como en Argentina. Hay pequeñas boutiques, muy chiquitas, con uno o dos modelos, a veces sin variedad de números. Tenés que recorrer y a veces no conseguís.

Pero eso también te enseña a valorar las pequeñas cosas. Cuando llega una fruta o alguien viajó y trae algo rico para vender, lo vivís con alegría y gratitud. Empezás a disfrutar otras cosas: una comida en casa de amigos, un atardecer, un paisaje, una carta.

Una vez, una niña me regaló para mi cumpleaños una flor hecha con bolsas. Tenía tantos detalles, se notaba que le había llevado horas hacerla. La valoré muchísimo. Son cosas que antes tal vez pasábamos de largo y acá se sienten de otra manera.

-¿Qué cosas les costaron al principio y qué aprendieron a amar?

Evelyn: Al principio costó mucho el idioma. Nosotros habíamos estudiado portugués antes de venir, pero acá se habla portugués de Portugal y, además, en la isla donde estamos, la mayoría habla criollo en la vida cotidiana.

La gente sabe portugués, sobre todo los jóvenes y adultos, pero en el día a día hablan el dialecto. Entonces fue difícil. Íbamos al jardín, al médico, al dentista, y empezaban hablando portugués, pero después seguían en criollo. Tuvimos que aprenderlo a la fuerza.

El criollo es una mezcla impresionante de idiomas: portugués, francés, español, pero muchas palabras no significan lo mismo que en esos idiomas. Fue desafiante, pero después lo fuimos adquiriendo.

También nos costó la lentitud. Veníamos de una cultura argentina más acelerada y al principio nos poníamos nerviosos porque todo era muy lento. Ahora nos pasa lo contrario: cuando volvemos a Argentina cada dos o tres años para mostrar nuestro trabajo, sentimos que nosotros vamos más lento que el resto.

Nos fuimos enculturizando. Aprendimos a no afanarnos tanto en la vida. Este lugar para nosotros es nuestra casa. Lo amamos así.

"Estos días son especiales por el mundial"

-Hoy juega Argentina contra Cabo Verde. ¿Cómo viven esta previa?

Evelyn: Estos días son muy especiales. Cabo Verde jugando en el Mundial fue todo un suceso, una alegría enorme. Para la gente, ya estar en el Mundial era lo máximo.

Celebraron los partidos, incluso los empates contra España y Uruguay, como si estuvieran ganando el Mundial. Lo viven con mucha alegría, con danza, con camisetas. La mayoría de las casas tiene una banderita de Cabo Verde. Todos se están preparando para el partido.

Nosotros también alentamos a Cabo Verde en los partidos anteriores. Ahora estamos divididos. Te podemos decir que tenemos el corazón dividido porque amamos esta tierra, pero también amamos nuestra Argentina.

Además, tenemos un hijo caboverdiano, así que estamos ahí, divididos. Pero también sale el hincha argentino de adentro.

La sociedad está muy feliz. En las calles todo el mundo nos pregunta cómo lo vivimos, tanto los amigos de Argentina como los amigos de acá. Van a transmitir el partido en distintas partes con pantallas gigantes. Todo el mundo está vestido con los colores de la bandera de Cabo Verde y de los Tiburones Azules. También aparecen los memes del tiburón asustando a Messi. Es muy linda la alegría que se está sintiendo en este lugar.

-¿Qué ilusión tiene la gente de Cabo Verde con este partido?

Evelyn: La gente está creyendo. Confían en que pueden llegar a ganar. Están con mucha fe. Acá hay propagandas que dicen: “1% de posibilidades, 99% de corazón”. Ellos creen que pueden ganar y están viviendo muy intensamente la previa del partido.

-Julián, vos sos argentino, director técnico y tenés vínculo con el entrenador de Cabo Verde. ¿Cómo vivís eso?

Julián: Como argentino me siento realmente muy contento y muy honrado por poder tener este contacto. El entrenador "Bubista" es una persona muy formada, preparada e idónea. Se está viendo su trabajo y de eso se puede aprender mucho.

Estoy muy contento de tener este vínculo y también ilusionado con poder participar, de alguna manera, en actividades que realicen como selección nacional en un futuro.

Es una mezcla de sensaciones. Uno está en una nación que nos recibió con tanto cariño, donde generamos tantos amigos y tantos lazos. Y al tener un hijo nacido en este lugar, uno va absorbiendo costumbres y parte de la cultura.

Esta es con el equipo que dirijo. Inter de Porto Novo. Primera división
Esta es con el equipo que dirije Julián: la primera división del Inter de Porto Novo.

Uno se siente dividido. Es una mezcla grande. Pero el corazón sigue latiendo y las raíces son más fuertes por nuestra historia y por lo que representa la Selección Argentina.

Acá se está viviendo con muchísima alegría. Es un evento único. En Porto Novo, en la isla de Santo Antão, la municipalidad puso una pantalla gigante para que las personas puedan ver el partido todas juntas. Es muy lindo ver cómo se celebra y cómo todo un pueblo está unido bajo una misma bandera a través del deporte.

-Además del fútbol, ustedes tienen un trabajo social muy fuerte con Lazos de Esperanza. ¿Qué hacen desde la asociación?

Evelyn: Nuestra iglesia funciona en una escuela, pero ya tenemos un terreno que nos donó la Cámara Municipal por el trabajo social y espiritual que hacemos en la isla. Ahora estamos con el proyecto de construir el templo, donde queremos seguir trabajando en las áreas en las que ya venimos trabajando.

La asociación Lazos de Esperanza nació porque acá hay un alto índice de abuso sexual infantil. También existen situaciones de prostitución y turismo sexual. El gobierno y otras instituciones trabajan arduamente contra esto, pero es una problemática real.

Trabajando en Lazos de Esperanza
Trabajando en Lazos de Esperanza

La asociación es como los brazos de la iglesia para trabajar en problemáticas sociales. Hacemos prevención de abuso en jardines, escuelas, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, y hogares de niños. Trabajamos prácticamente todo el año con prevención.

También tenemos grupos de autoayuda para personas con consumo problemático de drogas y alcohol. Acá se consume mucho aguardiente, que está muy abrazado a la cultura. Desde jóvenes muchos empiezan a tener contacto con el alcohol, y eso trae otros problemas: violencia en las familias, abuso, situaciones muy difíciles.

Tenemos un grupo de autoayuda que funciona todas las semanas, ayudando a personas, dándoles herramientas e interviniendo para acompañarlas en un cambio de vida.

Trabajando en Lazos de Esperanza
Trabajando en Lazos de Esperanza

Vimos testimonios hermosos. Personas que habían tenido tentativas de suicidio, que estaban tiradas en la calle, que ya ni se bañaban ni trabajaban por el consumo problemático de alcohol, y hoy llevan años sin consumir, contenidas por una familia. Nosotros creemos que la iglesia es una familia que abraza a las personas y cubre faltas que muchas veces son sociales.

-¿Cómo trabajan con los niños y las familias?

Evelyn: Acompañamos a niños huérfanos, niños que estuvieron en contextos de prostitución, niños que fueron abusados, violentados físicamente o abandonados. Buscamos que puedan sentir que somos una familia y que pueden contar con nosotros.

Les damos herramientas para crear un presente y tener un futuro. También hicimos campañas como “Esperanza para el futuro”, con donaciones para comprar lápices, útiles escolares y materiales para niños que no tienen.

Trabajando en Lazos de EsperanzaTrabajando en Lazos de Esperanza
Trabajando en Lazos de Esperanza

Hay familias muy numerosas, de ocho hermanos, donde los que van a la escuela a la mañana les prestan la cartuchera a los que van a la tarde. A veces se prestan los zapatos entre primos o vecinos para poder ir a clase. Esa realidad existe y la asociación trata de cubrir desde donde puede.

Uno de nuestros desafíos es imprimir trípticos y folletos para prevenir a través de la información, tanto en abuso sexual infantil como en consumo problemático de drogas.

Con los niños trabajamos mucho en prevención: cómo hablar, cómo tener confianza para contar lo que les pasa, cómo no callar situaciones de abuso. También tenemos un programa para adultos que sufrieron abuso sexual en la infancia, con 12 encuentros y un abordaje integral: herramientas psicológicas, espirituales y sociales para atravesar el trauma.

Vemos historias muy fuertes. Personas que llegan encorvadas, que no sonríen, que están traumatizadas, que dejaron de comer o que viven con flashbacks. Y después, al pasar por el proceso de acompañamiento, empiezan a pararse derechas, a sonreír, a comer, a posicionarse de otra manera en la vida. Es muy gratificante ver esas transformaciones.

-Como padres, ¿qué les enseñó esta experiencia a sus hijos?

Evelyn: Como padres vemos que estas experiencias ayudaron muchísimo a nuestros hijos. Ellos conviven con distintas realidades y algo que les inculcamos es que todos somos iguales. Algunos tienen más oportunidades y otros menos, pero todos valemos lo mismo.

Ellos crecen con esa mentalidad, amando a la gente y amando lo que hacemos. Cuando vamos al hogar de niños, vamos los cuatro. Vamos en familia a todos lados. Eso les marca experiencias y hace que no vivan en una burbuja.

También les enseñamos las mismas herramientas de prevención: cómo hablar, cómo defenderse, cómo actuar ante ciertas situaciones y no quedar paralizados.

Ellos crecen entre dos culturas. Desde la psicología y la sociología se habla de “hijos de la tercera cultura”: no son 100% de un lugar ni del otro, sino una mezcla de los dos, y a partir de eso crean una nueva cultura.

Julián dando una nota como director técnico
Julián dando una nota como director técnico

Tienen muchas situaciones de duelo. Cuando se van de Cabo Verde a Argentina sienten una pérdida. Cuando llegan a Argentina se encuentran con la familia, conocen gente, comparten, y después, al volver a irse, tienen otro duelo. Pero también desarrollan mucha resiliencia.

Son como camaleones culturales. Cuando están en Argentina hablan como las personas de allá y cuando vuelven a Cabo Verde hablan naturalmente el criollo. Mis hijos hablan criollo fluido y les encanta hablar en el dialecto. Además, en la escuela aprenden francés, inglés, portugués, criollo y español. Todo eso les da una visión del mundo muy amplia.

-¿Qué es lo que más extrañan de Argentina?

Evelyn: Con la tecnología estamos siempre conectados. WhatsApp, redes sociales, medios digitales, transmisiones en vivo. Uno puede saber lo que pasa en Argentina al momento.

Pero los momentos más intensos son las grandes alegrías, los cumpleaños y también las situaciones difíciles. En mi caso, mis padres son grandes y han tenido problemas de salud. Gracias a Dios pudimos estar un año acompañando el proceso de recuperación de mi papá, pero estar lejos en esos momentos cuesta.

Uno ayuda a tantas personas y, a veces, está lejos de sus propios padres que también necesitan. Eso pega fuerte.

También están los amigos. Tengo un grupo de amigas que amo mucho, que fueron compañeras de trabajo en Argentina. No hablamos todos los días, pero sé que están para mí y yo estoy para ellas. Cuando vuelvo, nos juntamos a comer o a tomar algo rico. Son amigas que Dios me dio y que están siempre. No son muchas, pero están presentes. Eso es lindo: saber que volvés a casa y encontrás esos lazos.

Y después están las comidas. Lo que más extrañamos son los sándwiches de milanesa tucumanos, las facturas, las masas finas para tomar mate y, por supuesto, el asado. En ese ranking, primero van las milanesas, después las facturas y el asado.

Lo increíble es que, con el tiempo, uno también empieza a extrañar comidas y costumbres de Cabo Verde cuando está en Argentina. Es increíble cómo uno va adquiriendo nuevas costumbres y nuevos gustos con los años.

-¿Qué les gustaría que la gente conozca de Cabo Verde?

Evelyn: Lo que más nos gustaría que conozcan de Cabo Verde es su gente. Es gente muy alegre, muy trabajadora. Las mujeres son increíblemente trabajadoras. Las admiramos muchísimo. Llevan cargas en sus espaldas con un equilibrio tremendo, llevan baldes en la cabeza, pescado, garrafas. Tienen una fuerza maravillosa.

También nos gustaría que conozcan lo que hacemos. Hace casi nueve años estamos sembrando nuestras vidas en este país que amamos. El trabajo de la asociación y de la iglesia es enorme, profundo, y creemos que son cosas eternas, que no se van a perder en el tiempo porque estamos invirtiendo en vidas.

Nos gustaría que la gente pueda entrar a nuestras páginas, conocer el trabajo y ser parte. Cada granito de arena, cada ayuda, aunque a veces parezca poco, cuando son muchos los que están dispuestos a aportar, permite construir cosas grandes.

No hace falta que todo el mundo venga a Cabo Verde para ser parte de lo que hacemos. Se puede acompañar con ánimo, con oración y también con ayuda económica. Cuando somos muchos haciendo lo mismo, podemos llegar más lejos.

Sobre todo, nos gustaría que quede claro que hay un amor grande por Dios, que es el motor de todo lo que hacemos.

Más info: lazosdeesperanza.org

Ig: @Familiaoddone.esparza

@lazosdeesperanzacaboverde

 
   

Vínculo copiado al portapapeles.

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