Julio Lautersztain: pacientes y enfermeras, clave en salud
 

Julio Lautersztain, oncólogo: "Los pacientes le cuentan mucho más a la enfermera que al médico", la clave detrás de un modelo que gana terreno

Con más de 30 años de experiencia en Estados Unidos, el especialista explica por qué ese vínculo más cercano con las enfermeras de práctica avanzada puede mejorar el seguimiento de los pacientes, optimizar la atención y abrir el debate sobre un modelo que empieza a instalarse en Argentina.
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Después de más de 25 años trabajando con pacientes oncológicos, el doctor Julio Lautersztain lo vio una y otra vez: en el vínculo cotidiano, en los detalles que hacen la diferencia, en lo que los pacientes dicen… y también en lo que no.

Muchas veces los pacientes le cuentan mucho más a la enfermera de práctica avanzada que al médico”, asegura a Para Ti. Y en esa frase, casi al pasar, se condensa una parte central de su mirada sobre cómo debería funcionar el sistema de salud.

No es una teoría. Es experiencia concreta. Formado en la Universidad de Buenos Aires, donde ingresó con apenas 15 años, Lautersztain construyó luego su carrera en Estados Unidos. Se entrenó en instituciones de referencia como el Hospital Mount Sinai y el Hospital Albert Einstein, y más tarde se especializó en oncología en el MD Anderson Cancer Center, uno de los centros más prestigiosos del mundo.

Dr. Julio Lautersztain, oncólogo: en Buenos Aires habló con Para Ti sobre su modelo de atención con enfermeras de práctica avanzada.

El rol de su esposa en la elección de un modelo de enfermería

Durante décadas integró equipos médicos en ese país donde la enfermería de práctica avanzada no solo forma parte del sistema, sino que es un pilar. “Trabajé más de 25 años con enfermeras de práctica avanzada dentro de mi team de cuidado del paciente con cáncer. Verifiqué directamente la importancia de tener a estos profesionales: evitan demoras, permiten un seguimiento más estricto y aportan un beneficio psicológico muy importante”, cuenta.

Su vínculo con este modelo también es profundamente personal. Su esposa, Ana, fue enfermera de práctica avanzada durante más de 30 años. Ella se formó inicialmente en la Universidad de Chile y, de manera independiente, decidió continuar su carrera en Estados Unidos, donde se especializó en anestesia en la Universidad de Columbia y ejerció hasta su retiro.

“Los anestesiólogos pueden supervisar varios quirófanos mientras las enfermeras establecen la anestesia del paciente y hacen el seguimiento durante la cirugía. Esto incrementa enormemente la capacidad de ofrecer cirugías sin demora”, explica Lautersztain, a partir de esa experiencia cercana.

Doctor Julio Lautersztain.

También destaca el aporte de su formación y mirada regional: “Su profundo conocimiento en enfermería y en la calidad de la formación profesional en Chile nos ayudó enormemente a analizar la situación en ese país”.

Por qué impulsa la llegada de este modelo a la Argentina

Desde ese recorrido —profesional y personal— impulsa hoy la llegada de este modelo a la Argentina. Y su punto de partida rompe con una idea bastante instalada: el problema no es la falta de médicos.

“Argentina tiene entre 4.2 y 4.3 médicos por cada mil habitantes, lo cual es alto en América Latina. El problema es la concentración en áreas urbanas, que deja grandes zonas rurales desatendidas”, señala.

Ahí es donde aparece la enfermería de práctica avanzada como una pieza clave. Se trata de profesionales que, luego de su formación como enfermeras, suman años de especialización en áreas como anatomía, fisiología, farmacología y psicología, lo que les permite asumir un rol más activo en el cuidado de los pacientes, siempre bajo supervisión médica.

“La enfermera de práctica avanzada puede actuar como primer contacto para evaluación, hacer seguimiento de tratamientos y trabajar en conjunto con el equipo médico en la toma de decisiones”, explica.

"Es ver a la enfermera como parte de un team de tratamiento"

Pero insiste en algo que considera central: no se trata de reemplazar al médico. “No es ver si atiende una enfermera o un médico. Es ver a la enfermera como parte de un team de tratamiento. No hay exclusividad, hay integración”, plantea.

En la práctica, esto permite algo concreto: que el sistema funcione mejor. Que los tiempos de espera bajen. Que los pacientes tengan más seguimiento. Y que los médicos puedan enfocarse en los casos más complejos.

Julio Lautersztain, oncólogo: por qué los pacientes se abren más con enfermeras y cómo mejora la atención médica

“Un médico puede supervisar dos o tres enfermeras de práctica avanzada al mismo tiempo. Eso incrementa la productividad, mejora la atención y reduce los tiempos”, explica.

El impacto, asegura, se vuelve especialmente visible en enfermedades crónicas, donde el seguimiento es clave. “Los pacientes terminan siendo tratados mejor por la continuidad y la posibilidad de ser vistos más frecuentemente. También mejora la adherencia a los tratamientos”, agrega.

En zonas alejadas de los grandes centros urbanos, el cambio podría ser aún más profundo. “Permite brindar atención en centros comunitarios o unidades móviles dentro del área donde vive el paciente, evitando traslados largos y las dificultades que eso implica en la vida cotidiana”, explica.

Sobre el sistema de salud de EE.UU: "Si elimináramos las enfermeras de práctica avanzada, el sistema colapsaría"

Con más de tres décadas de experiencia en Estados Unidos, Lautersztain no duda al definir el rol de estas profesionales dentro del sistema. “Es una parte integral. En mi opinión, es imprescindible. Si elimináramos las enfermeras de práctica avanzada, el sistema colapsaría”, afirma.

Esa convicción es la que hoy lo lleva a impulsar acuerdos académicos entre universidades de Argentina, Chile y Estados Unidos, con el objetivo de formar profesionales en este modelo y adaptarlo a la realidad local.

“Me motivó iniciar la conversación y la educación, tanto a nivel médico como universitario y también de gobierno, para mostrar los beneficios en el cuidado del paciente y en el impacto económico”, explica.

Para él, el cambio no es solo técnico. Es también cultural. Implica repensar cómo se organiza la atención, cómo se distribuyen los recursos y, sobre todo, cómo se construye el vínculo con los pacientes.

“La posibilidad de que el médico supervise y, al mismo tiempo, dedique más tiempo a los casos complejos es hoy el estándar al que debemos aspirar”, concluye.

 
 

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