El festejo estaba armado. La mesa reservada, los invitados confirmados, el plan listo. Pero nunca ocurrió.
Luis Brandoni había organizado por su cuenta una cena para celebrar su cumpleaños número 86. Según contaron en DDM, había reservado una mesa para 15 personas en el restaurante Edelweiss. El encuentro estaba previsto para hoy.
Un día antes, el actor murió.
El contraste entre lo que había planeado y lo que finalmente ocurrió marca con fuerza sus últimos días.
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Un giro inesperado
Todo había empezado semanas antes, cuando sufrió un accidente doméstico que derivó en un hematoma subdural. En un primer momento, su evolución parecía estable, incluso con cierto optimismo.
Pero el 15 de abril su cuadro se agravó de forma irreversible. A partir de ese momento, el escenario cambió por completo.
El cumpleaños más íntimo
El sábado 18 de abril, Brandoni cumplió 86 años internado en el Sanatorio Güemes.
No hubo cena, ni brindis, ni celebración. Hubo, en cambio, una despedida.
Sus hijas, su pareja Saula Benavente y su círculo más cercano ya sabían que no había vuelta atrás. Los médicos habían sido claros. Entonces decidieron acompañarlo de la única manera posible: estando.
Armaron una vigilia silenciosa alrededor de su cama. Lo rodearon, lo tocaron, le hablaron. Le dijeron lo que quedaba por decir.
Fue un cumpleaños sin festejo, pero profundamente significativo.
La despedida
Mientras la reserva seguía en pie para una celebración que no llegaría, el tiempo transcurría en otra dimensión dentro del sanatorio.
Sin exposición, sin actos públicos, pero acompañado por quienes formaron parte de su vida, el actor atravesó sus últimas horas.
El festejo que había imaginado quedó en suspenso.
Y en su lugar, quedó algo más íntimo: una despedida en silencio.

