Pantallas y chicos: cómo detectar un consumo problemático y qué pueden hacer las familias
 

La infancia atrapada en la pantalla: por qué aburrirse también es saludable

La infancia atrapada en la pantalla: por qué aburrirse también es saludable
El psiquiatra infanto juvenil Federico Beines analiza por qué las pantallas se convirtieron en el “antídoto” contra el aburrimiento, cuáles son las señales de alerta en chicos y adolescentes y cómo recuperar espacios de juego, creatividad y conexión real sin demonizar la tecnología.
Dr. Federico Beines
Lifestyle
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Las pantallas ya forman parte de la vida cotidiana de los chicos desde edades muy tempranas. El problema no es solamente cuánto tiempo pasan frente a un dispositivo, sino el lugar que ese consumo empieza a ocupar en su vida emocional, en sus vínculos y en su desarrollo.

El consumo digital problemático puede abarcar desde mirar videos de manera constante hasta el uso compulsivo de videojuegos, redes o apuestas online. Pero estos hábitos no aparecen de un día para el otro ni dependen de una sola causa. Se construyen lentamente, en un contexto donde los dispositivos están siempre disponibles, el aburrimiento se vive como algo intolerable y muchas veces faltan espacios de juego, creatividad o encuentro con otros.

Cuando un chico descubre que una pantalla le ofrece alivio inmediato frente al aburrimiento, la tristeza, la ansiedad o el cansancio, empieza a recurrir a ella cada vez más. El riesgo aparece cuando el dispositivo se convierte en la respuesta automática para cualquier emoción incómoda.

El aburrimiento dejó de ser parte de la infancia

Hoy el aburrimiento parece vivirse como un problema urgente que hay que resolver rápido. Sin embargo, en la infancia cumple una función fundamental: impulsa la curiosidad, la imaginación y la búsqueda de nuevas experiencias.

Durante años pensamos el aburrimiento como algo negativo, cuando en realidad es el motor de muchos procesos creativos. Un chico aburrido inventa juegos, explora, pregunta, prueba. Pero las pantallas ofrecen una solución instantánea que evita atravesar ese momento incómodo.

Los estímulos digitales además están diseñados para captar la atención de manera permanente. Los niños, desde muy pequeños, se sienten naturalmente atraídos por experiencias que combinan imagen, sonido y movimiento. Hoy, a eso se suma la interacción táctil: tocar una pantalla y obtener una respuesta inmediata genera una sensación de hiperconexión difícil de igualar para otras actividades.

Las nuevas generaciones parecen alfabetizadas digitalmente desde el nacimiento. Con apenas meses de vida, muchos bebés ya aprenden rápidamente a deslizar videos o cambiar contenidos. El problema es que esa facilidad tecnológica no siempre viene acompañada por experiencias reales de interacción humana, fundamentales para el desarrollo emocional y cognitivo.

La infancia atrapada en la pantalla: por qué aburrirse también es saludable

Cómo impacta el exceso de pantallas en el desarrollo infantil

Durante los primeros años de vida el cerebro está en plena maduración. La exposición excesiva y sin acompañamiento adulto puede interferir en funciones centrales como el lenguaje, la atención y la tolerancia a la frustración.

Las pantallas funcionan bajo una lógica similar a otros consumos problemáticos: generan recompensas rápidas y cada vez necesitan más estímulo para producir el mismo efecto. En este caso, la recompensa suele ser escapar del aburrimiento.

Eso tiene consecuencias visibles. Cada vez aparecen más chicos con dificultades para sostener la atención, tiempos de concentración más cortos y un ritmo de adquisición del lenguaje más lento.

Aprender a hablar requiere algo que ninguna pantalla puede reemplazar: interacción real. Miradas, silencios, respuestas, gestos, intercambio emocional. Todo eso construye lenguaje y también seguridad afectiva.

Otro problema frecuente es el sueño. La luz y la sobreestimulación dificultan el descanso y alteran los procesos de relajación previos a dormir. Y un chico que duerme mal tiene más dificultades para aprender, regular sus emociones y enfrentar el día.

Señales de alerta que los adultos deberían observar

Existen algunos indicadores que pueden ayudar a detectar un vínculo problemático con las pantallas:

  • Irritabilidad intensa cuando se apaga el televisor o se retira el celular.
  • Dificultad para entretenerse con otras actividades.
  • Pérdida de interés por juegos o propuestas que antes disfrutaba.
  • Problemas de sueño.
  • Necesidad constante de estímulos rápidos.
  • Baja tolerancia al aburrimiento o la frustración.
  • Problemas de atención y concentración.

También vale la pena preguntarse cuánto les cuesta a los propios adultos tolerar el aburrimiento de los chicos sin recurrir automáticamente a una pantalla para calmarlos.

El desafío de familias y escuelas

La solución no pasa por prohibir completamente la tecnología. Cuando el dispositivo se vuelve un objeto prohibido, muchas veces aumenta todavía más el deseo por usarlo.

La clave es ofrecer alternativas reales. No se trata solamente de sacar pantallas, sino de volver a poner en el centro experiencias que despierten creatividad, juego y encuentro.

Ahí aparecen los libros, el arte, las actividades grupales, el juego libre y la exploración. Espacios donde el chico no sea un espectador pasivo sino protagonista de lo que imagina y construye.

La escuela también enfrenta un enorme desafío. Los contenidos digitales entrenan al cerebro para cambiar de estímulo cada pocos segundos. Después, sostener la atención en una clase de cuarenta minutos se vuelve mucho más difícil.

Por eso hoy más que nunca los docentes necesitan herramientas de psicología del desarrollo, creatividad y nuevas formas de enseñar que dialoguen con esta realidad.

La literatura infantil como alternativa posible

En “Dardo diseña su calesita”, libro que escribí junto a mis hijos, intentamos trabajar justamente esa tensión entre imaginación y consumo digital.

El protagonista se aburre de los cuentos que escucha antes de dormir y empieza a cambiar finales, personajes y situaciones. A partir de ese juego aparecen nuevas historias, creatividad y humor.

Otro de los cuentos muestra a un grupo de chicos que prefieren quedarse hiperconectados dentro de sus casas mientras Dardo sale a jugar afuera y termina viviendo aventuras inesperadas.

La propuesta no busca demonizar la tecnología. De hecho, el libro incorpora códigos QR que permiten modificar los finales e interactuar con la historia. La diferencia está en el rol que ocupa el chico: no como consumidor pasivo, sino como creador.

La literatura tiene algo único. Cada lector imagina una historia distinta. Y cuando la tecnología acompaña ese proceso creativo, puede convertirse en una herramienta valiosa en lugar de un obstáculo para el desarrollo.

Recuperar el valor del juego y la creatividad

El objetivo no es criar chicos alejados de la tecnología ni pensar las pantallas como enemigas. El desafío es lograr que vuelvan a ser herramientas al servicio del aprendizaje, la imaginación y el encuentro con otros.

La infancia necesita espacios donde aburrirse, inventar, frustrarse, esperar y crear. Porque justamente ahí aparecen muchas de las capacidades emocionales y creativas más importantes para crecer.

*El Dr. Federico Beines es psiquiatra especializado en infanto juvenil, profesor titular de Psicología Evolutiva en la Universidad del Salvador, escritor y creador de la editorial El Pulpo Literato.

 
   

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