En la Semana de la Moda de París, Dior dedicó su presentación primavera-verano 2027 a Mathilde Favier, histórica directora de relaciones públicas de la firma, fallecida en agosto. Bajo la dirección creativa de Jonathan Anderson, la colección encontró en la naturaleza un lenguaje para hablar de belleza, transformación y memoria.

El escenario fue el estanque octogonal del Jardín de las Tullerías, donde una pasarela rodeada de niebla artificial y árboles de alcanfor construyó una atmósfera de ensueño. La puesta acompañó una propuesta en la que las prendas parecían responder al movimiento del cuerpo: telas livianas, drapeados y superposiciones que alteraban las proporciones habituales.

La inspiración de Dior: una belleza que se transforma con el tiempo

El punto de partida de Anderson fue una práctica tradicional china: hacer rodar dos nueces wénwán en la mano, un gesto repetido que, con el tiempo, pule su superficie y les da una pátina particular.

Los invitados recibieron un par de estas nueces junto con la invitación al desfile. Sus diferencias naturales inspiraron la exploración de la asimetría que atravesó la colección.

Esa referencia permite leer las prendas desde una idea sugerente: el uso, las irregularidades y el paso del tiempo también pueden aportar belleza. Sobre la pasarela, esa mirada se tradujo en texturas arrugadas, capas desplazadas y terminaciones que daban protagonismo al movimiento.

Transparencias, sastrería relajada y mezclas inesperadas

Las faldas de gasa y tul aportaron ligereza a conjuntos construidos a partir de contrastes. Las camisas de rayas y los fulares de cuadros tartán introdujeron un aire cotidiano, mientras que los drapeados y las superposiciones sumaron volumen.

La sastrería amplia fue otra de las claves. Los blazers de doble botonadura convivieron con faldas delicadas, creando un equilibrio entre estructura y fluidez. Las prendas parecían dejar espacio para que cada paso modificara su forma.

En los accesorios, los pendientes florales extralargos reforzaron el juego de proporciones y llevaron la atención hacia el rostro. La asimetría funcionó así como un recurso que recorría tanto la ropa como los detalles.

El homenaje a Mathilde Favier

La dimensión emotiva del desfile estuvo ligada a Mathilde Favier, una presencia reconocida y querida dentro de Dior. La responsable de relaciones públicas falleció en agosto en un accidente de tránsito en Francia, en el que también murió su pareja, el productor cinematográfico Nicolas Altmayer.

La presentación quedó dedicada a su memoria. En ese contexto, la naturaleza adquirió un significado especial: los árboles de alcanfor utilizados en la escenografía serán replantados en el jardín, según el material difundido sobre el desfile.

Ese gesto prolonga la puesta más allá de la pasarela. Lo que formó parte de una presentación efímera seguirá creciendo en las Tullerías, como una forma de recuerdo.
Una colección para mirar de cerca

Con esta propuesta, Anderson volvió a trabajar sobre el encuentro entre la delicadeza y la estructura. Las transparencias, los tejidos con textura y las combinaciones inesperadas invitan a observar cómo cambia una prenda cuando se mueve y cómo un pequeño desequilibrio puede darle carácter.

En el jardín parisino, Dior presentó una primavera atravesada por esa sensibilidad: la belleza de las diferencias y las huellas que deja el tiempo.

Desfile Dior 
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