Oscar “El Negro” González Oro mantuvo durante buena parte de su vida una relación muy reservada con su intimidad. Recién en los últimos años comenzó a hablar con mayor naturalidad de algunos aspectos personales, entre ellos su familia, sus vínculos de pareja y la manera en que vivió su sexualidad.
Uno de los grandes pilares de su vida fueron sus hijos: Agustín, fruto de su matrimonio con Estela, y Pablo, su sobrino al que crió y consideró siempre como un hijo.
Su matrimonio con Estela y la llegada de Agustín
González Oro estuvo casado con Estela, la madre de Agustín. La pareja se separó cuando el niño tenía apenas dos años. Años después, el periodista recordó aquella etapa con afecto y reconoció que convertirse en padre había sido un cambio para el que no se sentía preparado.

“Ella era la mujer que yo quería tener. La amé y creo que me amó”, contó en una entrevista con Clarín, en la que también explicó que encontrarse casados y con un bebé había sido para él “como un sismo”.
Con el paso del tiempo, González Oro aseguró que había logrado mantener un buen vínculo con su ex esposa y que ambos seguían hablando sobre sus hijos.
Agustín creció y desarrolló su vida en el exterior. En una entrevista publicada en 2018, el periodista contó que vivía en Londres y que estaba en pareja. También hablaba entonces de Pablo, radicado en Madrid, como su otro hijo.
Pablo, su hijo del corazón
La historia de Pablo ocupó un lugar muy especial en la vida de González Oro. Era hijo de su hermano Armando, pero el periodista comenzó a criarlo cuando tenía alrededor de 14 años.

Desde entonces, el vínculo entre ambos fue el de padre e hijo. Pablo lo llamaba “papá” y González Oro explicaba que tenía los mismos derechos y el mismo lugar afectivo que Agustín.
También se preocupaba especialmente por la relación entre los dos. “Pablo y Agustín se llevan fenómeno”, había contado, y decía sentirse tranquilo porque sabía que, cuando él ya no estuviera, ellos se cuidarían mutuamente.

Los dos hijos vivieron durante años en Europa y la distancia fue uno de los aspectos que más le costó sobrellevar al periodista. Durante la pandemia, González Oro habló del dolor que le provocaba no poder viajar para verlos.
Una vida privada que durante años mantuvo en reserva
En cuanto a su vida afectiva, González Oro fue especialmente discreto. Durante años no expuso públicamente sus relaciones con hombres y fue recién en la última etapa de su vida cuando comenzó a hablar de su sexualidad con mayor libertad.
En 2016 hizo pública su relación con el periodista uruguayo Pablo “Tato” Cabrera, con quien llevaba alrededor de dos años y medio y convivía. Lo hizo de una manera sencilla pero significativa: publicó en Instagram una fotografía de ambos dentro de un corazón.
“No darle el lugar en mi vida que se merece era casi injusto”, explicó entonces al contar por qué había decidido hacer pública la relación. Para él, no se trataba solamente de mostrar a su pareja, sino de dejar de mantener escondida una parte importante de su vida.

Tato fue una de las relaciones más conocidas públicamente de sus últimos años. La pareja atravesó una separación y una posterior reconciliación, hasta que finalmente terminó el vínculo en 2018. Después, González Oro tuvo otras relaciones, entre ellas la que mantuvo con el actor y productor Mauro Francisco durante 2019.
“Mis hijos rompieron la puerta del placard”
En 2018, durante una entrevista televisiva, González Oro contó uno de los momentos más íntimos relacionados con su sexualidad. Y dejó en claro que no había sido él quien se sentó formalmente a contarles a sus hijos que estaba en pareja con un hombre.
“Yo no salí del placard; mis hijos rompieron la puerta del placard”, dijo en PH, Podemos hablar.
Según relató, por entonces estaba en pareja con Sergio y sus hijos se acercaron a hablar con él. Le dijeron que sabían que los amaba, que era un buen padre y que “con Sergio estaba todo bien”. González Oro contó que se emocionó hasta las lágrimas por la reacción de ambos y por la apertura con la que habían recibido esa parte de su vida.
Más que una confesión, para él aquel momento significó poder vivir su intimidad con mayor libertad y sin temor a lastimar a sus hijos. Ellos, según contó, fueron quienes le dieron la tranquilidad que necesitaba.
En los años siguientes, González Oro pudo hablar de sus vínculos sin esconderlos, pero mantuvo siempre un tono cuidadoso al referirse a su vida privada. Esa discreción fue también una de las características con las que transitó sus últimos años, lejos de la exposición permanente que había tenido durante décadas como una de las grandes figuras de la radio argentina.

