Giselle Continanzia: la historia detrás del Hogar Mahatma
 

"El amor no es lo que se dice, es lo que se sostiene": la historia de Giselle Continanzia y el hogar que abraza a bebés vulnerables

Su historia está atravesada por el dolor, pero también por una decisión: transformar lo vivido en abrigo para otros. Desde el Hogar Mahatma, cuida a bebés que no tienen quién los sostenga y busca cambiar la mirada sobre la infancia vulnerable.
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La historia de Giselle Continanzia no empieza con el Hogar Mahatma. Empieza mucho antes, en una infancia marcada por pérdidas profundas, el dolor y la falta de cuidado. Lejos de paralizarla, esa experiencia se convirtió con el tiempo en el motor de una vocación: evitar que otros chicos atraviesen lo mismo.

Su camino comenzó como voluntaria, primero en un asilo y luego en el hospital materno infantil de Mar del Plata, donde acompañaba a bebés que no recibían visitas. Ese contacto directo con la primera infancia en situación de vulnerabilidad marcó un punto de inflexión en su vida.

En 2020, dio un paso decisivo y fundó Hogar Mahatma en Mar del Plata, un espacio dedicado exclusivamente al cuidado de bebés bajo medidas de protección judicial. Desde entonces, su trabajo pone el foco en algo esencial: que cada niño sea visto, cuidado y acompañado desde el amor y la presencia.

En esta entrevista con Para Ti, habla de su historia, de su misión y de por qué cree que la infancia sigue siendo, hoy, uno de los lugares más invisibilizados.

La historia de Giselle Continanzia: creó un hogar para bebés y su relato emociona

"Mahatma no nace desde la herida, sino desde la decisión de transformar esa historia en abrigo para otros"

—Tu historia personal está atravesada por momentos muy duros. ¿Cómo transformaste esas experiencias en el motor para crear el Hogar Mahatma?

—No fue una decisión de un día. Fue un proceso. No solo elegí que el dolor me construya, también entendí que trascender es mucho más profundo que morir… Que las personas que amamos nunca se van del todo, permanecen en lo que somos y en lo que hacemos.

Esa comprensión me llevó a algo esencial: a cuidar la vida, a respetarla y a ponerla en el centro. Porque si hay algo verdaderamente valioso, es la vida… y, por sobre todo, el amor. Un amor que empieza por uno mismo, porque desde ahí nace todo lo que después podemos dar.

Y hay algo que me atraviesa profundamente: no somos lo que nos pasa, somos lo que hacemos con eso que nos pasa. Desde ese lugar nace Mahatma… No desde la herida, sino desde la decisión de transformar esa historia en abrigo para otros.

La historia de Giselle Continanzia: creó un hogar para bebés y su relato emociona

"Cuando tuve por primera vez en brazos a un bebé que no tenía a nadie, entendí todo"

—¿Cómo fue ese primer contacto con bebés en situación vulnerable que terminó marcando tu camino?

—Fue un antes y un después. Cuando tuve por primera vez a un bebé en brazos que no tenía a nadie, entendí todo. No hizo falta que hablara, ni que explicara nada. Su cuerpo lo decía todo. Ahí comprendí que los bebés no esperan… sobreviven como pueden. Y que alguien tenía que estar ahí, en ese mientras. Ese día no elegí un camino… el camino me eligió a mí. Y también creo profundamente que Dios me puso en este lugar para ayudar a cuidar a estos niños.

Con el tiempo también entendí algo que duele: la sobreadaptación. Cuando un niño es restituido una y otra vez a un entorno que no logra sostenerlo, aprende a adaptarse para sobrevivir. Se acomoda, se calla, se amolda a lo que hay. Pero esa adaptación no es fortaleza… es una forma de defensa.

Una imagen del Hogar para bebés Mahatma.

Por eso también en Mahatma intentamos cambiar la manera en que nombramos estas historias. No hablamos de abandono, hablamos de quedar a resguardo. Cambiar la palabra no es un detalle menor. Es empezar a mirar la historia con más humanidad. En el hogar somos ese paréntesis que se abre en sus vidas… y que se cierra cuando su situación se resuelve.

"Trabajamos con la convicción de que no son casos: son vidas en desarrollo"

—El Hogar Mahatma está enfocado en la primera infancia. ¿Qué buscás brindarles a esos bebés en una etapa tan clave?

—No somos el único hogar que cuida bebés desde los 5 días hasta los 3 años, pero sí somos un hogar dedicado exclusivamente a bebés. Esa decisión nos permite poner toda nuestra energía en una etapa tan determinante, donde incluso el cerebro se está formando.

Buscamos darles lo esencial: mirada, amor y estabilidad. En Mahatma cada bebé tiene nombre, historia y alguien que lo mira como único. Trabajamos con la convicción de que no son “casos”: son vidas en desarrollo.

Hogar Mahatma.

"Humanizar es no olvidar que son niños"

—Hablás de “humanizar la institucionalización”. ¿Qué significa eso?

—Humanizar es no olvidar que son niños. Que detrás de cada medida hay un bebé que siente y que no puede esperar. Pero también es algo concreto: es no “dormir” los expedientes, es dejar de verlos como números y empezar a mirarlos como personas.

Muchos de los adultos que toman decisiones no conocen a los niños. No conocen sus caras, sus rutinas, sus miedos. Y aun así deciden. Cuando no hay mirada, no hay verdadero cuidado. Cada niño es único, y cuando eso no se contempla, el sistema deja de cuidar… y empieza a repetir.

La historia de Giselle Continanzia: creó un hogar para bebés y su relato emociona

"Hoy tenemos un Estado que le debe a la infancia dignidad y estrategias reales"

—¿Qué desafíos enfrentás hoy y qué creés que falta?

—El mayor desafío es sostener con coherencia lo que creemos en un sistema que muchas veces llega tarde o no mira. Faltan decisiones a tiempo. Falta urgencia. Hoy tenemos un Estado que le debe a la infancia dignidad y estrategias reales.

También hay mucho discurso y poco hecho. Falta caminar el territorio. Hoy hay más de 9.000 niños esperando una familia en Argentina. Y lo que más falta es mirada. Estamos perdiendo la infancia. La estamos corriendo del centro.

La historia de Giselle Continanzia: creó un hogar para bebés y su relato emociona

"Toda infancia cuidada… es una adolescencia posible"

—¿Qué te enseñaron estos chicos?

—Me enseñaron todo. Que el amor no es lo que se dice, es lo que se sostiene. Y que a veces lo único que necesita un niño para cambiar su historia… es que alguien no mire para otro lado.

Ningún niño debería tener que demostrar cuánto puede resistir para ser cuidado. Ojalá podamos construir una sociedad donde llegar antes sea la regla y no la excepción. Porque toda infancia cuidada… es una adolescencia posible.

Fotos: Gentileza entrevistada e Instagram.

Hogar Mahatma: @hogar_mahatma, www.poniendoelalma.com.ar

 
 

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