En un contexto atravesado por la incertidumbre y el desgaste emocional, surgen voces que proponen nuevas formas de pensar el dolor. Lejos de evitarlo o romantizarlo, Carla Vitale lo convierte en punto de partida.
El próximo 2 de mayo a las 18, la psicóloga y diseñadora presentará su primer libro, Con los palos de mi vida, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en el stand 700 del Pabellón Azul (Editorial Libero), en el predio de La Rural. Allí compartirá un relato atravesado por la experiencia personal, donde duelos, frustraciones e injusticias se transforman en creación, propósito y acción.
Autora y creadora de CeCé Piumé, Vitale propone una mirada que cruza psicología, diseño y vida cotidiana para dar lugar a un concepto propio: la meta-antifragilidad. En esta entrevista con Para Ti, reflexiona sobre ese proceso y sobre la posibilidad de construir sentido a partir de lo vivido.

"El duelo duele y uno quisiera evitarlo o anestesiarlo"
—Tu libro parte de una idea muy potente: convertir el dolor en diseño. ¿Qué pasó en tu vida para que esa transformación se vuelva no solo posible, sino necesaria?
—En mi vida hubo momentos donde el dolor no era opcional, era la realidad que tocaba atravesar. Situaciones que te sacan del piloto automático, donde lo que creías seguro deja de existir, donde todo lo planeado se derrumba y se tiene que reconfigurar tu alrededor y vos mismo para continuar. Ahí entendí algo clave: el dolor no es solo algo que te pasa, sino que también puede ser materia prima para algo más, algo que te obliga a preguntarte no solo “¿por qué?”, sino “¿para qué?”.
El duelo duele y uno quisiera evitarlo o anestesiarlo, pero yo fui trabajándolo, tallándolo, y en ese proceso cambiaba mi mirada, mis pensamientos se ordenaban y el dolor empezaba a tomar otra dirección. Ahí aparece el diseño, no como algo estético, sino como una herramienta concreta para reconstruir sentido. Diseñar es intervenir la realidad, dejar de reaccionar y empezar a crear, permitir que algo vuelva a nacer incluso desde lo roto.

Para mí fue motor de vida: diseñar fue la forma de reorganizar mi historia, de tomar lo que parecía descartado —emocional y material— y transformarlo en algo con valor. Por eso hablo tanto de lo artesanal: cada persona elabora sus duelos de manera única, no hay procesos en serie. Y ahí aparece algo que hoy sostengo con mucha claridad: los espacios no son neutros, influyen en cómo pensamos, en cómo sentimos y en cómo vivimos. No solo los vínculos nos afectan, también los entornos físicos que habitamos. El diseño puede generar contención, calma, seguridad y responder a necesidades emocionales profundas. No es decoración, es calidad de vida, es psicología del diseño aplicada al habitar cotidiano.
"La evolución aparece cuando te rompés"
—En Con los palos de mi vida hablás de meta-antifragilidad. Más allá del concepto, ¿qué cambió en vos a partir de atravesar el dolor y empezar a mirarlo distinto?
—La meta-antifragilidad va más allá de “hacerse fuerte”: no se trata de resistir ni de salir ileso, ni de volver a ser quien eras, porque después de un gran dolor eso ya no es posible. Se trata de transformarte, de rediseñar tu propia vida y de que esa transformación tenga impacto más allá de vos. Es atravesar algo difícil y no solo reconstruirte, sino también allanar el camino para alguien más.
Antes creía que la fortaleza era no quebrarse, hoy sé que la evolución aparece cuando te rompés, pero no te quedás viviendo desde esa ruptura: la trabajás, la resignificás y la transformás en acción y en creación. Lo que cambió en mí es la pregunta: dejé de decir “¿por qué me pasa esto?” y empecé a preguntarme “¿para qué?”, “¿qué puedo hacer con esto?”, “¿a quién más puedo ayudar con lo que aprendí?”.

En ese cambio aparece una libertad enorme, porque dejás de depender de que la vida sea justa o perfecta y empezás a crear valor desde lo imperfecto. Ahí rearmás tus alas, construís puentes con esos mismos “palos” que tuviste y entendés algo esencial: el crecimiento real no es individual, cuando es genuino siempre impacta en otros, y en ese impacto aparece una forma profunda de responsabilidad y también de sentido.
"Me conmueve una pieza que no busca perfección sino verdad"
—Cuando hablás de emoción en el diseño, parece que también hablás de la vida misma. ¿Qué cosas te conmueven hoy cuando pensás en lo que creás?
—Cuando hablo de emoción en el diseño hablo de cómo vivimos y cómo sentimos, de cómo lo que uno es se manifiesta y se materializa. Me conmueve lo auténtico, la espontaneidad, lo que no está forzado, volver a la raíz, a los valores, a lo que realmente importa.
Una madera con marcas, con grietas, con historia y con tiempo no hace falta esconderla, al contrario, ahí está su identidad. Me conmueve una pieza que no busca perfección sino verdad, y sobre todo cuando alguien conecta con eso, cuando un objeto deja de ser solo funcional y se vuelve experiencia, refugio, encuentro, identidad.

Hoy no diseño solo objetos, diseño formas de habitar, porque en un mundo cada vez más rápido y superficial, generar conexión emocional no es un detalle, es una necesidad brutal.
"Construir desde lo auténtico es una posición y también un diferencial"
—Tu recorrido te llevó a construir CeCé Piumé y otros espacios creativos donde el diseño tiene una carga muy personal. ¿Cómo es habitar ese mundo propio donde lo íntimo se vuelve obra, marca y mensaje?
—Es un desafío enorme y también una coherencia muy profunda, porque cuando lo que hacés nace de lo que sos deja de haber una separación clara entre vida y trabajo, hay integración. CeCé Piumé no es solo una marca registrada, tiene que ver con mis hijos, con actos de valentía, con la vida misma.
Y eso implica exposición, porque lo que mostrás no es solo un producto, es tu historia, tu sensibilidad, tu familia, tu forma de pensar y actuar. Pero ahí también está la fuerza, porque cuando es genuino genera conexión real.
En un mundo que tiende a lo rápido, lo descartable y lo artificial, construir desde lo auténtico —aunque sea más lento y más artesanal— es una posición y también un diferencial.

"La verdadera pregunta no es qué te pasó, sino qué legado creés que viniste a dejar"
—Vas a presentar tu libro en la Feria del Libro. Si tuvieras que imaginar ese momento como una escena, ¿qué te gustaría que sienta la gente cuando te escuche?
—Me gustaría que la gente sienta algo simple pero profundo: que no está sola, que entienda que todos tenemos “palos” en la vida pero que eso no es un límite, es un punto de partida. Si tengo que imaginar esa escena, me gustaría que alguien se vaya con una idea clara: “con lo que me pasó puedo hacer algo, no solo para mí sino también para alguien más”, no desde un lugar idealizado sino desde lo posible.
Porque Con los palos de mi vida no habla de una vida perfecta, habla de qué hacemos con lo que nos toca, de cómo miramos esa realidad. Y si algo me interesa generar en ese momento es eso: una mirada distinta, más consciente, más activa, más propia, saber que somos artífices de nuestra propia realidad y entender que la verdadera pregunta no es qué te pasó, sino qué legado creés que viniste a dejar.
Fotos: Gentileza entrevistada.

