“El mar era su vida”: historia de madre e hija muertas en Maldivas
 

"El mar no era una pasión: era su vida": la conmovedora historia de la madre y la hija que murieron en Maldivas

Mónica Montefalcone y su hija Giorgia Sommacal compartían una profunda pasión por el océano y habían realizado más de 500 inmersiones juntas. La tragedia ocurrida en Maldivas reveló la conmovedora historia detrás del vínculo que las unía.
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La tragedia ocurrida en Maldivas dejó una historia que conmueve profundamente a Italia: la de Mónica Montefalcone y su hija Giorgia Sommacal, quienes compartían una pasión tan intensa por el océano que habían construido toda su vida alrededor del mar.

Madre e hija murieron junto a otros tres buzos italianos durante una inmersión en una cueva submarina del atolón Vaavu, uno de los lugares más impactantes —y peligrosos— para los amantes del buceo en Maldivas. Pero detrás del drama que hoy conmueve al mundo aparece también el retrato de un vínculo inseparable, marcado por el amor, la admiración mutua y una pasión compartida que atravesaba cada aspecto de sus vidas.

Mónica tenía 51 años y era una reconocida bióloga marina, profesora de Ecología Marina Tropical y Ciencias Subacuáticas en la Universidad de Génova. Había dedicado más de 25 años al estudio de la Posidonia oceánica y trabajaba en investigaciones vinculadas al impacto del cambio climático en los mares. Para quienes la conocían, el agua era literalmente su hábitat natural.

Mónica Montefalcone tenía 51 años y era una buzo experta.

Las desgarradoras palabras de Carlo Sommacal, esposo y padre de las mujeres que murieron juntas

Su esposo, Carlo Sommacal, la definió en una entrevista con el diario El Mundo como “una sirena”. “Tenía 64 latidos en tierra y 48 bajo el agua. Nunca la vi entrar en pánico. El mar no era una pasión: era su vida”, aseguró devastado.

Esa conexión profunda con el océano también había sido heredada por Giorgia, de 22 años. La joven estaba a punto de graduarse como ingeniera biomédica, pero desde chica acompañaba a su madre en expediciones científicas y viajes de investigación. Según contó su padre, habían realizado más de 500 inmersiones juntas.

“Vivían en simbiosis, Giorgia seguía los pasos de su madre”, relató Carlo al recordar el vínculo entre ambas.

Carlo Sommacal, marido de Mónica y padre de Giorgia, habló con los medios italianos y se mostró devastado.

Lejos de tratarse únicamente de una relación profesional o académica, quienes las conocían describen una conexión emocional fortísima. Mónica no solo era la guía de Giorgia en el mundo científico: también era su compañera de aventuras, de viajes y de exploraciones submarinas.

Qué dijo el novio de Giorgia Sommacal

Federico Colombo, novio de Giorgia, también habló públicamente después de la tragedia y recordó cuánto significaba el mar para ella. “Amaba las inmersiones más que nada. Cada vez que terminaba una me mandaba fotos y me contaba todo en detalle, como si quisiera mostrarme el mar a través de sus ojos”, expresó en una entrevista con medios italianos.

“Cuando hablaba del mar, de los peces o de las inmersiones, se le iluminaban los ojos”, agregó.

Giorgia Sommacal, 22 años: había heredado la pasión por el buceo y murió junto a su mamá.

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Las Maldivas ocupaban un lugar especial en la historia familiar. Carlo Sommacal contó que el archipiélago era prácticamente “la segunda casa” de Mónica y reveló además un dato impactante: años atrás, la científica había sobrevivido al tsunami de 2004 mientras buceaba en el océano Índico.

Mónica Montefalcone y su hija Giorgia Sommacal

“Mónica y otros dos buceadores estaban bajo el agua cuando pasó. Se engancharon entre ellos y emergieron rápidamente. Después tuvo microinfartos pulmonares por la descompresión, pero volvió al mar apenas se recuperó. Esa era mi esposa”, recordó.

Revelan el último mensaje enviado por Mónica a través de Whatsapp

Hasta las horas previas a la tragedia, Monica seguía hablando con entusiasmo sobre su trabajo y su misión científica. En uno de sus últimos mensajes, enviado a una colega la noche anterior a la inmersión fatal, escribió: “Es fundamental observar el entorno submarino, que sigue siendo demasiado desconocido para el público en general”.

Ahora, mientras continúa la búsqueda de los cuerpos y avanzan las investigaciones sobre qué ocurrió dentro de la cueva submarina del atolón Vaavu, Italia sigue conmocionada por la historia de esta madre y esta hija que hicieron del mar su lugar en el mundo.

Porque para Monica y Giorgia, el océano no era solamente una pasión compartida: era el idioma en el que se entendían.

 
   

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