Matías “Ronco” Valenzuela tenía 53 años y casi tres décadas de experiencia como piloto de helicópteros. Era comandante de la Policía Bonaerense y se había especializado en rescates, emergencias aéreas y combate de incendios forestales. El jueves murió al caer el helicóptero Bell 412EP que comandaba en Valle Fértil, San Juan, durante una capacitación vinculada a la lucha contra el fuego.
Pero apenas un día antes de la tragedia, Valenzuela había hablado con periodistas durante una recorrida realizada en la provincia. En esa entrevista, contó cómo vivía una actividad que conocía profundamente y reconoció, con naturalidad, los riesgos que implicaba.
Sus palabras, pronunciadas horas antes de morir, hoy adquieren una dimensión especial.
“A mí me encanta hacer esto”
Durante la recorrida, Valenzuela fue consultado sobre qué sentía al participar de este tipo de misiones y cuál era su vínculo con una actividad que lo llevaba a enfrentarse desde el aire a incendios forestales.
Su respuesta fue contundente: “Uno lo hace porque le gusta. A mí la verdad que me encanta hacer esto”.
El piloto sabía que se trataba de una tarea de máxima exigencia. Por eso, en la misma entrevista, reconoció: “Es uno de los trabajos en helicóptero que, no sé si es el mayor, pero que más riesgo tiene”.

Y completó con una frase que resumía su manera de entender la profesión: “Y bueno, te tiene que gustar”.
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Valenzuela llevaba desde 1996 vinculado a la actividad aérea de la Policía Bonaerense. Con el paso de los años sumó experiencia como piloto comercial e instructor de vuelo y se formó para realizar vuelos nocturnos y por instrumentos.
También había participado en numerosas operaciones de rescate y en tareas vinculadas al combate de incendios forestales.
La seguridad, una prioridad para el piloto
En aquella conversación, Valenzuela también se refirió a la necesidad de extremar los cuidados durante las misiones.
Ante una consulta sobre la satisfacción que genera completar con éxito una operación, explicó que el objetivo era poder realizar el trabajo que tanto disfrutaba sin dejar de lado las precauciones.
“Siempre tratando de, dentro de todo el afecto, tener todas las medidas de seguridad y hacer esto que tanto nos gusta”, señaló.
La frase hoy forma parte de las últimas declaraciones públicas conocidas del piloto.

El accidente en Valle Fértil
El helicóptero Bell 412EP, matrícula LV-KGR, operado por Jasfly S.A., participaba de una capacitación organizada para el combate de incendios forestales en el departamento sanjuanino de Valle Fértil.
A bordo viajaban siete personas. Además de Valenzuela, murieron cuatro funcionarios sanjuaninos: Carlos Heredia, director de Protección Civil; Marcelo Videla, subjefe de la Policía de San Juan; Rubén Castro, jefe de Bomberos; y Jorge Carbajal, subjefe de Bomberos.
Las otras dos víctimas fueron Andrés Bosch, coordinador de la Región Centro del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, y Rodrigo Aimetta, instructor técnico de la capacitación y jefe de la Brigada Nacional NEA del mismo organismo.
La aeronave tenía previsto continuar posteriormente hacia Chilecito, en La Rioja, para sumarse a un operativo destinado a combatir un incendio forestal.

Una trayectoria marcada por el rescate
La muerte de Valenzuela generó un profundo impacto entre sus compañeros, que lo recordaron como un piloto experimentado y especialmente comprometido con las tareas de emergencia.
Fernando Scabuzzo, compañero de Valenzuela en UTV Aeroemergencias y exjefe de la Brigada Aérea de la Policía de Santa Fe, contó que el piloto había participado durante años en misiones de rescate y lucha contra el fuego.
También recordó un episodio personal que marcó su vínculo: dos años antes, Valenzuela había sido quien lo rescató después de un accidente.
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“Puedo decir que él salvó mi vida”, expresó Scabuzzo al recordar a su compañero.
La investigación deberá determinar ahora qué ocurrió durante el vuelo y cuáles fueron las causas que provocaron la caída del helicóptero.
Mientras tanto, las palabras que Valenzuela pronunció apenas un día antes de la tragedia quedaron como un último testimonio de la pasión con la que ejercía una profesión que, como él mismo había reconocido, también implicaba enormes riesgos.



