Durante su paso por Mano a Mano, el ciclo de Resumido, Emilia Attias compartió uno de los momentos más sensibles de su vida. Con honestidad y un fuerte mensaje de concientización, recordó cómo la presión estética en su adolescencia impactó directamente en su salud.
Fiel a su estilo cercano, la actriz y modelo de 39 años repasó una etapa marcada por la exigencia, la confusión y la falta de herramientas para enfrentar ciertos mandatos del medio.
“Tuve una situación muy fea con dos mujeres grandes que casteaban, creo que era una producción de fotos. Me miran con cara de asco y me dicen ‘No, ¿para qué viniste?’, como diciendo que no me da el cuerpo”, relató con crudeza.
La presión estética y el impacto en la adolescencia
En ese contexto, Emilia explicó que hasta ese momento no tenía conflictos con su imagen. “Yo siempre fui quien soy básicamente, pero bueno viste la época de la moda de exigencia de medidas estrictas... Yo me miraba al espejo y me gustaba quien era, no tenía un conflicto con eso”, aseguró.

Sin embargo, también reconoció que el ambiente en el que se movía reforzaba discursos dañinos. “A veces en el medio y en mi adolescencia veía mucho este maltrato a la apariencia física de una manera que no es necesario de que sea así, tan despectiva y demás”, reflexionó.
Ante aquel episodio, su primera reacción fue de bronca. “Lo primero que me salió fue un enojo y una necesidad de ajusticiar. ‘No me voy a comer yo el garrón de pensar que soy yo la del problema’”, recordó.
Cuando la exigencia se vuelve peligrosa
A pesar de esa claridad inicial, la presión del entorno terminó influyendo en sus decisiones. “Igual me afectó. No ese comentario, sino el responder a eso que el medio me estaba pidiendo”, explicó.
“Yo tenía que bajar cinco kilos. Tenía un cuerpo más hinchadito capaz por las hormonas, pero no era una persona gorda. Pero me trataban como una, porque no eran los cánones de una modelo ‘tipo’ porque era más grandota”, detalló.
Fue entonces cuando comenzó un proceso que impactó de lleno en su salud. “La tarea en mi cabeza de catorce años era bajar de peso. Y tuve problemas, bajé siete kilos. Estaba súper flaca, no estaba saludable, no me gustaba estar así, pero sentía que el medio me exigía eso”.
La preocupación de su familia fue clave para advertir la situación. Tras una consulta con una nutricionista, llegó el diagnóstico de anorexia. “Ahí yo tenía un espejo enfrente y me veo. Me vi hecha un esqueleto y me dio miedo cómo me vi, me vi todos los huesos sobresalidos”, expresó.
Un punto de inflexión
Ese momento marcó un antes y un después. Con miedo y rechazo hacia su propio estado, Emilia decidió revertir la situación. “De ahí nunca más me permití lastimarme de esa manera y que una exigencia del medio que era equivocada me volviera a poner a mí en una situación peligrosa que no me gustara y de tanto maltrato a mi cuerpo”, concluyó.
Su testimonio llega en un contexto en el que la industria de la moda y el entretenimiento comienza a cuestionar con mayor fuerza los estándares irreales de belleza. Sin embargo, como señala su experiencia, aún quedan discursos que impactan en la salud y la autoestima de muchas mujeres.

