Laura Paredes habla como actúa: con precisión, sensibilidad y una inteligencia que no necesita subrayarse. Actriz, dramaturga, directora y guionista, construyó una carrera singular dentro de la escena argentina. Una carrera que no parece haber sido diseñada desde la estrategia, sino desde algo más profundo: la necesidad de hacer, de crear, de sostener un lenguaje propio.
Desde hace más de 20 años integra Piel de Lava, el grupo teatral que comparte con Pilar Gamboa, Elisa Carricajo y Valeria Correa, y que se convirtió en una referencia del teatro independiente argentino. Allí encontró no solo una forma de trabajo, sino también una identidad artística: la creación colectiva, la dramaturgia del actor, la independencia como motor.
En cine, su recorrido también dejó huella. Fue parte de "Argentina, 1985", donde interpretó a Adriana Calvo de Laborde en una de las escenas más conmovedoras de la película; protagonizó y coescribió "Trenque Lauquen", una obra clave del cine argentino contemporáneo; y también trabajó en "Belén", el film de Dolores Fonzi que volvió a poner en escena una historia atravesada por la justicia, el cuerpo y los derechos.

Ahora, Laura es parte de "Secreto en la montaña", la versión teatral protagonizada por Benjamín Vicuña y Esteban Lamothe. En la obra interpreta a Alma, la pareja de Ennis del Mar, el personaje de Lamothe. Una mujer que ama a un hombre que, a su vez, está enamorado de otro hombre. Un personaje que podría quedar reducido al dolor, pero que en sus manos aparece lleno de humanidad, nobleza y contradicciones.
“Nadie tiene asegurado el amor de nadie, por suerte”, dice Laura en diálogo con Para Ti. Y en esa frase parece condensarse algo del corazón de esta historia: el amor como una fuerza que desordena, que no pide permiso, que puede romper una familia, pero también revelar una verdad.
— ¿Cómo es interpretar a Alma en "Secreto en la montaña"?
— Alma es el personaje que hace de la mujer de Esteban. Es un muy lindo personaje. Yo lo recordaba ya desde la película, donde lo hace Michelle Williams, que es una actriz increíble. Había algo lindo del personaje que era como mucha fragilidad y también tener pocas herramientas para poder comprender lo que está sucediendo.

Hablamos mucho con Javier de que a ella le toca ser medio la tercera en discordia, porque el marido se enamora de otro hombre. También hablamos mucho de cómo hacer un personaje que no esté victimizado por la situación, pero que tenga su carácter. Después, en realidad, no le queda otra que sobreponerse a la realidad de que el otro se enamora de alguien.
Uno puede tener enojos, reclamos, pero después la realidad se impone con tanta fuerza que es: “Bueno, no me amás, te enamoraste de alguien”. Hay algo en ella muy noble.
— En la obra interpretás a una mujer que ama a alguien que no puede entregarse por completo. ¿Creés que el amor tiene más que ver con aceptar quién es el otro o con aceptar lo que nunca vamos a recibir de él?
— Hay un momento conmovedor para mí en la obra, que es cuando ella le dice: “Vos y ese tipo están enamorados, enterate”. A mí siempre me gustó eso. Me gusta lo que me pasa con Esteban actuando ahí. Me encanta actuar con él, nos conocemos desde muy chicos y nunca habíamos actuado juntos.

Me parece muy lindo ese momento porque a veces la persona que más te ama te puede decir: “Soltá, acá ya no es”. Ella le dice: “Enterate, no querés hacerte cargo, me estás tratando mal, estás poniendo palos en la rueda. El problema es que te enamoraste de alguien”. Siempre me gustó la idea de que la mujer sea quien se lo dice.
— ¿Cómo es trabajar con Esteban Lamothe y Benjamín Vicuña?
— Fue un proceso recontra lindo. Mi personaje tiene pocas escenas, así que los vi mucho a ellos. Son los galanes de la escena. Era lindo ver cómo iba creciendo la complicidad entre ellos como personas, como actores y como personajes.
Había algo de la confianza de los ensayos que iba creciendo, entonces la apuesta era cada vez mayor. También había un compromiso emocional que les pedía Javier. Que estuvieran lúdicos y juguetones, pero que también se dejaran atravesar por algo que ninguno de los dos tenía planeado que le sucediera.

Javier a veces decía: “Los personajes no saben lo que les va a pasar”. Entonces, ninguno estaba preparado para enamorarse del otro. Eso generaba una fragilidad muy linda en escena.
— ¿Qué sentís que trae hoy esta historia, en este momento social?
— Hoy, por suerte, las parejas se pueden casar y tener hijos, y eso está desde la legislación más avalado. Entonces uno podría pensar: “¿Es el momento de contar una historia tan trágica de dos hombres que no se animan a estar juntos?”. Pero después, viendo el retroceso que hay en las políticas sobre género, digo: al revés, me parece que está buenísimo que se vuelva a hacer una obra así.
Está bueno volver a hablar de ese tema, de cómo la relación de amor entre personas del mismo sexo puede ser una amenaza para gran parte de la población, incluso hoy. Llevar esto a escena y ver que la gente va, se emociona y termina re emocionada con la obra me parece muy fuerte.
También genera angustia pensar cómo puede ser que por el prejuicio y por tener el mundo en contra dos personas se tuvieron que perder y no animarse a estar juntas. En momentos donde los pactos están medio débiles, y cosas que como sociedad pensábamos que ya no discutíamos de golpe volvemos a discutirlas, es interesante hacer una obra sobre esto.
— Tu carrera está atravesada por proyectos que dialogan con problemáticas sociales: "Belén", "Argentina, 1985", ahora "Secreto en la montaña". ¿Es algo que buscás?
—Yo tengo un grupo de teatro hace 20 años que se llama Piel de Lava. Somos cuatro mujeres que actuamos, dirigimos y escribimos nuestras obras. Ya desde la decisión de tener un grupo de mujeres sostenido durante tanto tiempo, creo que hay una declaración de identidad, de cómo me gusta trabajar.
Tengo la suerte de que me llegaron personajes que comparto con alegría porque son proyectos que me parecen importantes. Pero también soy una persona que escribe, soy guionista y dramaturga. Entonces me involucro de otro modo en algunos proyectos. Por ejemplo, en "Belén" soy coguionista con Dolores Fonzi, y en "Trenque Lauquen" soy coguionista además de protagonista con Laura Citarella.

Me siento actriz, pero también tengo un trabajo con el oficio que es más multidisciplinario.
— En "Argentina, 1985" interpretaste a Adriana Calvo de Laborde. Fue una escena muy impactante. ¿Cómo viviste ese trabajo?
—Fue un regalo total. Tengo una relación con Santiago Mitre, es un amigo, una persona muy cercana, pero cuando me propuso hacer ese personaje fue un regalo poder interpretar a Adriana Calvo.
También me generó mucha responsabilidad hacerlo por sus hijas. Adriana ya no vivía, pero tuve la suerte de conocer a sus hijos. Teresa Laborde, que es la persona que nace en el patrullero, es una persona entrañable. Por ahí me la encuentro en la marcha de Ni Una Menos y nos abrazamos. Me viene a ver al teatro. Quedó una relación muy entrañable.

La ficción se entremezcla de forma rara con la realidad. A partir del personaje me escribía gente diciendo: “Mi mamá tuvo un episodio parecido”, o gente con padres presos, hijos de desaparecidos, nacimientos en cautiverio. Había una necesidad de seguir conversando sobre eso.
— ¿La filmaron en pandemia?
— Sí. Me acuerdo de que estaba aterrada de agarrarme COVID y no poder hacerlo. Yo tenía tres días y Santiago me decía: “Cuidate mucho porque tengo tres días la sala real del Juicio a las Juntas. Si vos te enfermás, tengo que cambiar la actriz”.
Era justo en feria judicial. No había manera de que nos dieran la sala de nuevo. Así que los últimos 15 días no tomé nada, estaba aterrada de contagiarme y no poder hacerlo.

— Cuando pensás en tus comienzos, ¿recordás algún rechazo o algún momento difícil que hoy agradezcas?
— Vuelvo a pensar en el grupo. Haber tenido a Piel de Lava como lugar de laboratorio y de sostén entre amigas hizo que todo ese mundo terrible de ser actriz, los rechazos, los trabajos que no te llegan, sentir que ya se te tiene que armar y no se te arma, lo viviera distinto.
Si no nos llamaban para laburar, igual el grupo funcionaba como el lugar donde hacíamos teatro. Nos autoabastecíamos nuestra propia dramaturgia. Creo que hubiese sido muy penoso no haber tenido el grupo en esa etapa en la que todavía no se valida mucho tu trabajo.

También se lo debo a mis maestros. Me formé en un momento en Buenos Aires donde la bajada de línea en los estudios de actuación era: “Nadie te va a venir a buscar. Armate tu grupo, hacé tus obras”. Había algo de ese motor que agradezco. Yo nunca estuve esperando que me llamaran: escribí mis obras, tengo un grupo, el grupo sigue funcionando.
— ¿Sentís que esa independencia marcó tu carrera?
— Sí. Siempre me inventé mi trabajo. Eso creo que viene de una especie de cultura de independencia que me tocó vivir. Para mí era muy importante la independencia desde muy joven. Nunca me imaginé como una actriz a la que iban a estar llamando para hacer cosas.
Después ocurrió eso y hago trabajos porque me llaman, y me alegro, pero no me defino así. No me imagino así.

— ¿Hay alguna pregunta sobre tu trabajo que nadie te hace y que te gustaría responder?
— No sé si una pregunta, pero sí me pasa que cuando me hablan de “qué momento”, “qué lindo el momento”, “qué pensás”, siempre lo pienso como un trabajo de muchos años. De estar metida en el trabajo.
Yo me considero una persona de teatro, aunque ahora trabaje bastante en cine. Ese modo hace que cuando aparecen algunas cosas más faroleras de la carrera, estén siempre conectadas a una manera de trabajar de hace 20 años haciendo teatro y haciendo mis cosas.

Cuando llegaron ciertos hitos, los vivo como una consecuencia del trabajo, no como un resultado. Es una consecuencia de años de trabajar con mi grupo, haciendo teatro. También de haberme animado en pandemia a decir: “Si escribo teatro, ¿por qué no puedo escribir cine?”. Me mandé a escribir cine y me salió. Después a esas películas les fue bien y eso me generó más trabajo. Pero siempre fue por una especie de osadía y ganas de hacer.
— En una época donde todo parece medirse por visibilidad y redes sociales, ¿cómo vivís la exposición?
— No tengo ese problema porque no soy una actriz que tiene una popularidad masiva. Lo máximo que me pasa es que la gente en la calle me diga: “Piel de Lava, genias, gracias”. Tengo una visibilidad en un nicho muy reducido. No lidio con temas de preservar mi vida.
Nadie piensa en mí en esos términos. No tengo una relación con la ficción de “tengo que separar mi vida de los personajes”. Cuando trabajo, y esto de tener un grupo hace 20 años, la vida fue pasando a la vez que hacía las cosas.

— Pero sí tuviste momentos de enorme exposición, como "Argentina, 1985" o "Belén", cuando Natalie Portman recomendó la película.
— Sí, totalmente. Me divierto cuando pasan cosas medio highlights. Me parece gracioso que pase eso. También cuando te pasan esas cosas más grande, no creo que eso defina mi camino.
Son consecuencias del trabajo. Cada tanto una película puede pegar en ese lugar y me enorgullece, me divierte, me alegra, pero lo veo con cierta distancia. También hay películas a las que les pusiste el mismo amor, el mismo corazón y la vida de diez personas, y quizás no pasa eso. Para mí es parte de la tarea.
— ¿Sos más de teatro o de cine?
—Siento que soy más de teatro porque tengo un grupo de teatro y mi tarea ahora es eso. Haciendo la obra de Javier más Piel de Lava, estoy afuera de mi casa de miércoles a domingo haciendo teatro.
El cine es muy importante para mí, pero no es lo que hago todo el año. Yo tengo vida de payaso. Mi familia se va de viaje y yo me tengo que quedar.

— ¿Hay algo que todavía no hayas hecho y te gustaría explorar?
— En teatro hay todo un mundo sobre las posibilidades de la voz y lo musical que siento que todavía no exploré. Algo más sonoro. Animarme, por ejemplo, a cantar en una obra. Es algo que me llama la atención, que me divierte, que me inventaría para poder aprender, estudiar e ir más para ahí.
— Me decías que te cuesta separar a Laura de sus personajes. ¿Por qué?
— Porque creo que con las cosas que me fue mejor, y con las que tengo mejor relación, incluso las que el público recibió mejor, son aquellas en donde Laura está muy metida.
Con "Trenque Lauquen", que es una película que afuera fue increíble y acá también, siendo una película muy independiente, o con "Belén", siento que estoy muy involucrada. En "Belén" hago ese personaje porque estoy mega metida en el guion, en las conversaciones con Dolores.
Cuanto más Laura hay ahí, siento que cuanto más me involucro, me pasan cosas mejores con los personajes. Por eso no los puedo vivir como “Laura y los personajes”. Siento que cuanto más me involucro y más soy yo, mejor le va. Me gusta trabajar así, ponerle corazón de esa forma.

— Si mañana hicieran una película sobre tu vida, ¿cómo te gustaría que se llamara?
— La vida por un chiste.
— ¿Por qué?
— Porque es una cosa que me dicen mis amigas jodiendo. Que con tal de hacer un chiste puedo estar triste y lo voy a decir con humor, porque no sé hacer otra cosa.
Me gusta el humor. Las cosas que escribo en general tienen humor, pero es porque no encuentro otra manera. Me parece muy serio el humor. Me parece complejo y me gusta pensarlo.
Foto @fotos_diego
Estilismo @lula.romero.styling
Maquillaje y peinado @natalipomasonccomkp para @sebastiancorreaestudio
Agradecimientos
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