El estreno de Moria, la serie de Netflix que recorre la vida de Moria Casán, volvió a poner bajo la lupa cada detalle del universo de la diva. Entre los escenarios que tienen mayor protagonismo en la ficción está su casa: un espacio que funciona como telón de fondo para distintas etapas de su vida y que, por momentos, parece ser un personaje más de la historia.
Pero hay un dato que puede sorprender a quienes vieron la serie: la casa que aparece en pantalla no es la verdadera propiedad que Moria tiene en Parque Leloir. Para recrear su residencia, el equipo de arte eligió una casa real ubicada en San Isidro y la intervino para construir una versión ficcional del hogar de la artista.

La verdadera casa de Moria está en Parque Leloir, en Ituzaingó, y forma parte de su vida desde hace más de cuatro décadas. La propiedad tiene dos plantas, unos 300 metros cuadrados cubiertos y alrededor de 700 metros cuadrados de parque, un entorno verde que se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la vivienda.

Una casa con el sello de Moria
La propiedad fue concebida originalmente como una casa de fin de semana, pero con el paso de los años se transformó en la residencia permanente de la artista. Hoy es uno de sus refugios y un espacio donde su personalidad aparece prácticamente en cada ambiente.
Lejos de una estética neutra o minimalista, la casa combina distintos elementos que remiten directamente al universo de Moria: animal print, columnas de inspiración romana, grandes ventanales, obras de arte, esculturas y objetos personales.

La decoración tampoco busca responder a un único estilo. Hay sectores más clásicos que conviven con otros mucho más llamativos, en una mezcla que refleja la personalidad de su dueña.
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En los interiores aparecen paredes y sectores intervenidos con estampados de animal print, mientras que las luces de neón aportan color y una impronta más teatral. Los ambientes están conectados mediante amplios arcos y los grandes ventanales permiten que el verde del exterior tenga una presencia permanente dentro de la casa.

El parque, uno de los grandes protagonistas
Si algo distingue a la casa de Moria es su relación con el exterior. El parque ocupa unos 700 metros cuadrados y funciona prácticamente como una extensión de los ambientes interiores.
La vegetación, los árboles y las plantas rodean la propiedad y generan un entorno de mucha privacidad. Parque Leloir, además, se caracteriza por sus grandes terrenos y su abundante arbolado, una de las razones por las que suele ser considerado uno de los pulmones verdes del oeste bonaerense.

En medio de ese paisaje aparece una de las grandes estrellas de la propiedad: la piscina climatizada, rodeada de verde y pensada como uno de los espacios de disfrute de la casa.
La zona exterior también cuenta con distintos sectores para descansar y recibir invitados, entre ellos una pérgola y espacios que funcionan como living al aire libre.

Animal print, arte y objetos con identidad propia
En la casa de Moria, los objetos no parecen estar simplemente para completar los ambientes. Muchos tienen una fuerte carga estética y ayudan a construir una identidad que se parece mucho a la de su dueña.
El animal print es uno de los recursos que más se repiten, acompañado por colores intensos, iluminación de neón y piezas de arte. También hay esculturas y obras de arte que forman parte de la colección personal de la artista.

Entre las piezas que fueron mencionadas en distintos recorridos por la propiedad aparece incluso una obra de Alejandro Marmo, además de otros objetos que acompañan a Moria desde hace años.
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La propia artista ha explicado que prefiere pensar su casa de una manera diferente a la decoración tradicional: más que decorar, le gusta “escenografiar” sus ambientes. Esa mirada ayuda a entender por qué en su hogar conviven elementos que, en otro contexto, podrían parecer difíciles de combinar.

La diferencia entre la casa real y la de la serie
Aunque la propiedad de Parque Leloir no fue utilizada como locación, el equipo de arte de Moria buscó que la casa que aparece en pantalla transmitiera la esencia del hogar de la diva.

La directora de arte Lola Cafardo explicó que eligieron una propiedad de San Isidro porque tenía características arquitectónicas que permitían trabajar las distintas etapas de la historia. Las aberturas amplias, los pisos y las paredes con poca información visual permitieron intervenir los espacios y transformarlos según cada momento narrativo.
Para la serie se modificaron muebles, objetos, obras de arte, cortinas, alfombras y empapelados, de modo que la vivienda pudiera acompañar las diferentes décadas que atraviesa la historia de Moria.

Por eso, aunque la casa que se ve en Netflix no sea la verdadera, conserva algo esencial: la idea de un espacio exuberante, teatral y absolutamente personal.
La verdadera casa de Parque Leloir, en cambio, tiene una historia propia. Es el lugar que Moria eligió como refugio hace más de 40 años y donde la naturaleza, el arte, los colores y los objetos conviven con una estética tan singular como su dueña.
Más que una mansión tradicional, es una extensión de su personalidad: una casa vivida, llena de recuerdos y con una identidad imposible de separar de la mujer que la habita.
Fotos: Instagram Moria Casán






