Si venías buscando una historia que te haga pasar de la risa a la emoción en cuestión de minutos, agendá este título: No se desea buena suerte (Don't Say Good Luck). La nueva película de Netflix tiene como protagonista a Sunny Sandler —la hija de 17 años de Adam Sandler— y demuestra que la joven actriz ya tiene vuelo propio para bancarse un papel con mucho peso dramático y musical.
Lejos de ser la típica comedia de adolescentes, la película se mete de lleno en la historia de Sophie (Sunny Sandler), una chica apasionada por el teatro que logra quedarse con el rol principal en el musical de su colegio. Pero justo cuando parece que está viviendo su mejor momento, recibe una noticia golpeadora: el cáncer de su mamá (interpretada por la enorme Melanie Lynskey) volvió.
A partir de ahí, la trama acompaña a la protagonista a transitar ese choque constante entre el brillo del escenario, las mariposas en la panza por el chico que le gusta y la dura realidad que le toca vivir en su casa.

La historia real detrás del guion
Un dato que le suma muchísima sensibilidad a la película es que está inspirada en la vida real de su guionista, Laura Hankin. Cuando era adolescente y estudiaba en Washington D.C., Laura se quedó con el personaje principal de la obra del colegio el mismo día que le confirmaron la recaída de su mamá.
Ese dilema entre sentir culpa por disfrutar de los ensayos o querer frenar todo para quedarse al lado de su mamá es el alma de esta historia, que logra tocar fibras muy íntimas sin caer en el golpe bajo.

Los puntos fuertes para verla este fin de semana
- Un trabajo muy genuino de Sunny Sandler: Tras su participación en ¡No estás invitada a mi bat mitzvah!, acá muestra una faceta mucho más profunda, combinando el humor natural de la familia con momentos de mucha vulnerabilidad.
- Un elenco secundario que suma un montón: Melanie Lynskey conmueve como la mamá, mientras que Max Greenfield (New Girl) y el histórico Steve Buscemi le aportan calidez y aire fresco al núcleo familiar.
- Música y empatía: La banda sonora acompaña muy bien los altibajos de la adolescencia y deja un mensaje hermoso sobre cómo el arte y el teatro pueden convertirse en un refugio en los momentos más difíciles.

¿Te dan ganas de verla? Es ideal para preparar unos mates, agarrar los pañuelitos y maratonearla tranquilamente el fin de semana.

