Por qué María Eugenia Tobal tiene moretones en su panza

La actriz mostró en sus redes sociales varias fotos con su panza de 8 meses de embarazo con visibles moretones. Ella misma, que está a punto de parir a Ema, explicó a qué se deben.
La actriz está esperando la llegada de Ema. Foto: Instagram.

La actriz está atravesando los últimos días del embarazo de Ema y postea en su cuenta de Instagram diversas fotos de la panza.

“Esta es otra tanda de las capturas de @fer.borrelli en un atardecer donde el sol hacia su magia y nosotros solo disfrutamos de ese show. ?? Los momentos mágicos hay que disfrutarlos, así… simple y genuino, sin más”, escribió.

Pero como los moretones en su panza debido a las inyecciones diarias que se tiene que aplicar para preservar el embarazo debido a que sufre de trombofilia, tuvo que aclarar: “Les cuento que los moretones que ven en mi panza,son por los pinchazos de heparina que me doy cada mañana a las 10 am para que mi beba esté bien! #trombofilia #sisepuede #bebe?”

En la foto que subió a su cuenta de Instagram, a la actriz se le notan los moretones. Foto: Instagram.

Tobal había perdido un embarazo en 2011 cuando estaba casada con Nicolás Cabré. Y durante todo este embarazo se trató con heparina.

Qué es la trombofilia


“La trombofilia consiste en una mayor predisposición de la sangre a formar coágulos o trombos, principalmente en las venas. Es importante aclarar que la trombofilia NO es una enfermedad, es sólo un factor de riesgo para determinadas patologías”, afirmó la Dra. Patricia Casais, hematóloga miembro del Grupo CAHT y Coordinadora del Comité Organizador del Día Mundial de la Trombosis en Argentina..

“Su detección se evalúa mediante estudios de laboratorio que NO son de rutina, sino que sólo deben solicitarse ante ciertos síntomas o signos clínicos como trombosis, embolia pulmonar o pérdidas recurrentes de embarazos, entre otros”, siguió explicando Casais.

“Los coágulos obstruyen parcial o totalmente los vasos, e impiden
la llegada de sangre a cada órgano. Hay que recordar que la sangre transporta oxígeno, nutrientes y hormonas que son fundamentales para que las células vivan y se reproduzcan. En un embarazo, la formación de coágulos determina la mala irrigación sanguínea en el endometrio y la placenta. Esto provoca la muerte fetal”, explica Omar Latino, jefe de Obstetricia del Hospital Durand.

Según las estadísticas, cerca de un 3 % de las mujeres en
edad fértil sufre de abortos recurrentes, y aproximadamente
el 30 % de ellos está relacionado con la trombofilia.

En la obstetricia, todo cambió cuando en 1996, Benjamin Brenner, médico y director de la Unidad de Hemostasia y Trombosis del Centro Médico Rambam de Haifa, Israel, estableció la conexión entre trombofilias y abortos recurrentes. “Fue un antes y un después
porque posibilitó mejorar los diagnósticos y realizar
los tratamientos adecuados”, afirma Latino.

En el gran capítulo que conforman las trombofilias, el síndrome antifosfolipídico (SAF) es uno de los más importantes,
aunque hay otras patologías. Se trata de una enfermedad
autoinmune donde el organismo, a través de anticuerpos
en la sangre, reacciona contra sí mismo”.

Considerados como de alto riesgo, estos embarazos suponen
mayores controles: se les realizan ecografías mensuales; ecodoppler fetal a partir de las 24 semanas y monitoreos semanales a partir de la semana 28 y dos veces por semana a partir de la semana 32. El tratamiento
se basa en dos medicamentos que hacen menos espesa la sangre y ayudan a prevenir la formación de coágulos: la aspirina y la heparina de bajo peso molecular.


La heparina es administrada en dosis profilácticas antitrombóticas y no anticoagulantes sólo durante el embarazo (se discontinúa un día antes del parto o cesárea) mediante inyecciones subcutáneas de 40 miligramos diarios. Es bien tolerada y no tiene efectos adversos.

La jeringa viene cargada y la paciente aprende a suministrársela
ella misma. Además de inocuo e indoloro, es el único tratamiento consensuado que hizo revertir las tasas de abortos y de pérdida de gestación. Antes, para una paciente con trombofilia, tener un hijo era lo más parecido a un milagro: tenía un 20 % de posibilidades de
tener un hijo vivo y sano; hoy, con anticoagulante y heparina,
esa posibilidad es de entre el 80 y el 94 %.

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