Ubicado en Pacheco de Melo 1900, en pleno Recoleta, Stud se presenta como una de las aperturas que buscan elevar la vara de la gastronomía porteña. Dentro del histórico Palacio Basavilbaso, este nuevo espacio combina arquitectura, fuego y una identidad clara. Una propuesta donde la carne, los buenos tragos y el universo ecuestre conviven en una misma experiencia.
En la escena gastronómica porteña, Stud irrumpe como una propuesta que combina identidad, sofisticación y un fuerte anclaje en el disfrute compartido. Pensado como un bar de primer nivel, el espacio pone el foco en una experiencia integral donde la cocina ocupa un lugar protagónico, pero también lo hacen el clima, el diseño y la intención detrás de cada detalle. La impronta es clara: ofrecer un recorrido sensorial que dialogue con la tradición local desde una mirada contemporánea.


El corazón del proyecto está en su propuesta culinaria, atravesada por el horno de barro como sello distintivo. A partir de esta técnica, la carta despliega una selección de carnes premium, mariscos y pescados que construyen una identidad propia, con sabores intensos y una ejecución precisa. Integrando maridajes, coctelería y una cuidada selección de vinos que acompañan la experiencia.

Pero más allá de los ingredientes, hay una intención clara detrás de la propuestas de Stud: “Todos los platos fueron pensados especialmente para compartir con amigos o venir con tu pareja. Son súper sabrosos y están trabajados en detalle con maridajes, tragos y la carta de vinos”, nos cuenta Santiago Chittaro Villar, uno de los responsables del lugar.
El espíritu del lugar se apoya en la idea de encuentro, donde compartir se vuelve el eje que articula toda la propuesta. En ese cruce entre tradición, estética y experiencia, el espacio logra conectar con una sensibilidad muy ligada a la cultura argentina.

Detrás del concepto, sin embargo, hay una historia más personal. Juan Andrés Ávila, otro de los socios, lo resume desde el origen: “Stud nace de una idea por la pasión y el amor por los caballos. Cada espacio, cada rincón, la coctelería y la comida cuentan una historia”.

Ese universo ecuestre no es decorativo: atraviesa toda la experiencia. “Gran parte de la idea nace desde mi infancia, por el amor a los caballos. La idea era trasladar esa pasión a un espacio donde la gente pueda venir a tomar un trago, comer algo, socializar y pasar un buen momento”, cuenta.

Así, Stud no es solo un restaurante, sino un concepto que busca conectar con una tradición muy arraigada en la cultura argentina. Y si bien está abierto a todo público, hay algo que resuena especialmente en quienes tienen afinidad con ese mundo. “Las personas que aman los caballos, los deportes y las costumbres argentinas van a disfrutar mucho de estos espacios y del amor que le pusimos a cada lugar”, suma Ávila.

El espacio acompaña esa ambición. Ubicado en el segundo piso del Palacio, el bar cuenta con un salon pegado a la barra y la cocina. Además, de una terraza que se convierte en protagonista, ideal para extender la experiencia.


Con una propuesta clara, identidad marcada y una apuesta fuerte al detalle, Stud se posiciona como uno de esos lugares que invitan a quedarse. Por la comida, por el ambiente y por una narrativa que encuentra en el fuego y en los caballos una forma de contar algo distinto dentro de la escena porteña.