Georgina Valdez Cristofani en arteba 2026: cómo elegir y comprar tu primera obra
 

Georgina Valdez Cristofani en arteba 2026: "El arte nos enseña a mirar con ojos propios"

Georgina Valdez Cristofani en arteba 2026: “El arte nos enseña a mirar con ojos propios”
La galerista y curadora presenta una nueva propuesta de The White Lodge en arteba. En esta entrevista habla sobre el vínculo con las obras, las primeras compras y por qué no hace falta ser especialista para disfrutar del arte contemporáneo.
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Para Georgina Valdez Cristofani, arteba es mucho más que una feria. Es el momento del año en el que la comunidad artística se reúne, celebra y pone en circulación nuevas miradas. Una suerte de ritual colectivo que ella define, con humor, como “la Navidad del arte”.

En la edición 2026, The White Lodge participa por novena vez con una selección que combina artistas consagrados, figuras del arte moderno y talentos emergentes. Entre ellos aparecen nombres como Nicola Costantino, Sandro Pereira, Mateo Argüello Pitt, Javiera Gart y Santiago Viale.

Georgina Valdez Cristofani: “El arte nos enseña a mirar con ojos propios”
Georgina Valdez Cristofani presenta la propuesta de The White Lodge en arteba 2026

Pero la propuesta de Georgina también persigue otro objetivo: acercar el arte contemporáneo a quienes sienten que no saben lo suficiente para entrar en ese universo. “Cada persona ve una obra desde su subjetividad”, sostiene. Y desde esa idea construye una galería que busca formar nuevos públicos y acompañar a quienes desean comprar su primera pieza.

arteba, “la Navidad del arte”

—¿Qué significa para vos participar de una nueva edición de arteba?

—Esta es la novena edición de arteba en la que participa The White Lodge. Siempre hago el chiste de que es como la Navidad del arte: un momento en el que se junta toda la comunidad artística, nos ponemos nuestras mejores ropas y celebramos. Es una fecha muy importante para la escena artística y cultural argentina, en particular para la ciudad de Buenos Aires.

Para nosotros también es el momento más importante del año en términos de ventas y el espacio donde nos reencontramos con nuestros clientes. La propuesta que presentamos año tras año permite mostrar el crecimiento y la evolución sostenida de nuestro proyecto.

La feria también funciona como un termómetro para el mercado de arte argentino y para la galería en particular. Lo que invertimos y recaudamos en arteba se convierte, en cierto modo, en nuestra proyección para el año siguiente. Por eso es una fecha central para una galería que trabaja en la Argentina.

Georgina Valdez Cristofani: “El arte nos enseña a mirar con ojos propios”
El espacio de The White Lodge reúne obras de artistas consagrados y talentos emergentes.

—¿Qué va a encontrar el público cuando visite el espacio de The White Lodge?

—Va a encontrar una propuesta curada. Desde hace varios años trabajamos con dos líneas. Una es “Naturaleza del futuro”, que tiene que ver con el medioambiente, con pensar la naturaleza dentro de los espacios urbanos y volver a incorporarla a los interiores a través del arte.

La otra línea se llama “Urbano salvaje” y reúne a artistas que presentan un tipo de arte más primitivo, alejado de lo academicista y de los dogmas. Son artistas auténticos y originales en su manera de producir, que pueden considerarse outsiders de un sistema que muchas veces nos limita como seres humanos.

Sus obras promueven cierta libertad de pensamiento y de acción, pero lo hacen desde una mirada dulce, ingenua y tierna. Hay rebeldía, aunque expresada en un tono muy amoroso. Esas son las dos grandes líneas que atraviesan a los artistas que representamos.

Este año, además, presentamos como novedad obras de artistas modernos y del mercado secundario. Hay nombres como Gyula Kosice, Carmelo Arden Quin y Martha Boto. También contamos con obras históricas, de calidad museística, de dos grandes maestros peruanos: Fernando de Szyszlo y Tilsa Tsuchiya.

El público también podrá encontrar trabajos de Nicola Costantino, una artista constante en nuestro espacio, y de Sandro Pereira, que tuvo una actuación espectacular en la feria. Una de sus obras fue adquirida por la Colección Balanz a los 15 minutos de comenzar el encuentro: fue una de las primeras compras.

Además, presentamos la obra del artista cordobés Mateo Argüello Pitt y la de Javiera Gart, una pintora chilena que vive en Australia y con quien estoy trabajando. A ellos se suma Santiago Viale, escultor que desarrolla piezas cinéticas y sonoras y cuya obra fue premiada por ArtHaus.

En la trastienda también están presentes artistas con los que trabaja habitualmente la galería, como Jacinto Muñoz, Rosa Mercedes González, Manuel Coll y Gerardo Oberto.

Georgina Valdez Cristofani: “El arte nos enseña a mirar con ojos propios”
La selección combina diferentes lenguajes con una curaduría pensada para acercar el arte contemporáneo a nuevos públicos.

Cómo se construye una selección para arteba

—¿Cómo elegís las obras y los artistas que presentás en una feria tan importante?

—La selección surge de una combinación entre una propuesta curatorial y la intención de posicionar comercialmente a ciertos artistas dentro del mercado.

Este año llevamos a dos artistas muy consolidadas para nosotros, Nicola Costantino y Sandro Pereira, que vienen protagonizando algunas de las ventas más importantes de la galería. Sus trabajos fueron adquiridos por muy buenas colecciones y también por museos. Son artistas que atraviesan un gran momento de sus carreras y que acompañamos de manera sostenida.

Por otro lado, presentamos a Mateo Argüello Pitt como un artista recientemente incorporado a la galería. Tiene una carrera sostenida en el mercado y un cuerpo de obra fuerte.

Javiera Gart y Santiago Viale son artistas jóvenes, pero ya tienen bastante recorrido. Ella es pintora y él trabaja con esculturas cinéticas y sonoras. Ambos cuentan con un lenguaje constituido y están preparados para ingresar con mayor fuerza al mercado y comenzar el pasaje desde la categoría de emergentes hacia una etapa intermedia de sus carreras. La galería acompaña esos procesos.

Por un lado, sostenemos las carreras de artistas ya posicionados. Por otro, presentamos y promovemos nuevas miradas y lenguajes. Una de las características de The White Lodge es que en nuestro espacio siempre se pueden encontrar propuestas inesperadas y artistas que todavía no son tan conocidos.

Además de los nombres consolidados, tratamos de incluir algo nuevo para provocar sorpresa. Queremos demostrar que el arte no es repetitivo ni se limita únicamente a quienes ya están posicionados.

Georgina Valdez Cristofani: “El arte nos enseña a mirar con ojos propios”
En su novena participación en arteba, la galería propone un recorrido que invita a observar las obras desde una mirada personal.

—¿Qué tiene que generar una obra para que decidas exhibirla?

—Tiene que cumplir varios requisitos. Por un lado, intento ponerme en el lugar del cliente y pensar cómo esa obra podría convivir con él.

Hay piezas pensadas para museos, instituciones, empresas o edificios, mientras que otras fueron concebidas para individuos y espacios domésticos. Cuando selecciono una obra, intento comprender cuál es su público y si tengo esos clientes o puedo contactarlos. La galería debe ser el vínculo entre la obra y la persona que puede incorporarla a su espacio.

Las obras también deben hacernos pensar, asombrarnos por su capacidad técnica, por una idea brillante o por un desarrollo estético particular. Pero, al mismo tiempo, creo que deben responder al mercado y a aquello que las personas están buscando en determinado momento.

Existe un aspecto sociológico en todo esto. El arte dialoga con lo contemporáneo, con las necesidades sociales y particulares de las personas. Cuando las obras establecen ese diálogo de manera asertiva, suelen encontrar a su público. Así se genera un vínculo provechoso para el artista, la galería y quien adquiere la pieza.

Georgina Valdez Cristofani: “El arte nos enseña a mirar con ojos propios”
El stand invita a descubrir nuevas miradas y a establecer un vínculo íntimo y personal con cada obra.

Por qué el arte contemporáneo no debería intimidarnos

—¿Por qué creés que muchas personas sienten que el arte contemporáneo es difícil de entender?

—Porque muchos gestores, curadores y comunicadores intentan complejizar demasiado su lenguaje y llevarlo hacia un lugar excesivamente intelectual. Eso puede ser interesante para un nicho o para una parte de la sociedad que tiene el tiempo y la formación necesarios para profundizar profesionalmente en el arte contemporáneo.

También soy curadora y trabajo en la formación de públicos y audiencias. Estoy convencida de que el arte contemporáneo puede ser mucho más fácil de comprender que el arte antiguo porque pertenece a nuestra época y habla de cuestiones actuales y cotidianas.

Desde la galería intento darle confianza al público para que crea en su propia mirada. El arte es subjetivo y cada persona puede tener una opinión. Existen voces autorizadas e importantes, pero eso no significa que haya una única verdad.

The White Lodge propone una galería abierta a nuevas ideas, lenguajes y públicos.

Una obra no se siente de la misma manera para todos. Cada persona la observa desde su subjetividad. Eso hace que el arte sea maravilloso: no existe una sola mirada, sino que nos enseña a ver con ojos propios.

De hecho, el nombre The White Lodge tiene relación con esa idea. The White Lodge es un espacio de otra dimensión que aparece en la serie Twin Peaks, de David Lynch. Es una suerte de lugar surrealista que representa el inconsciente. Allí, el personaje se encuentra consigo mismo y con sus miedos, y debe enfrentarlos para poder salir.

Para mí, esa situación funciona como una analogía de la experiencia frente a una obra o dentro de una galería. Una persona entra y, al observar una pieza, se encuentra con sus propios fantasmas, temores y pensamientos.

En lugar de imponer tantas interpretaciones provenientes de la historia del arte, sería interesante enseñarle al público a mirar con sus propios ojos. La experiencia artística es personal, única e irrepetible. Si más personas entendieran esto, podrían relacionarse con las obras de una manera mucho más satisfactoria y feliz.

Cada rincón del espacio fue pensado para favorecer un encuentro cercano con las obras.
Cada rincón del espacio fue pensado para favorecer un encuentro cercano con las obras.

—¿Qué consejo le darías a alguien que visita arteba por primera vez?

—Que se tome el tiempo necesario para recorrerla. Si puede ir varios días, sería ideal, porque es una experiencia que puede resultar abrumadora. Hay mucho para ver e incorporar: imágenes, sensaciones y propuestas. Hacer todo el recorrido en una sola jornada puede ser demasiado.

También recomiendo sacar fotos con el celular y anotar los nombres de los artistas que generan interés. Después se puede investigar, conocer otras obras y comprender el proceso completo de cada creador, más allá de la pieza puntual que se vio en la feria.

Cuando algo nos llama la atención, puede convertirse en la puerta de entrada hacia un mundo por descubrir. Una obra abre una ventana y nos invita a seguir transitando ese camino.

Mi otro consejo es acercarse con total honestidad. El vínculo con una obra puede ser una de las experiencias más sinceras e íntimas que una persona tenga. No hace falta posar ni responder a la opinión de los demás.

A veces sabemos por qué elegimos una pieza y otras veces no, pero existe algo que nos llama. Puede ser una conexión con el inconsciente, con un lenguaje místico o con una forma de pensamiento menos lineal. Es una pista, un misterio que vale la pena empezar a descubrir. Por eso les diría que no tengan miedo, que cierren los oídos a las opiniones ajenas y se concentren en su propia experiencia.

La galería reúne artistas consolidados y emergentes dentro de una propuesta curatorial propia.

Cómo elegir y comprar una primera obra

—¿Es necesario saber de arte para elegir una obra o alcanza con dejarse llevar por lo que nos emociona?

—Son dos maneras diferentes de comprar y ambas son válidas. Una persona puede estar interesada en adquirir arte como inversión o como resguardo de valor para futuras generaciones. En ese caso, debería contar con el acompañamiento de un profesional o de un art advisor que pueda orientarla hacia una inversión segura.

Pero también se puede elegir algo para la vida, la casa o los espacios cotidianos. Una obra que emocione, que tenga un significado personal y que no haya sido comprada con la intención de revenderla, sino para que forme parte del entorno y de los objetos que nos acompañan. Esa elección también es muy valiosa.

El arte contemporáneo se integra a un ambiente habitable que invita a recorrerlo sin prejuicios.

—¿Qué debería tener en cuenta una persona que quiere comprar su primera obra?

—Es una muy buena pregunta porque me especializo en primeras compras. Aproximadamente el 50 por ciento de los clientes que compran en la galería durante arteba son nuevos. Nos dedicamos a desarrollar e informar a compradores y coleccionistas, pero también acompañamos a quienes quieren comenzar a adquirir arte y abrirse a esa experiencia.

Lo primero es establecer un presupuesto posible. En nuestra galería, por ejemplo, ofrecemos cuotas, especialmente a quienes comienzan a comprar, para que puedan acceder a una pieza más importante y pagarla mes a mes.

También es importante dejarse llevar por el instinto y entender que al principio se pueden cometer errores. No debemos esperar acertar en cada compra. Hay que aprender a elegir, y ese aprendizaje se construye haciendo.

Una posibilidad es comenzar con piezas más accesibles para que, si después sentimos que nos equivocamos, no represente una pérdida económica importante.

De todos modos, el arte dura muchísimo tiempo y, durante ese período, nosotros cambiamos. Una elección que parecía acertada puede dejar de serlo y, años después, volver a encontrar un lugar en nuestra vida.

Las obras adquiridas funcionan como una especie de reloj que permite medir nuestro tiempo personal. Algo que hoy nos parece fantástico mañana puede traernos un recuerdo incómodo o generar sentimientos encontrados. Luego el tiempo vuelve a girar y esa pieza puede recuperar un lugar feliz. Ese proceso también forma parte del vínculo que cada persona establece con sus obras.

Georgina Valdez Cristofani busca transformar la visita a la galería en una experiencia personal y accesible.

El momento en que una obra encuentra a su público

—Después de tantos años como galerista, ¿qué sigue sorprendiéndote del encuentro entre una obra y el público?

—Ese encuentro sigue siendo mi máxima satisfacción como galerista. Me conmueve observar la mirada de las personas frente a las obras, independientemente de que finalmente las compren o no.

Con los años aprendí a leer al público y elegí construir una curaduría capaz de captar a una audiencia amplia. Busco que niños, coleccionistas y personas de distintas edades puedan encontrar algo que les interese, los asombre, los motive, los enternezca o los interpele.

Cuando eso no sucede, siento una pequeña frustración por no haberlo logrado. No siempre es posible y es normal que así sea. Pero si una obra consigue emocionar, despertar un comentario o robarle una sonrisa a alguien, siento que cumplimos nuestro objetivo como galeristas. Y creo que eso también es lo que los artistas buscan con su trabajo.

 
   

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