Ocho biomarcadores permiten observar procesos metabólicos, hormonales, inflamatorios y cardiovasculares dentro de una evaluación integral.
Un análisis de sangre puede ofrecer información que va más allá de señalar si un valor está dentro o fuera de rango. Interpretados en conjunto con la historia clínica, los hábitos y la evolución individual, algunos biomarcadores permiten observar cómo están funcionando distintos procesos del organismo.
Esa lectura integral forma parte de la medicina de la longevidad, un enfoque que no busca detener el tiempo, sino acompañar el paso de los años preservando la salud, la autonomía y la calidad de vida.
Qué busca la medicina de la longevidad
La Dra. Natalia Ayala Vázquez es médica neurocirujana, especialista en medicina regenerativa, cuenta con posgrados en longevidad, medicina del dolor e intervencionismo y es docente en la Universidad Austral.
Según explica la especialista, la medicina de la longevidad propone ampliar la mirada tradicional: además de diagnosticar y tratar enfermedades, busca comprender cómo funciona el organismo antes de que aparezcan síntomas.
Uno de sus conceptos centrales es el healthspan, que alude a los años vividos con buena salud, autonomía y funcionalidad. No se trata únicamente de vivir más, sino de observar cómo llegamos a cada etapa.
Ayala Vázquez señala que dos personas de la misma edad pueden presentar condiciones metabólicas, cardiovasculares y funcionales diferentes. Los hábitos, los antecedentes, la genética y el entorno forman parte de ese terreno biológico particular.
Qué pueden revelar los biomarcadores
Los biomarcadores son indicadores medibles que aportan información sobre diferentes procesos del organismo. A través de análisis de sangre y otras evaluaciones, pueden estudiarse aspectos vinculados con la inflamación, el metabolismo, la regulación hormonal y el riesgo cardiovascular.
Para Ayala Vázquez, el objetivo no debería limitarse a encontrar resultados fuera de los rangos de referencia. La información cobra valor cuando se analiza cómo se relacionan los indicadores entre sí y se los integra con la historia clínica, los hábitos, la composición corporal y la evolución de cada persona.
Un resultado aislado no define el estado de salud ni debería utilizarse para realizar un autodiagnóstico. La selección de los estudios y su interpretación requieren criterio médico individualizado.
Los 8 biomarcadores utilizados en medicina de la longevidad
Aunque cada evaluación responde a necesidades diferentes, Ayala Vázquez destaca ocho indicadores que pueden aportar información relevante dentro de un abordaje preventivo.
1. Ferritina
Es una proteína que almacena hierro, un mineral fundamental para transportar oxígeno y desarrollar diferentes funciones celulares. Los niveles bajos pueden indicar una deficiencia incluso antes de que aparezca anemia, mientras que los elevados pueden relacionarse con inflamación, alteraciones hepáticas o exceso de hierro.
2. DHEA-S
La dehidroepiandrosterona es una hormona producida principalmente por las glándulas suprarrenales y actúa como precursora de otras hormonas sexuales. Sus niveles suelen disminuir con la edad. Su medición puede aportar información sobre la función endocrina, aunque no representa por sí sola un indicador de longevidad ni justifica tratamientos hormonales.
3. Homocisteína
Es un aminoácido cuyo metabolismo depende, entre otros factores, de las vitaminas B6, B12 y del folato. Sus concentraciones elevadas pueden asociarse con un mayor riesgo cardiovascular y señalar ciertas alteraciones nutricionales, metabólicas o renales. Su utilidad depende del contexto clínico.
4. Proteína C reactiva ultrasensible
La PCR ultrasensible permite detectar concentraciones bajas de un marcador de inflamación sistémica. Su medición puede complementar la evaluación del riesgo cardiovascular, aunque no permite identificar por sí sola qué está provocando la inflamación.
5. Índice HOMA-IR
Se calcula a partir de los niveles de glucosa e insulina en ayunas y permite estimar la resistencia a la insulina, una alteración metabólica que puede aparecer antes del desarrollo de diabetes tipo 2. No es una prueba diagnóstica universal y debe interpretarse dentro de una evaluación más amplia.
6. Hemoglobina glicosilada
También denominada HbA1c, refleja aproximadamente el promedio de glucosa en sangre de los últimos dos o tres meses. Se utiliza para detectar y controlar alteraciones glucémicas, como la prediabetes y la diabetes, teniendo en cuenta las condiciones clínicas que pueden modificar su interpretación.
7. Relación entre triglicéridos y colesterol HDL
La relación TG/HDL aporta información complementaria sobre el perfil lipídico. Cuando se encuentra elevada, puede asociarse con resistencia a la insulina y otras alteraciones cardiometabólicas. No reemplaza los demás indicadores empleados para evaluar el riesgo.
8. Apolipoproteína B
La ApoB permite estimar la cantidad de partículas lipoproteicas aterogénicas presentes en la sangre, que pueden contribuir a la formación de placas en las arterias. En determinadas personas, brinda información adicional a la medición del colesterol LDL y amplía la evaluación cardiovascular.
Estos ocho indicadores representan solamente una parte de los datos que pueden contemplarse. Cuáles conviene medir depende de la historia y las necesidades de cada persona.
Edad cronológica y edad biológica: qué es PhenoAge
La edad cronológica expresa los años transcurridos desde el nacimiento. La denominada edad biológica, en cambio, intenta describir distintos aspectos del estado fisiológico del organismo, que no necesariamente evolucionan de la misma manera en todas las personas.
Entre los modelos desarrollados para explorar esa diferencia se encuentra PhenoAge o edad fenotípica. El algoritmo combina nueve biomarcadores sanguíneos con la edad cronológica y genera una estimación estadística asociada con ciertos patrones de envejecimiento y riesgo de mortalidad.
Una persona de 50 años, por ejemplo, podría obtener un PhenoAge estimado de 45 o 55. Esto no significa que su cuerpo tenga literalmente esa edad ni permite predecir cuánto vivirá. Ayala Vázquez subraya que se trata de una herramienta para interpretar el perfil biológico, no de un diagnóstico individual ni de un reemplazo de la evaluación médica.
Cómo trabajan los centros especializados en longevidad
Esta perspectiva ya comenzó a aplicarse en centros especializados, donde la atención puede integrar consulta médica, estudios diagnósticos, análisis de biomarcadores y seguimiento de hábitos.
Algunos también incorporan herramientas digitales para reunir información sobre alimentación, actividad física, descanso y otros factores modificables, y relacionarla con la evolución de determinados indicadores biológicos.
Según la especialista, la diferencia no está solamente en solicitar una mayor cantidad de estudios, sino en conectarlos y transformarlos en decisiones clínicas. A partir de esa mirada conjunta pueden establecerse prioridades y orientar estrategias personalizadas sobre hábitos, nutrición, movimiento y descanso.
El objetivo no es perseguir valores ideales de manera aislada, sino comprender el contexto biológico de cada persona y acompañar su evolución con criterio profesional.
El verdadero objetivo: vivir más años con salud
La medicina de la longevidad no promete frenar el envejecimiento. Su propuesta consiste en ampliar las oportunidades de preservar la salud, la autonomía y la funcionalidad a medida que pasan los años.
Conocer ciertos biomarcadores, revisar los hábitos y sostener un seguimiento adecuado puede ayudar a identificar factores de riesgo y tomar decisiones más informadas. Para Ayala Vázquez, el desafío no pasa solamente por contar con más tecnología, sino por interpretar mejor la información disponible y utilizarla cuando existe una oportunidad concreta de cuidar la salud.
Fuente: Dra. Natalia Ayala Vázquez (Co-founder & CEO)
Médica Neurocirujana Especialista en medicina regenerativa. Posgrados de longevidad, medicina del dolor e intervencionismo. Docente en la Universidad Austral.


