El cuidado de la salud visual no empieza en la adultez ni debería quedar limitado a los momentos en que aparece una dificultad para ver. Desde los primeros meses de vida existen controles que permiten detectar enfermedades y alteraciones que, si se diagnostican a tiempo, pueden tratarse de manera adecuada.
En el marco del Día Mundial de la Visión, que se conmemora cada 8 de octubre, el Dr. Jorge Alejo Peyret (MN 67724), oftalmólogo, jefe de la Unidad de Oftalmología del Hospital Durand, profesor adjunto de Oftalmología de la UBA y fundador y expresidente de la Asociación Argentina de Glaucoma (ASAG), habló con Para Ti sobre la importancia de cuidar la visión en cada etapa de la vida.
“Los 5 sentidos son sumamente importantes en la vida de cualquier persona: nos conectan con todo, nos traen recuerdos imborrables y permiten que hagamos un sinfín de actividades. La pérdida de cualquiera de ellos es una limitación importante”, explica el especialista.
Por eso, más allá de esperar a que aparezcan síntomas, hay determinadas edades en las que el control oftalmológico adquiere especial importancia.

Los primeros controles de la vista: desde el nacimiento hasta los 5 años
El cuidado de la visión comienza prácticamente desde que nacemos. Según explica Peyret, al bebé se le realiza un examen oftalmológico con dilatación pupilar al nacer, y luego se recomiendan controles durante los primeros meses y años de vida.
“El examen es fundamental para mirar los ojos y realizar un fondo de ojo, descartando enfermedades retinales, cataratas congénitas, entre varias otras enfermedades”, señala el oftalmólogo.
A los 3 y 5 años, además, ya es posible evaluar con mayor precisión cómo está viendo el niño y detectar si necesita algún tipo de corrección.
El especialista destaca especialmente la importancia de estos controles antes del comienzo de la escolaridad, porque la visión se desarrolla durante los primeros años de vida.
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“Desarrollamos la visión según veamos en estos primeros años de vida”, explica Peyret. Y agrega: “Si vemos borroso por no usar los anteojos necesarios, el niño aprenderá a ver borroso”.
Por eso, una alteración visual que no se corrige a tiempo puede tener consecuencias sobre el desarrollo de la visión. “Si lo corregimos más tarde, después de los 10 a 15 años, mejorará la visión, pero no llegará a ver bien”, advierte.
Durante la juventud: prestar atención a los síntomas
En la adolescencia y la juventud, los controles también son importantes, especialmente cuando aparecen síntomas que pueden estar relacionados con la visión.
Dolores de cabeza o somnolencia asociados a actividades visuales, dificultad para ver la televisión o la computadora y visión doble son algunas de las señales que, según el especialista, justifican una consulta oftalmológica.

“Todos estos son síntomas que requieren de un examen ocular”, sostiene Peyret.
La clave es no asumir que una molestia visual es simplemente consecuencia del cansancio o de pasar muchas horas frente a una pantalla sin realizar una evaluación.
A partir de los 40: presbicia y controles preventivos
Con el paso de los años aparecen cambios naturales en la visión. Uno de los más habituales es la presbicia, que suele comenzar alrededor de los 40 años y provoca dificultad para enfocar de cerca, incluso en personas que siempre tuvieron buena visión.
“Es una limitación muy incómoda en un momento de la vida exigente a nivel laboral”, explica Peyret.
El control oftalmológico en esta etapa permite encontrar la forma más adecuada de corregir la presbicia, pero también tiene otro objetivo: comprobar que los ojos estén saludables.
En ese sentido, el fondo de ojo puede aportar información relevante sobre la salud general. “Se puede pesquisar una diabetes o una hipertensión arterial, muchas veces en forma precoz, favoreciendo un tratamiento temprano y minimizando las complicaciones siempre dañinas de estas enfermedades”, explica el especialista.
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Glaucoma: por qué es importante detectarlo a tiempo
La adultez también es una etapa clave para comenzar con los controles destinados a detectar glaucoma, una enfermedad que puede avanzar durante mucho tiempo sin provocar síntomas evidentes.
“Es la enfermedad llamada ‘el ladrón silencioso de la visión’, ya que raramente da síntomas y cuando uno ve mal por el glaucoma, es muy tarde”, advierte Peyret.
El glaucoma daña las fibras del nervio óptico, que es el encargado de transmitir al cerebro la información que genera el ojo. Una vez que se produce el daño, la pérdida visual es irreversible.
Por eso, la detección temprana es fundamental. “Su tratamiento es fundamental para no caer en una ceguera irreversible, y cuanto antes lo diagnostiquemos y tratemos, menos dificultades tendremos”, destaca el oftalmólogo.

Después de los 60: cataratas y maculopatía
A partir de los 60 y 70 años aparecen con mayor frecuencia otras enfermedades relacionadas con el envejecimiento ocular, entre ellas las cataratas.
Se producen cuando el cristalino, la lente natural del ojo, pierde transparencia. Como consecuencia, la visión puede volverse borrosa, nublada o como si se mirara a través de una superficie sucia.
“Esta dificultad no mejora con la receta de anteojos y la cirugía es la solución”, explica Peyret.
En esta etapa también cobra importancia la maculopatía relacionada con la edad, que puede afectar la visión central, fundamental para distinguir detalles y realizar actividades que requieren una visión fina.
El seguimiento con el oftalmólogo permite detectar estos cambios y determinar el tratamiento adecuado para cada persona.
La importancia de no esperar a ver mal
Desde los primeros controles de un bebé hasta las consultas preventivas de la adultez y la tercera edad, el objetivo es el mismo: detectar a tiempo aquellos problemas que pueden afectar la visión y preservar la calidad de vida.
“Este pequeño racconto nos muestra solo algunas enfermedades o situaciones donde un examen a tiempo nos permitirá ver de forma adecuada y disfrutar todo lo que este sentido nos aporta”, resume el Dr. Peyret.
En el Día Mundial de la Visión, la recomendación es simple: no esperar a que aparezca una dificultad para consultar al oftalmólogo. La frecuencia y el tipo de controles dependerán de la edad, los antecedentes y las necesidades de cada persona, pero incorporar el cuidado de la salud visual a los controles de rutina puede ayudar a detectar problemas antes de que afecten de manera significativa la visión.



