Cómo poner límites a los hijos sin culpa: las claves de una psicóloga especialista en crianza
 

El límite como un "abrazo invisible": por qué decir que no también es una forma de cuidar

Cómo poner límites a los hijos sin culpa: las claves de una psicóloga especialista en crianza
La psicóloga Agustina Pérez Gomar propone una mirada sobre la crianza en la que los límites dejan de vivirse como castigo para convertirse en una herramienta emocional clave. Cómo influye la seguridad del adulto, por qué la frustración es necesaria y de qué manera un “no” amoroso ayuda a construir identidad y bienestar.
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En plena época de crianza consciente, donde muchas veces aparece el temor a frustrar o incomodar a los hijos, la Licenciada Agustina Pérez Gomar propone correrse de la idea del límite como castigo. Para ella, marcar bordes claros no implica rigidez ni distancia emocional: es, en realidad, una forma de sostén.

Desde una mirada basada en autores como Winnicott y Jesper Juul, la especialista sostiene que los niños no crecen de manera aislada, sino atravesados por historias familiares, vínculos y legados emocionales. En ese contexto, el límite aparece como una necesidad profunda para el desarrollo psíquico y emocional.

Un contorno que organiza y da seguridad

Según Pérez Gomar, el límite funciona como un contorno que le permite al niño diferenciar su “yo” del “no-yo”. Sin esos bordes, puede quedar atrapado en una sensación de omnipotencia que termina generándole angustia.

Lejos de ser una barrera, el límite actúa como una referencia que organiza la realidad y aporta previsibilidad. También es el punto donde el niño empieza a construir su propia ley interna, esa voz que más adelante lo ayudará a distinguir qué está bien y qué no.

Para la especialista, además, los límites cumplen una función protectora: son una especie de “abrazo invisible” que permite explorar el mundo sabiendo que hay un adulto sosteniendo la seguridad emocional.

La autoridad no se impone: se transmite

Uno de los puntos centrales de la mirada de Pérez Gomar tiene que ver con la posición del adulto. La psicóloga remarca que los niños no aprenden solamente de las palabras, sino de lo que perciben en el tono, la mirada y la energía de quienes los cuidan.

“Nuestros hijos no necesitan padres perfectos, necesitan padres que sepan pararse. Un niño no necesita un adulto perfecto, necesita un adulto previsible”, afirma.

En esa línea, explica que cuando el adulto duda constantemente, se quiebra o pierde estabilidad emocional, el niño percibe esa fragilidad y deja de sentirse sostenido.

También señala la importancia de mantener una diferenciación clara entre adultos y niños. Para poder guiar, tiene que existir una diferencia de poder y de saber. Cuando el adulto intenta ubicarse exactamente al mismo nivel, el niño puede sentirse desorientado.

La crianza consciente, plantea, también implica volver a la presencia real: mirar a los hijos a los ojos y correrse de los modelos ideales que muchas veces imponen las redes sociales.

Cómo sostener un “no” amoroso

Poner límites requiere encontrar un equilibrio entre firmeza y ternura. Pérez Gomar define esa combinación como “firmeza amorosa”.

Para eso, menciona tres pilares fundamentales:

Firmeza y calma

El adulto necesita decir lo que tiene que decir sin dudar y sin perder la calma. El niño necesita sentir que la emoción del momento no supera la capacidad de sostén del adulto.

Coherencia entre palabras y acciones

La especialista señala que no se puede pedir algo que no se modela. El ejemplo y la coherencia son parte fundamental del límite.

Conexión emocional

Decir “no” no implica retirarse afectivamente. El vínculo no se rompe por el límite, sino por la indiferencia. Se puede marcar un borde y seguir estando disponible para acompañar y contener.

Frustración, berrinches y culpa

Pérez Gomar advierte que muchos adultos sienten culpa al frustrar a sus hijos porque asocian el respeto con la permisividad. Sin embargo, sostiene que la frustración forma parte de una crianza saludable.

En lugar de evitar el enojo o el malestar, el rol del adulto es acompañar esa emoción mientras el niño la atraviesa.

Ante un berrinche, explica, el adulto debe “prestar su corteza prefrontal”: ayudar a regular la emoción desde la calma, en vez de desbordarse junto al niño.

Para la psicóloga, poner límites también puede convertirse en una forma de reparación personal. Un modo de abrazar al niño que uno fue y entender que es posible marcar un borde sin dejar de amar.

Los distintos tipos de límites en la vida cotidiana

En la práctica, los límites pueden aparecer de diferentes maneras según la situación:

Límites físicos

Están vinculados al cuidado y la seguridad inmediata. Por ejemplo: “No se cruza la calle solo”.

Límites emocionales

Validan la emoción, pero ordenan la manera de expresarla. Por ejemplo: “Podés estar enojado, pero no podés gritar”.

Límites sociales

Ayudan a construir empatía y convivencia. Como aprender a no interrumpir cuando otra persona habla.

Límites digitales

Requieren anticipación y consistencia. Por ejemplo, establecer horarios claros para el uso de pantallas.

Priorizarse para sanar: la charla que Agustina Pérez Gomar presentará en Buenos Aires

El próximo 13 de mayo, Agustina Pérez Gomar llegará a la Teatro Premier para presentar su charla “La persona más importante de tu vida sos vos”.

Después de recorrer distintas ciudades de Uruguay con entradas agotadas, la especialista desembarcará en Buenos Aires con una propuesta centrada en el agotamiento emocional, la desconexión y la necesidad de volver a uno mismo.

Frenar el “piloto automático”

Según Pérez Gomar, vivimos atravesados por demandas permanentes y expectativas externas que generan un “vacío emocional” cada vez más frecuente.

“En ese ritmo acelerado, los sueños se posponen y dejamos de escuchar lo que sentimos; así es como comienza un proceso silencioso en el que nos vamos alejando de nuestra propia esencia”, sostiene.

La charla aborda cómo la hiperconexión digital y la sobrecarga de información dificultan los espacios de introspección y descanso necesarios para el bienestar.

La infancia y las voces que quedan

Para la psicóloga, muchas de las exigencias y autoexigencias adultas tienen raíces en mensajes incorporados durante la infancia, como “no podés”, “no sos suficiente” o “tenés que ser perfecto”.

Con el tiempo, esas voces externas se transforman en un diálogo interno que condiciona decisiones y vínculos.

Por eso, la especialista plantea que la salud mental se construye todos los días: en la forma en que nos hablamos, en los límites que ponemos y en la manera en que aprendemos a priorizarnos.

“Priorizarse no es egoísmo como comúnmente se piensa, es responsabilidad afectiva. Implica reconocer nuestras necesidades para marcar una diferencia real en nuestro bienestar”, asegura.

Una mirada enfocada en el bienestar emocional

Además de su práctica clínica, Agustina Pérez Gomar es creadora de la colección de libros infantiles “Ser Niño”, donde aborda temas como los límites, la impulsividad y el duelo a través de la narrativa.

También se desempeñó como docente y como psicóloga en La Voz Kids Uruguay, experiencias que, según plantea, enriquecieron su mirada sobre los vínculos y la gestión emocional en distintas etapas del desarrollo.

 
   

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