Frida Kahlo y Diego Rivera: la historia de un amor que dolía detrás del ícono de mujer fuerte - Revista Para Ti
 

Frida Kahlo y Diego Rivera: la historia de un amor que dolía detrás del ícono de mujer fuerte

La admiramos como símbolo de libertad, feminismo y amor propio. Pero detrás de la Frida Kahlo que conocemos también existió una mujer atravesada por las contradicciones, las infidelidades y el sufrimiento amoroso. Una mirada íntima sobre su relación con Diego Rivera que nos invita a hacernos una pregunta incómoda: ¿quién fue nuestro Diego?
Mariana Fernández Fava
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Amo profundamente a Frida. Tal vez por eso necesito mirarla más allá de la imagen que construimos de ella.

Frida Kahlo se convirtió en mucho más que una artista. Su rostro, sus cejas, sus flores y sus frases recorrieron el mundo hasta transformarla en un ícono de libertad, amor propio, empoderamiento y feminismo.

Pero hay algo que me incomoda —y, al mismo tiempo, me conmueve— cuando la miro. Porque detrás de Frida estaba también suFrida.

Una mujer que hablaba de libertad mientras permanecía atada a un amor que muchas veces parecía dolerle más de lo que la hacía feliz.

Diego. El apestoso Diego.

No quiero quitarle a Frida su lugar de mujer poderosa. Al contrario. Lo que me interesa es devolverle algo más humano: la posibilidad de ser contradictoria.

Porque una cosa es la mujer que construimos a través de sus frases y otra, mucho más compleja, es la mujer que vivió.

Frida lo amó. Lo amó incluso cuando la traicionó, los desencuentros y las heridas formaron parte de ese vínculo. Y allí aparece una pregunta incómoda: ¿cuántas veces sabemos perfectamente qué deberíamos hacer y, sin embargo, no podemos hacerlo?

Encontramos a Frida en imanes de heladera, tazas, remeras y tapas de libros. La convertimos en la imagen de una mujer que se elige a sí misma.

En sus pinturas no necesitó demostrar que era fuerte. Pintó su cuerpo. Pintó la soledad. Pintó la enfermedad, la pérdida, el deseo. Pintó aquello que quizás no siempre podía nombrar.

Por eso sus cuadros me conmueven más que algunas de sus frases. Porque allí no hay una mujer intentando convertirse en símbolo

La amo no por la mujer perfecta que inventamos después de su muerte, sino por esa mujer apasionada, herida, contradictoria y profundamente humana que existió antes de quedar atrapada en el personaje.

Todos, alguna vez, tuvimos un Diego. No necesariamente se llamó Diego.

Puede haber sido alguien cruel, indiferente, manipulador o infiel. Alguien que nos hizo confundir amor con espera, deseo con sufrimiento, intensidad con dolor.

La pregunta ya no es solamente quién fue el suyo.
¿Quién fue tu Diego?
Nombrarlo puede ser también una forma de empezar a soltarlo. suFRIDA.

Porque a veces la mujer que admiramos por su fortaleza también nos enfrenta con aquello que todavía tenemos que aprender a hacer por nosotras mismas.

Fuente: Mariana Fernández Fava es escritora. Híbridos de literatura, ensayo y mirada introspectiva. Encontrá más de sus textos en Instagram: @marian_ffava

 
   

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