Mentiras en la pareja: cómo actuar cuando uno descubre la verdad – Revista Para Ti
 

Mentiras en la pareja: cómo actuar cuando uno descubre la verdad

Cada miembro de la pareja evaluará la dimensión de la mentira y las consecuencias de ellas -existen mentiras que son leves y otras graves- pero, en cualquier caso, es tan válido perdonar al otro por lo que  ocultó como separarse si uno considera que ya no podrá confiar más en su palabra.
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Decir verdad es un valor moral en todo tipo de relación, más aún en las parejas: siempre se pide que la honestidad esté presente siempre. Es común escuchar “desde el principio existió el compromiso de hablar de todo, sin tapujos, sin embargo llegado el momento hubo ocultamientos y mentiras”. Sostener la veracidad de los hechos y de los sentimientos es ante todo un compromiso con uno mismo. Y uno se acostumbra a engañarse o a no ser fiel con el compromiso asumido. Tanto para uno mismo o para con los demás se usan formas defensivas para atenuar el impacto que tienen las situaciones y una de ellas es la mentira.

La mentira como defensa

Foto: 123 rf

"La justificación es uno de los mecanismos más frecuentes: “no le digo lo que pienso para no hacerle daño” o “estamos cansados, mejor dejamos el sexo para otro día”. La justificación es un recurso que tapa en forma elegante lo que en verdad se siente. Muchas veces este mecanismo está tan naturalizado que se hace en forma inconsciente, acostumbrándose a este mensaje repetitivo", asegura el doctor Walter Ghedín, psiquiatra y sexólogo.

"Otra forma de eludir enfrentarnos con la verdad es darle lugar a la ilusión. La persona percibe o intuye aspectos negativos del otro, sin embargo, la ilusión o la esperanza de que la relación prospere deja inmediatamente de lado cualquier factor que la complique. La ilusión está aliada con la negación, por lo cual el otro pasa a tener cualidades que nublan cualquier posibilidad de crítica", continúa el especialista.

¿La verdad asusta?

Foto 123 rf

Parece extraño que un valor como es la franqueza provoque desigualdad en los vínculos. Cuando los dos se asumen como leales a la verdad (cosa que no ocurre con frecuencia) y se dicen cosas que pueden llegar a ser dolorosas, el vínculo tiene dos caminos posibles: o se refuerza o entra en crisis.

"En ambos casos dependerá de le estabilidad amorosa y de las capacidades que tenga el vínculo para encarar los hechos sin tapujos. Sin embargo, lo que más se observa es la disparidad: uno pretende honestidad y el otro oculta. Los motivos que llevan a distorsionar los hechos son múltiples: dar una imagen que sale de la corrección social; subestimar al otro que no se va a dar cuenta de la fabulación; convencerse de que es mejor “ojos que no ven corazón que no siente”; minimizar el hecho que se oculta, etc", explica Ghedín.

Existen personalidades que hacen de la mentira su modus operandi. Pareciera que se convencen de su discurso embaucador y lo expresan con una seguridad que no deja lugar a dudas. "En este caso la mentira no es una inocente distorsión de la realidad con el fin de no exponer la verdad, es una conducta de manipulación que envuelve al otro. En estos casos la reacción de la víctima dependerá también de su capacidad para enfrentar y poner límites o bajar la cabeza esperando que en algún momento exista una verdadera corrección de la conducta, cosa que es de por sí difícil", confirma el psiquiatra.

La mentira compromete a la víctima de dos maneras: le da bronca y se angustia y al mismo tiempo se reprocha por habérsela creído o por confiar en el otro.

Llegó la hora de actuar

Foto: 123 rf

"Fuera de los casos extremos que llevan a usar la mentira en forma constante para manipular y hacer del otro una posesión exclusiva, la mentira cumple en las parejas una función moderadora de las tensiones que se podrían generar si la verdad surgirá con toda su crudeza. No estoy diciendo que es válido mentir, tampoco que hay que decir la verdad a toda costa", sorprende el doctor Ghedín.

"Cada miembro de la pareja evaluará la dimensión de la mentira y las consecuencias que resultan. Existen mentiras que son leves y otras graves. Las leves abundan y si se descubren no provocan demasiado alboroto, en cambio las graves (infidelidades, gastos desmedidos, enfermedades de trasmisión sexual, volver a ver la expareja, ocultar otros hijos, tener otra pareja del mismo sexo o no revelar la nueva orientación sexual, etc.) conllevan mucho dolor y serias dificultades para continuar sostenido el vínculo amoroso", continúa.

!Creo que cuando la verdad sale a la luz no sirve quedarse en la bronca, en los reproches o intentar “atar cabos” para armar la historia que el otro ocultó. En este caso es mejor separarse que seguir anclado en el conflicto. Si una pareja frente a la verdad decide continuar debe poder superar la crisis y apostar a lo mejor de cada uno. De nada sirve estar en un estado de alerta esperando que se repita la deslealtad", concluye el psiquiatra.

Asesoró: Doctor Walter Ghedín, psiquiatra

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