De la corporación a la mentoría: Angie Mastrángelo reflexiona sobre el salto emprendedor y la gestión de equipos
 

"A veces tenemos que permitirnos decir 'no sé'": Angie Mastrángelo, del mundo corporativo a la mentoría en liderazgo

Con más de 15 años al frente de su propio broker de seguros y especializada en psicología organizacional, la capacitadora abre las puertas de su casa para reflexionar sobre la gestión de personas, el rol de la mujer en los negocios y el salto al mundo de la oratoria.
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Angie Mastrángelo recibió al equipo Para Ti en su casa, en medio de la dinámica y la rutina familiar de todos los días. En un clima relajado y ameno, transmite desde el primer momento una pasión genuina por lo que hace desde muy joven. Se nota en su forma de hablar: hay una intención permanente de compartir aprendizajes y de aportar herramientas para que las organizaciones optimicen sus procesos sin perder el factor humano.

Casada y mamá de dos hijos varones con una marcada diferencia de edad, la empresaria reflexiona sobre lo que significó volver a empezar en esta "segunda gestión" de la maternidad. Esa idea de reinvención atraviesa también su presente profesional: actualmente se encuentra en plena producción de un libro donde busca volcar su trayectoria, un proceso de escritura introspectivo que la conmueve profundamente al repasar el esfuerzo, los obstáculos y las satisfacciones acumuladas a lo largo de los años.

De la corporación a la mentoría: Angie Mastrángelo reflexiona sobre el salto emprendedor y la gestión de equipos
De la corporación a la mentoría: Angie Mastrángelo reflexiona sobre el salto emprendedor y la gestión de equipos

Contadora Pública de profesión, Mastrángelo suma una Maestría en Psicología Organizacional, certificaciones en coaching ejecutivo y ontológico, y más de 15 años de experiencia comercial liderando su propio broker de seguros, Mastrángelo Molina. Hoy, además de ser embajadora de la Red de Mujeres en Seguros y liderar proyectos en BK Capacitación, divide su tiempo entre la consultoría corporativa, los medios de comunicación y las charlas sobre autoliderazgo y cultura de servicio.

En esta nueva edición de Las elegidas, repasa los orígenes de su vocación, el valor de la vulnerabilidad en la toma de decisiones y las claves para acompañar a los equipos en tiempos de cambio.

El recorrido profesional y el valor de la formación

¿Cómo te gusta presentarte?

— Bueno, mi nombre es Angie Mastrángelo. Últimamente me vengo presentando con dos sombreros: por un lado, soy dueña de un broker de seguros y, por el otro, estoy trabajando en todo lo relativo a charlas sobre liderazgo, motivación y cultura de servicio. Me gustaría decir speaker, pero todavía me da un poco de cosita, así que en eso estamos.

Eso es algo que sumaste hace poco.

— Estoy trabajando en esto y parte del proceso tiene que ver con seguir profesionalizando el rol de oradora, que es el que más me gusta y el que descubrí en este último tiempo.

Calculo que hay un trayecto largo desde que eras una niña y decías: "Cuando sea grande voy a ser...". ¿Qué completaba esa frase en ese momento?

— Creo que pasé por varias cosas. No astronauta, pero sí cuestiones relacionadas con los animales, como los delfines. Después, más entrada en la adultez, me empezó a gustar mucho el mundo de los negocios, la empresa, liderar y coordinar. Creo que ya de jovencita me atraía el lado de dirigir, organizar y tener mi propia empresa.

¿Y era algo que estaba dando vueltas en tu familia o veías algún ejemplo cercano?

— Mi viejo es productor de seguros y tiene su propio broker. Creo que viene un poco por ahí. Además, siempre estuve rodeada de sus clientes, personas que tenían sus propias organizaciones y empresas.

¿Cuál es tu formación?

— Soy contadora de profesión, aunque nunca ejercí porque una cosa me fue llevando a la otra. En el medio fui sumando otras formaciones: me recibí de coach ontológico, coach ejecutivo y organizacional, hice una consultoría y una maestría en psicología organizacional. También soy productora de seguros por legado. Ese es un poco mi recorrido académico.

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¿Qué el lo que más recordás de los años de estudio?

— El otro día se lo decía a no sé si a mi hijo o a quién: para mí la época de la facultad fue una de las más lindas de mi vida. Cursé en la UBA. En ese momento hicimos el primer año del CBC y un segundo año donde nos tocó repetir todas las materias juntos a un grupo de seis o siete chicos. Fue como un secundario más. Todos llevábamos amigos de nuestros colegios; cuando salíamos a bailar éramos como cuarenta, superdivertido.

Ese primer año fue increíble y tengo los mejores recuerdos de la universidad. Al año siguiente nos mudamos a la sede Drago, nos acoplamos a otro grupo y la banda se agrandó aún más. Estudiábamos mucho en distintas casas. En la mía estaba buenísimo, pero a la vez decíamos: "Che, no le preguntemos a tu viejo porque le hacés una consulta y te empieza a contar de todo". Después estudiábamos mucho en la casa de una de las chicas, que tenía disponible la casa de la abuela. Nos quedábamos a dormir ahí y tenemos miles de anécdotas. Como en los primeros años no trabajábamos —yo empecé a trabajar recién en los últimos dos o tres años—, cuando teníamos que estudiar para un parcial nos internábamos. Salíamos de ahí e íbamos a la facultad sin dormir, pero fue una hermosa época.

¿Y ahí ya proyectabas un futuro posible?

— Tenía claro lo que no quería: no me imaginaba teniendo mi propio estudio contable, sabía que no iba por ahí. A veces aparece primero lo que no querés antes que lo que querés. Sabía que el estudio chiquito no era para mí y en ese momento tenía la idea de trabajar en una corporación, hacer carrera corporativa.

Yo trabajé con mi viejo desde los 14 años, medio cadeteando. Por eso, cuando digo que en los primeros años no trabajaba, me refiero a que al trabajar con mi papá me podía tomar tres días para estudiar. Después trabajé en la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y más tarde entré en el mercado corporativo.

Me imagino que quizás no te veías detrás de un escritorio porque tenés un perfil muy sociable y necesitás comunicar. ¿Iba más por ahí?

— Iba más por ahí. Tenía esa mirada del estudio tradicional de esa época y no me veía desde ese lugar. Creo que ya se perfilaba esto de liderar. Hay una frase que me acompaña siempre: liderar un equipo o una empresa. Siempre me gustó ese concepto de coordinación y liderazgo, ya fuera en relación de dependencia o de manera autónoma.

La búsqueda de herramientas y el salto emprendedor

Con respecto a todas estas formaciones complementarias que fuiste incorporando, calculo que en tu carrera empezaste a ver que faltaban herramientas o que se podía dar una mano desde otro lugar.

— Arranqué hace 15 años con el broker y ahí empecé a liderar. Primero trabajé sola, después se sumó mi marido al equipo y más adelante necesitamos incorporar personal. Cuando llegó ese momento, me empecé a dar cuenta de que me faltaban herramientas. Más allá de las capacitaciones del mercado corporativo y de haber tenido gente a cargo, la sensación era que me faltaba camino.

Llegaba a la oficina con la cara larga y el equipo quedaba desmotivado. La emocionalidad del líder es la emocionalidad del equipo: si yo entraba de mal humor, el resto de la oficina estaba igual. Ahí me di cuenta de que necesitaba herramientas para trabajar con la gente. Buscando un programa de liderazgo me topé con el coaching. Me pareció excelente y sentí la necesidad de compartirlo. Todas esas herramientas las usé primero en mí y en mi equipo, pero después nació con fuerza la idea de que esto no te lo podés guardar, hay que transmitirlo. Ahí se abrió este nuevo camino.

¿En qué industria estabas cuando trabajabas en el mundo corporativo?

— Siempre en seguros. Trabajé a los 14 con mi viejo cadeteando, a los 19 o 20 entré en la Superintendencia de Riesgos del Trabajo —el organismo de contralor de las ART— y después trabajé 10 años en un broker de seguros que en ese momento era el número uno de Argentina. Era como el Coca-Cola de los brokers. Siempre estuve ligada a este rubro, hasta que me fui a armar mi propio emprendimiento.

¿Y qué te pasó por dentro cuando dijiste "me mando sola"?

— Justo estoy escribiendo un libro que tiene que ver con ese salto emprendedor, así que lo tengo muy a flor de piel. Es un salto tal cual. Recuerdo a mi viejo preguntándome: "¿Estás segura?". Y yo le decía: "No me lo preguntes más, papá, porque no estoy segura de ninguna manera". Tenía la certeza de que no quería seguir en el mundo corporativo y quería armar algo propio, pero no tenía certezas de qué era, cómo era ni cómo iba a salir. Es lo que te decía recién: ya sabés lo que no querés.

Obviamente decís: "Bueno, hago seguros, que es lo que sé y donde me puedo apoyar". Y arranqué. Respondiendo a tu pregunta: sentí dudas, incertidumbre, miedos y la inquietud de no saber si iba a poder. Es parte del camino, nadie da un salto 100% seguro. Creo que eso es lo que más nos cuesta a las personas cuando tenemos que dar el paso: esperamos el momento de máxima seguridad y no existe (se emociona).

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¿Qué cosas pasan por tu cabeza en este momento?

— Creo que tiene que ver con la escritura del libro. Hoy estoy viviendo un nuevo salto. Empiezo a incomodarme otra vez desde el hacer otras cosas y tampoco aparece una certeza absoluta. Creo que tiene que ver con eso. Lo lindo es que, después de que uno se afianza, los frutos aparecen y decís: "Qué bien". Pero esa es la gran incertidumbre del salto: no lo ves hasta después de haberlo dado. Por más que venga alguien y te diga que va a estar todo bien, en el momento no lo sabés. Hoy estoy viviendo un nuevo salto; uno nunca llega a un punto definitivo donde dice "ya está, te lo cuento desde acá". Siempre hay un nuevo desafío y vuelve a pasar esa incertidumbre de qué hacer en el camino.

La vulnerabilidad y el liderazgo femenino

En otro momento el liderazgo no estaba asociado a lo sensible, era duro, férreo y determinante. ¿Vos creés que hoy además pasa por otros lados?

— Es un equilibrio. A veces necesitamos firmeza sin ser duros. Yo venía mucho de ese extremo más rígido y fui flexibilizando mi postura. También se trata de permitirnos decir "no sé". Hace un rato hablábamos en la previa de cómo cambió el mundo. Los negocios están cambiando. Si me preguntás si tengo la certeza de qué va a pasar de acá a 5 años, no tengo ni idea, y se lo digo así a mi equipo.

Hablo desde el no saber. Les digo: "No sé para dónde vamos, pero algo tenemos que hacer, tenemos que activar y modificar cosas". Mostrar esa vulnerabilidad como líder —decir "no sé para dónde va el negocio, pero algo vamos a tener que cambiar"— requiere firmeza. Hay que mostrar firmeza siendo vulnerables cuando se necesita, transmitiendo lo que sabemos y lo que no. También hay que acostumbrar al equipo a que eso pase: hay gente que no se anima a decir "no sé" y hay equipos que no toleran que el líder lo reconozca.

En esta transformación se ve cada vez más abundancia de liderazgo femenino, no solo referido a las mujeres, sino a aspectos de la feminidad que hacen al liderazgo. ¿Cómo fue para vos ser líder mujer y qué obstáculos tuviste que sortear?

— Te puedo responder desde dos lugares. En lo personal, en mi broker había bastante liderazgo femenino, entonces teníamos cierto terreno recorrido. Tuve una jefa muy aguerrida que defendía mucho a su equipo y eso fue un gran aprendizaje; era una mujer que se hacía su lugar e iba generando espacios para nosotras.

Por otro lado, la industria de los seguros patrimoniales es predominantemente masculina. Cuando voy a un evento, el 95% son hombres. En seguros de vida es un poco diferente y hay más presencia femenina. Desde mi rol con mis clientes —la mayoría dueños de PyMEs— siempre tuve mucho respeto y empatía. No puedo negar que las brechas existen; lo veo con colegas y trabajo en varios espacios desde la mirada del liderazgo femenino. Por eso es importante contar con herramientas para empoderarnos, hacernos ver, decir lo que pensamos y animarnos aunque sintamos que no estamos listas.

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Es un tema muy recurrente con varias líderes: no solo poner los temas en agenda, sino generar espacios reales y contemplar a las mujeres con sus roles de cuidadoras (de hijos o padres), que suele recaer más en ellas. A veces las corporaciones no acompañan esos tiempos y es clave visibilizarlo.

— Totalmente. Cada vez se abre más ese espacio. En mi empresa tengo hombres y mujeres con hijos, y me piden permiso por igual. Hoy los hombres también participan activamente de las actividades de sus hijos y quieren estar presentes. Las organizaciones no podemos estar ajenas a eso. Como dueña de empresa es algo que tengo muy incorporado: tanto hombres como mujeres se van a los actos escolares de sus hijos.

En lo personal, tengo un marido muy presente que se ocupa de un montón de cosas. Tenemos un hijo de 14 años y uno más grande, y con el de 14 él se recontra ocupa, estamos mitad y mitad.

Capacitación, tecnología y mirada humana

¿En qué espacios estás desarrollando esta parte que tiene que ver con hablar de liderazgo?

— Hace ya tres o cuatro años que formo parte de BK Capacitación Más Desarrollo. Con ellos y con otras consultoras trabajamos mucho en formación de mandos medios y de líderes; ese es nuestro centro para volcar en las organizaciones todo lo que fuimos aprendiendo, generalmente a través de programas, charlas y capacitaciones. Desarrollar mi perfil de oradora busca dar un salto más en ese sentido.

¿Cómo surgen las temáticas o qué cuestiones abordan en el primer abordaje?

— Cuando armamos los programas de formación, lo primero que hacemos siempre es un relevamiento. La necesidad de una organización es algo coral que tiene multiplicidad de voces. Primero relevamos lo que nos transmite nuestro referente —que generalmente es el área de recursos humanos, talento o desarrollo— y después conversamos con los futuros participantes y con sus líderes. Con todo eso entendemos qué pasa y qué no pasa en la organización, y a partir de ahí armamos el programa.

Hoy nos encontramos con el desafío de que cada vez hay menos tiempo; los programas tienen que ser más cortos y resumidos, tipo "pastilla".

¿Por las fluctuaciones de las problemáticas?

— No, porque en las organizaciones todo tiende a ser cada vez más rápido. Antes tenías programas de todo un día y hoy eso es casi impensado. Tenés que trabajar con el tiempo que la empresa te da: dos horas, cuatro horas, medio día. Nos adaptamos a esas restricciones para armar la mejor propuesta posible.

¿Cuáles son los ejes que siempre salen?

— Obviamente, el rol del líder. Algo importante es que siempre armamos la propuesta en función del contexto de la empresa, porque no es lo mismo liderar en una organización que en otra. Analizamos qué se espera de vos y cuál es tu rol para desarrollar a tu equipo.

Después, herramientas de comunicación: la comunicación es transversal a todo y trabajamos herramientas de escucha, cómo pedimos cosas y cómo coordinamos acciones. Con mandos medios abordamos mucho cómo dar feedback y cómo sostener conversaciones difíciles. Te diría que son los temas más demandados.

Dependiendo del contexto, también sumamos adaptación al cambio y la gestión emocional que implica ese proceso. Por último, con la irrupción de la tecnología y la inteligencia artificial, surgen temas sobre los que vamos a tener que seguir trabajando: la empatía, los aspectos de la sociedad humana y el pensamiento crítico. Aún no sé si las organizaciones le están dando a esto la importancia que va a requerir.

De la corporación a la mentoría: Angie Mastrángelo reflexiona sobre el salto emprendedor y la gestión de equipos
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¿Es un tema de preocupación la irrupción de la inteligencia artificial en las organizaciones?

— Sí, totalmente. Cuando hablás con la gente, el temor a ser reemplazados o los fantasmas al respecto existen. Hay organizaciones que al usar tecnología reducen personal y eso se ve, lo que hace que la gente esté atenta. Nosotros, como líderes, vamos a tener que entender bien cómo incorporar estas herramientas, cómo trabajarlas con los equipos y cómo llevarlas de cara a los clientes. Esa parte es fundamental.

Con el dinamismo actual del mundo, pareciera que se hace camino al andar.

— Ayer estuve en el Congreso Nacional PyME escuchando varias charlas y todas estaban atravesadas por lo mismo: la mayoría de los negocios —al menos los de servicios— van a cambiar. La pregunta es qué necesitamos hacer para acomodarnos a esta nueva realidad, y las formaciones van a tener que cambiar también.

Porque cada vez hay menos tiempo para todo.

— Claro. Se tiende al formato "pastilla" o corto. Un gran desafío para las organizaciones es no quedarse solo en darle al colaborador el contenido técnico comprimido que necesita para su rol. Si perdés la mirada transversal, perdés la interacción con el otro: con tu par, con la otra área, el espacio donde te das cuenta de que lo que te pasa a vos también le pasa al compañero. Si perdemos eso, estamos fritos.

En épocas donde todo se mide por métricas, ¿cómo se mide el impacto de estos cambios en las organizaciones?

— Todavía no hay muchas maneras consolidadas de medir el impacto de la tecnología. Hay empresas que lo tienen medido, pero muchas otras aún no logran determinar cuánto economiza un proceso o cuánto permite ganar un nuevo negocio, porque estamos todos aprendiendo. Hay quienes incorporan tecnología por moda, otros para replantear el negocio y otros para recortar costos.

El mayor desafío va a ser ver cómo usamos esto para generar una nueva unidad de negocio o un servicio que antes no podíamos dar. La clave está en entender tu negocio y a tu cliente: no olvidar que atrás de todo esto le brindamos un servicio a alguien. La pregunta es cómo le agregás valor a ese cliente, en lugar de implementar procesos automatizados que solo miran hacia adentro.

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La vida familiar y las conversaciones del camino emprendedor

¿Cómo fue el desarrollo y la formación de tu familia junto a tu marido, que es también tu socio?

— Tengo un hijo de 24 años que es ingeniero industrial y ya vive solo. Con Ricardo estamos hace 16 años; somos socios y pareja. Además, tengo un hijo de 14 años que va al colegio. Puedo dedicarme a esto porque Ricardo es un compañero a la par: mientras yo estoy trabajando en mi escritorio, él está cocinando o llevando a mi hijo al colegio. Cuando dividís las tareas de esa manera, todo es más liviano.

Para nosotros fue un desafío organizarnos cuando decidí dedicarle cada vez más tiempo a la formación, el desarrollo y las charlas, porque eso implicaba que él asumiera más presencia en otros aspectos del broker. Estamos en continua transición, pero lo vamos llevando muy bien.

Contame un poco más sobre el libro que estás escribiendo.

— El libro trata sobre el salto emprendedor y está en pleno proceso. Tiene dos partes: la primera aborda el camino y lo que nos pasa internamente desde que empieza a aparecer la idea de hacer otra cosa, con todas esas conversaciones internas, entendiendo que no es un proceso lineal sino lleno de incertidumbre.

La segunda parte se enfoca en las conversaciones alrededor del aprendizaje y del proceso emprendedor: cómo ofrezco mis servicios, qué me pasa al hablar de dinero o cómo entender que mi propuesta no soy yo como persona, algo fundamental para no volver la carga tan pesada.

En este "segundo sombrero" que llevo, lidero el programa de mentoría de la Red de Mujeres en Seguros, formo parte del comité de emprendedurismo de Fundación Flor y soy mentora en Voces Vitales. El libro recoge muchas de las conversaciones, miedos, dudas e inquietudes que fueron surgidas en esos acompañamientos.

Es un camino que se retroalimenta todo el tiempo en esos espacios.

— Totalmente. Siempre digo que la persona a la que mentoreás también viene a enseñarte algo a vos o a traerte una pregunta que justo te resonaba. Además, vas viendo que hay patrones que se repiten y que hay mucho por hacer en materia de autoliderazgo. Muchas veces nos pesa más lo que nos decimos a nosotros mismos —el perfeccionismo, el síndrome del impostor, el miedo a no estar preparados— que lo que realmente pide el cliente.

Una de las cosas que cuento en el libro tiene que ver con las creencias familiares. La frase "si lo vas a hacer, hacelo bien" está buenísima porque te prepara y te vuelve profesional, pero en algún momento se puede convertir en un peso enorme que te frena por miedo a fallar. El libro busca poner esas cosas sobre la mesa para que el lector se pueda reconocer ahí, compartiendo experiencias desde mi propio proceso emprendedor.

¿Qué cosas te gusta hacer cuando querés desconectar? ¿Tenés algún pasatiempo?

— Soy bastante mala para eso. Podría decirte varias cosas para quedar bien, pero te mentiría. Me gusta mucho leer; disfruto de ponerme a leer al sol un domingo. Me cuesta mucho mirar películas o series porque si me engancho puedo ver ocho capítulos seguidos, así que prefiero no empezar. Leer es definitivamente mi espacio de desconexión.

Fotos: Diego García @fotos_diego
Video y edición de video: Cande Casares @visual.knd
Producción: Lucila Subiza @lucilasubiza
Make up y pelo: @chapimkp para @conicuneomkp

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