Mientras la medicina avanza en tratamientos cada vez más específicos para mejorar la salud física de los adultos mayores, especialistas de distintas disciplinas insisten en que hay otro aspecto que merece la misma atención: el bienestar emocional. En ese contexto, las intervenciones asistidas con animales ganan cada vez más respaldo científico.
Un estudio publicado en 2019 en la revista Anthrozoös, por ejemplo, documentó que la terapia asistida con animales logró reducir significativamente los episodios de agitación en personas con demencia. Sin embargo, cuando se habla de este tipo de programas, casi siempre se piensa en perros. ¿Y los gatos?
Para conocer qué beneficios podrían aportar en residencias para adultos mayores y por qué todavía son una herramienta poco explorada, Para Ti conversó con Alejandra López Irala, consultora certificada en comportamiento felino.

"Los gatos presentan características que los hacen especialmente interesantes para este tipo de entornos"
—Un estudio publicado en Anthrozoös mostró que la terapia asistida con animales puede reducir significativamente los episodios de agitación en personas con demencia. ¿Qué evidencia existe específicamente sobre los beneficios de los gatos en adultos mayores?
—La evidencia científica sobre terapia asistida con animales en adultos mayores es cada vez más sólida, especialmente en programas que han utilizado perros, donde se han observado mejoras en el bienestar emocional, la interacción social y, en algunos casos, una disminución de la agitación en personas con demencia.
En el caso específico de los gatos, la investigación todavía es limitada. Sin embargo, sabemos que la convivencia con animales puede favorecer la reducción de la sensación de soledad, brindar compañía, estimular la interacción social y aportar una sensación de calma y de propósito en la vida cotidiana de muchas personas mayores.
Además, los gatos presentan características que los hacen especialmente interesantes para este tipo de entornos: suelen adaptarse bien a espacios interiores, requieren menos infraestructura que un perro y muchas personas encuentran en su forma de interactuar una compañía tranquila y poco invasiva. Esto abre una enorme oportunidad para desarrollar más investigaciones y programas bien diseñados que permitan evaluar su impacto específico.

"Todavía persisten muchos mitos sobre los gatos"
—Planteás que la terapia felina todavía no forma parte de los protocolos geriátricos. ¿A qué se debe?
—Creo que influyen varios factores. Durante muchos años, la mayoría de las investigaciones y programas de intervenciones asistidas con animales se desarrollaron con perros, por lo que los modelos existentes se construyeron alrededor de esa especie. Los gatos quedaron prácticamente fuera de esa agenda científica.
También existen barreras culturales. Todavía persisten muchos mitos sobre los gatos: que son ariscos, independientes o incapaces de generar vínculos profundos con las personas. Hoy sabemos, gracias a la investigación en comportamiento felino, que eso no es así. Los gatos establecen vínculos de apego con sus cuidadores, reconocen rutinas, buscan contacto social y pueden desarrollar relaciones muy estrechas con las personas.
A esto se suman cuestiones institucionales. Incorporar un animal en una residencia requiere protocolos claros, capacitación del personal, criterios de selección del animal, seguimiento veterinario y evaluación permanente del bienestar tanto de los residentes como del gato. No se trata simplemente de "tener una mascota", sino de implementar un programa responsable basado en evidencia.
"Los gatos deciden cuándo acercarse, con quién quedarse o sobre qué falda dormir"
—Leímos esta afirmación: "Para una persona mayor que perdió autonomía, ser elegida por un animal es algo que ningún cronograma institucional puede reemplazar". ¿Qué ocurre en ese vínculo entre un gato y un adulto mayor que puede resultar tan reparador?
—Esa frase resume algo muy profundo. En una residencia, gran parte de la rutina está organizada por horarios y decisiones tomadas por otros. Muchas personas sienten que han perdido parte de su autonomía y de su capacidad de elegir.
Con los gatos suele ocurrir algo diferente: ellos también eligen. Deciden cuándo acercarse, con quién quedarse o sobre qué falda dormir. Cuando un gato busca espontáneamente a una persona, ese gesto suele ser vivido como una forma de aceptación genuina, no porque alguien lo programó, sino porque el animal decidió establecer ese contacto.
Esa experiencia puede fortalecer la autoestima, generar emociones positivas y favorecer una conexión afectiva muy significativa. Es un vínculo que se construye desde la autenticidad y el respeto mutuo, no desde la obligación.

"El ambiente debe diseñarse pensando también en el gato"
—¿Cómo debería implementarse un programa de convivencia o de terapia asistida con gatos en un geriátrico para garantizar tanto el bienestar de los residentes como el de los propios animales?
—Lo primero es entender que el bienestar del gato es tan importante como el de las personas. No todos los gatos disfrutan de este tipo de entornos, por lo que la selección del animal debe realizarse considerando su temperamento, su historia, su estado sanitario y su capacidad para desenvolverse de manera confortable en un ambiente social.
El programa debe incluir protocolos sanitarios, ambientales y de manejo claramente definidos: controles veterinarios periódicos, medicina preventiva, higiene, limpieza y manejo adecuado de las bandejas sanitarias, evaluación de alergias o inmunocompromiso en algunos residentes, prevención de caídas y capacitación del personal sobre comportamiento felino y manejo respetuoso.
Además, el ambiente debe diseñarse pensando también en el gato. Necesita contar con refugios, espacios elevados, zonas exclusivas de descanso, acceso permanente a agua, alimento y bandeja sanitaria, así como la posibilidad de retirarse de la interacción cuando lo desee. Su participación nunca debe ser forzada y su comportamiento debe monitorearse de manera continua para detectar cualquier signo de estrés.
Cuando existe una planificación adecuada y se respetan las necesidades de ambas partes, la convivencia puede desarrollarse de forma segura y altamente beneficiosa.

"Cuando ese equilibrio se logra, el beneficio es para todos"
—Si tuvieras que convencer a los directivos de una residencia para adultos mayores de incorporar gatos dentro de sus programas de bienestar, ¿cuáles serían los principales beneficios que les señalarías?
—Les diría que no se trata simplemente de incorporar un gato, sino de incorporar una herramienta más para promover calidad de vida.
Un programa bien implementado puede favorecer el bienestar emocional de los residentes, disminuir la sensación de soledad, estimular la interacción social, generar conversaciones y fortalecer el sentido de pertenencia dentro de la comunidad. También puede ofrecer oportunidades para mantener pequeñas rutinas de cuidado, siempre adaptadas a las posibilidades de cada persona, reforzando la sensación de propósito y participación.
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Al mismo tiempo, un programa de este tipo transmite un fuerte compromiso institucional con un modelo de atención centrado en la persona, donde el bienestar emocional ocupa un lugar tan importante como el cuidado físico.
Eso sí, el éxito nunca depende solamente de la presencia del gato. Depende de una implementación profesional, con protocolos claros, seguimiento continuo y una prioridad absoluta: proteger el bienestar tanto de los residentes como del propio animal. Cuando ese equilibrio se logra, el beneficio es para todos.
Alejandra López Irala es Consultora Certificada en Comportamiento Felino (CCBC), Profesional Fear Free®️ Certified-Cat Friendly Practice, Directora de América – International Association of Animal Behavior Consultants (IAABC), Fundadora de Rasca y Pica.





