David Beckham vivirá uno de los partidos más incómodos y emocionantes de su vida. De un lado estará Inglaterra, el seleccionado que capitaneó y cuya camiseta defendió durante años. Del otro, Lionel Messi, la figura alrededor de la cual construyó el proyecto más ambicioso del Inter Miami.
La semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra no será para él un encuentro más. Será una noche atravesada por la pertenencia, la memoria y un vínculo profesional que cambió para siempre su vida como dirigente deportivo.
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Beckham estuvo presente junto a Victoria y parte de su familia en la victoria de Inglaterra ante Noruega, que aseguró el pase del equipo dirigido por Thomas Tuchel a las semifinales. Tras el partido, compartió su alegría a través de Instagram.
“Qué momento en Miami. Estoy muy orgulloso del equipo”, escribió el exfutbolista, antes de agradecerle a la selección por regalarle al país una nueva noche de emoción mundialista.
La celebración no dejó dudas sobre sus sentimientos: Beckham quiere que Inglaterra gane. Sin embargo, el próximo rival es Argentina y enfrente estará el futbolista al que él mismo convenció para iniciar una nueva etapa de su carrera en los Estados Unidos.
Lionel Messi, el hombre que transformó su gran proyecto
Desde la llegada de Messi al Inter Miami, Beckham nunca ocultó la admiración que siente por el capitán argentino. Como copropietario del club, fue una figura central en la negociación que llevó al rosarino a la MLS y en la construcción del equipo que lo rodeó posteriormente.
El vínculo entre ambos trascendió lo estrictamente contractual. Beckham ha celebrado públicamente sus goles, sus títulos y el impacto deportivo que generó en el fútbol estadounidense. En una de sus definiciones más contundentes, aseguró que era “realmente hermoso verlo jugar”.
Messi no es solamente la gran estrella de su club. Es también el jugador que elevó el perfil internacional del Inter Miami y ayudó a convertirlo en uno de los proyectos deportivos más valiosos y reconocidos de los Estados Unidos.
Una historia personal marcada por Argentina
El partido también despertará recuerdos intensos para Beckham. Durante el Mundial de Francia 1998, el entonces joven mediocampista fue expulsado después de reaccionar contra Diego Simeone. Argentina terminó eliminando a Inglaterra por penales y Beckham quedó señalado por buena parte de la prensa y los hinchas de su país.
Cuatro años después encontró su revancha: marcó de penal el gol con el que Inglaterra derrotó a la Selección Argentina en la fase de grupos del Mundial de Corea y Japón 2002. (The Guardian)
Ahora observará nuevamente un Argentina-Inglaterra, pero desde un lugar completamente diferente. Ya no tendrá los botines puestos ni la posibilidad de cambiar el partido con uno de sus célebres tiros libres. Será un espectador dividido entre la camiseta que marcó su carrera y el futbolista que transformó su presente.
Beckham, entre el deseo y la admiración
Es probable que Beckham aliente a Inglaterra durante los 90 minutos. Eso fue lo que mostró después de la clasificación y lo que representa su historia como antiguo capitán de los Tres Leones.
Pero también conoce como pocos la capacidad de Messi para alterar un partido en apenas una jugada. Lo observa habitualmente en el Inter Miami y sabe que, incluso cuando parece controlado, puede encontrar un espacio mínimo para decidir una noche.
Ese conflicto es lo que convierte la semifinal en una historia tan atractiva: Beckham desea el triunfo de su país, pero enfrente estará el hombre al que tanto admira y sobre quien construyó una parte fundamental de su legado fuera de las canchas.
Una noche que reunirá todas sus vidas
Inglaterra y Argentina volverán a enfrentarse en un Mundial después de 24 años. Será, además, la primera vez que Lionel Messi juegue contra el seleccionado inglés en su carrera.
Para Beckham, el partido reunirá todas sus vidas en un mismo estadio: el joven expulsado en 1998, el capitán que se tomó revancha en 2002, el dirigente que revolucionó la MLS y el hombre que consiguió llevar a Messi a Miami.
Cuando comience el partido, su corazón estará con Inglaterra. Pero cada vez que Messi reciba la pelota, Beckham sabrá mejor que nadie todo lo que puede ocurrir. Y quizás allí esté la verdadera dimensión de su dilema: querer que gane su país mientras enfrenta al jugador que hizo realidad su mayor sueño deportivo.

