Tragedia en La Pampa: dos hermanas ya habían estado al borde de la muerte antes del accidente que conmocionó al país - Revista Para Ti
 

Tragedia en La Pampa: dos hermanas ya habían estado al borde de la muerte antes del accidente que conmocionó al país

Cristina Sosa había sobrevivido a graves complicaciones por COVID durante la pandemia. Rosa Estela Sosa, según pudo saber Para Ti, también había atravesado de cerca la muerte en otro accidente vial en el que fallecieron todos los ocupantes. El lunes, ambas viajaban junto a sus hermanas Raquel, Olga y Dominga hacia Santa Rosa para visitar a otra hermana internada, cuando la camioneta cayó al agua helada del Bajo Giuliani.
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En 25 de Mayo, una pequeña ciudad del sudoeste de La Pampa, el dolor se volvió colectivo después de conocerse la muerte de cuatro hermanas que viajaban juntas hacia Santa Rosa para visitar a otra hermana internada.

Cristina Sosa, Raquel Esmeralda Sosa, María Olga Sosa y Rosa Estela Sosa murieron ahogadas luego de que la camioneta Ford EcoSport en la que viajaban cayera al agua en la zona del lago Bajo Giuliani, a la altura del cruce de la Ruta Nacional 35 y la Ruta Provincial 14.

La conductora, Dominga Fortunata Sosa, otra de las hermanas, fue la única sobreviviente: logró salir por sus propios medios del vehículo, en medio del shock y con el agua a una temperatura extrema.

Lo que volvió todavía más dolorosa la historia fue el motivo del viaje. No iban de paseo ni por un trámite. Las cinco mujeres habían salido desde 25 de Mayo rumbo a Santa Rosa para acompañar a otra hermana que permanecía internada por un problema de salud.

Era un viaje familiar, de esos que nacen del amor, de la preocupación y de esa forma silenciosa en la que muchas mujeres sostienen la vida de los otros: estando.

Las hermanas Sosa: una familia golpeada por el dolor

Según informó Infobae, las víctimas fueron identificadas como Cristina Sosa, de 66 años; Raquel Esmeralda Sosa, de 54; María Olga Sosa, de 59; y Rosa Estela Sosa, de 53. Todas eran oriundas de 25 de Mayo y formaban parte de una familia numerosa, integrada por ocho hermanos.

El accidente ocurrió el lunes por la tarde noche, en una zona donde la intersección de las rutas forma una “T”. De acuerdo con las primeras hipótesis difundidas por medios locales, la conductora no habría advertido el final de la traza o no habría logrado frenar a tiempo en un sector con poca iluminación. La camioneta atravesó la calzada, superó el guardarraíl y terminó sumergida en una depresión inundada del Bajo Giuliani.

Pero detrás de la crónica policial hay una historia más profunda. La de cuatro mujeres que tenían nombre, trabajos, vínculos, rutinas, dolores previos y una comunidad que hoy las despide con una tristeza inmensa.

Cristina Sosa: la mujer que ya había estado al borde de la muerte

Cristina Sosa era la mayor de las cuatro hermanas fallecidas. Tenía 66 años y era jubilada del hospital Jorge Ahuad de 25 de Mayo, donde trabajó durante varios años. En la comunidad hospitalaria la recordaban por su dedicación, su compañerismo y su calidad humana.

Su historia tenía, además, un antecedente que hoy vuelve todo más estremecedor. Según publicó Infobae a partir de fuentes locales, Cristina había atravesado serias complicaciones de salud durante la pandemia, después de contraer COVID. En aquel momento estuvo al borde de la muerte.

Había logrado sobrevivir. Había vuelto.

Esa frase, en este contexto, pesa de otra manera. Cristina había pasado por una enfermedad que la puso frente al límite más temido y había salido adelante. La vida le había dado una segunda oportunidad después de un cuadro gravísimo. Por eso, su muerte en este accidente conmueve aún más: porque su historia ya estaba marcada por una pelea previa, silenciosa y enorme, contra la posibilidad de no volver.

El lunes, Cristina viajaba para acompañar a otra hermana enferma. Como tantas veces en la vida familiar, iba hacia el cuidado. Hacia la presencia. Hacia ese gesto simple y profundo de ir a ver a alguien que está internado.

Raquel Esmeralda Sosa: una vida ligada al hospital

Raquel Esmeralda Sosa también estaba vinculada al hospital Jorge Ahuad de 25 de Mayo. Trabajaba en el mismo centro de salud donde Cristina había desarrollado parte de su vida laboral.

Tras conocerse la tragedia, las autoridades del hospital difundieron un mensaje de despedida cargado de dolor. “Su dedicación, compañerismo y calidad humana permanecerán por siempre en el recuerdo de nuestra comunidad hospitalaria. Descansen en paz”, expresaron.

La frase resume algo más que un pésame institucional. Habla de mujeres que no pasaban inadvertidas. De trabajadoras que eran parte de una trama cotidiana: los pasillos, los saludos, las tareas de todos los días, la vida de un hospital de pueblo donde cada persona tiene una historia conocida por los demás.

Raquel no era solo una víctima de un accidente. Era una mujer del hospital. Una compañera. Una presencia cotidiana que ahora deja un vacío enorme.

María Olga Sosa: la portera querida por una escuela entera

María Olga Sosa trabajaba como portera en la Escuela 248 Crezca Grande. Allí era conocida y querida por alumnos, docentes y compañeros.

La comunidad educativa la despidió con un mensaje profundamente emotivo: expresó su pesar por la muerte de una querida integrante del plantel, acompañó a su familia y aseguró que su recuerdo permanecería siempre en la escuela.

En una institución escolar, una portera no es solo alguien que cumple una tarea. Muchas veces es quien abre la puerta, quien conoce a los chicos por su nombre, quien acompaña rutinas, quien sostiene desde lo invisible. Olga formaba parte de esa vida diaria que construye comunidad.

Su muerte golpeó a una escuela entera. A los docentes, a los alumnos, a las familias y a todos los que la veían cada día formar parte de ese mundo pequeño y afectivo que ahora queda atravesado por la ausencia.

Rosa Estela Sosa: la mujer que ya había visto morir en la ruta

Rosa Estela Sosa tenía 53 años y era ama de casa. Su historia vuelve aún más estremecedora la tragedia de las hermanas Sosa porque, antes de este accidente, ella ya había estado frente a la muerte en la ruta.

Rosa Estela había sobrevivido a otro siniestro vial en el que murieron todos los ocupantes. Esa experiencia la había dejado marcada por un dolor difícil de nombrar: el de haber salido con vida de una escena donde la muerte se llevó a los demás.

Por eso, su final en Bajo Giuliani tiene una carga todavía más dramática. La ruta, que ya había sido escenario de una tragedia cercana, volvió a cruzarse en su historia. Esta vez, cuando viajaba con sus hermanas para visitar a otra hermana internada.

Rosa Estela no iba sola. Iba en familia. Iba a cuidar. Iba a acompañar. Y ese gesto, tan cotidiano y tan profundo, terminó convertido en una tragedia que hoy enluta a todo un pueblo.

Dominga, la hermana que sobrevivió

Dominga Fortunata Sosa, de 49 años, era quien manejaba la camioneta y la única que logró salir del agua por sus propios medios. Fue asistida por el Servicio de Emergencias Médicas y trasladada a un centro de salud en estado de shock.

Según detallaron medios locales, fue ella quien alcanzó a advertir a los rescatistas que dentro del vehículo viajaban otras cuatro personas. A partir de ese aviso, se desplegó la búsqueda que permitió localizar los cuerpos de sus hermanas.

Su supervivencia abre otra dimensión del drama: la de quien queda. La de quien sale con vida de una escena imposible y debe empezar a atravesar el impacto de haber perdido, en un mismo instante, a cuatro hermanas.

Dominga también estaba viajando por amor. Iba, como ellas, a visitar a una hermana internada. Hoy, su nombre queda unido a una historia de dolor inmenso y a una pregunta silenciosa que muchas veces acompaña a los sobrevivientes: por qué una persona logra salir y las otras no.

Un viaje para cuidar a otra hermana

El dato más conmovedor de esta tragedia es el motivo del viaje. Las cinco hermanas iban desde 25 de Mayo hacia Santa Rosa para visitar a otra hermana internada en el Hospital Favaloro.

Esa escena resume una forma de amor familiar muy profunda. Mujeres que se organizan, se suben juntas a una camioneta y cruzan kilómetros para estar cerca de una hermana enferma. No era un viaje extraordinario por su destino, sino por su sentido: acompañar, cuidar, sostener.

En muchas familias, las hermanas son eso. Las que van. Las que llaman. Las que preguntan qué falta. Las que preparan el bolso. Las que se turnan. Las que se ocupan. Las que están antes de que alguien pida ayuda.

Cristina, Raquel, Olga, Estela y Dominga viajaban desde ese lugar. Desde el amor práctico, cotidiano, urgente.

El accidente en Bajo Giuliani

El siniestro ocurrió en la zona del Bajo Giuliani, a unos 10 kilómetros al sur de Santa Rosa. Se trata de una depresión natural que, después de períodos de lluvias, acumula agua y forma una laguna.

De acuerdo con la información difundida por medios locales, la Ford EcoSport en la que viajaban las cinco hermanas despistó en la intersección de la Ruta Nacional 35 y la Ruta Provincial 14. La camioneta atravesó la calzada, pasó el guardarraíl y terminó sumergida en el agua.

Las condiciones del lugar son parte de la investigación. La falta de iluminación, la configuración de la intersección y la imposibilidad de frenar a tiempo aparecen entre las primeras hipótesis.

El agua estaba a apenas 3 grados. Cuatro de las hermanas quedaron atrapadas dentro del vehículo y murieron ahogadas. La quinta logró salir y pedir ayuda.

El duelo de 25 de Mayo

La muerte de las hermanas Sosa sumió a 25 de Mayo en una tristeza profunda. Las despedidas en redes sociales, los mensajes de instituciones y las palabras de vecinos muestran que no se trató solo de una noticia policial, sino de una pérdida comunitaria.

Cristina y Raquel eran parte del hospital. Olga era parte de una escuela. Estela era parte de una familia ya golpeada por otro accidente. Todas eran parte de un pueblo donde los nombres propios importan, donde las ausencias se sienten en la calle, en el trabajo, en los pasillos, en las casas.

“Qué tristeza tan profunda”, escribieron vecinos en redes. Y esa frase parece contenerlo todo.

Porque esta tragedia no habla solo de una camioneta que cayó al agua. Habla de cuatro mujeres que iban a cuidar a otra mujer. De una hermana que sobrevivió. De una familia numerosa atravesada por un dolor casi imposible. De una comunidad que hoy llora a cuatro de las suyas.

En el final, lo que queda es una imagen desgarradora: cinco hermanas viajando juntas para visitar a otra hermana enferma. Un gesto de amor familiar que terminó convertido en tragedia. Y una ciudad entera intentando despedirlas.

 
   

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