«La ciudad nos regala sabores», un recorrido del espacio urbano desde la naturaleza – Revista Para Ti
 

"La ciudad nos regala sabores", un recorrido del espacio urbano desde la naturaleza

Desde 2012 existe este proyecto que propone redescubrir la ciudad de Buenos Aires desde las especies frutales y las plantas y yuyos comestibles que existen en veredas, parques y plazas. Su creadora nos cuenta todo al respecto, en el marco de #DeNaturalezaPositiva, la décima causa de impacto social que encara Grupo Atlántida con #Principios2021.
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La Ciudad nos regala sabores (@laciudadnosregalasabores) es un proyecto creado en 2012 por Ludmila Nahir Medina quien Técnica en Producción Vegetal Orgánica (UBA) y también Técnica en Tiempo Libre y Recreación. Ella es quien lo lleva adelante y trabaja en él día a día. Su propuesta tiene que ver con habitar el espacio público a través de una apertura de los sentidos, captando la naturaleza que -aunque a veces pueda pasar desapercibida- también se hace presente en la ciudad, en las veredas, los canteros, los parques y las plazas y que va más allá del arbolado público.

Foto: IG

"Consiste en ubicar árboles frutales, otras plantas comestibles no convencionales (que se usan para decorar) o árboles del arbolado público que se pueden utilizar sus hojas o sus flores, que no son tan visibles o conocidos como, una naranja", describe la especialista en diálogo con Para Ti.

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Otras acciones que forman parte de este proyecto también implican ubicar plantas silvestres comestibles "los yuyos o las mal llamadas "malezas", toda planta que se pueda comer en la ciudad, de eso se encarga el proyecto", explica Ludimila, quien aclara que "muchas veces las personas, ante un cantero vacío y esperar mucho tiempo para que planten algo, plantan un frutal".

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"Tenemos mapeados los árboles porque son lo que más permanece en el tiempo", mientras enumera las especies que es posible encontrar. Dentro de los frutales, hay cítricos (pomelos, naranjas, limones, mandarinas, kinotos), hay nueces de las europeas (las redondas, las que más conocemos), aceitunas, higos, ciruelas, duraznos, guayabas, papayas, mangos, paltas, nísperos, moras, frutos de la falsa pimienta. Es posible conocer qué especies hay en cada barrio accediendo a arboladourbano.com, que es un trabajo de Martin Simonyan.

También explica que es posible utilizar las hojas y las flores de ciertas especies, como las del tilo, "muchas otras que se pueden consumir y hojas de árboles que también, ya sea para comer o hacer infusiones tanto de forma medicinal, como para disfrutar de su sabor", especifica.

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Dentro de la Ciudad de Buenos Aires, los barrios que más tienen son los del oeste y los del sur, "donde hay más diversidad y no hay corredores enteros de la misma especie, como pasa en los lugares más transitados, como el centro, el norte o el este. El barrio está construido de otra forma, hay más familias o personas que viven y no tanta oficina o tanto negocio, el uso del espacio es distinto, el uso del espacio público también (todavía hay gente que sale a tomar mate a la vereda)".

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Los árboles frutales y las plantas comestibles, explica Ludmila, no están incluidos dentro de la Ley de Arbolado de la Ciudad "si estuviera acompañado de un proyecto de educación, un poco lo que hago yo, si estuviera esta idea más difundida, se podría quizás plantar frutales en la ciudad sin que eso sea un problema de especies inadecuadas en un espacio", explica.

En cuanto a los lugares más frecuentes en los que se ubican, detalla que "la mayoría están en las veredas, pero también en las plazas, boulevares, parques, al lado de las vías del tren. La gente sigue plantando frutales, todo el tiempo se van renovando".

Cómo se comportan los vecinos y vecinas de la ciudad

Ludmila tiene un registro detallado de cómo interactúan las personas con los árboles frutales, y que se entablan diferentes modalidades: "a veces es indiferente, muchas veces es de desconocimiento: se cree que como están en la calle o están injertados nadie los cuida no se pueden consumir. Hay muchos que no son frutas comunes, entonces la gente ni sabe que se comen" y apunta que por este motivo, "hay mucha fruta que termina en el suelo, pudriéndose, por desconocimiento".

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Por otro lado, están quienes aprovechan muy bien lo que les pueden aportar los árboles: "Hay otros casos en los que la gente los cuida o le tienen un cariño especial porque muchas veces pasa que estos árboles los planta algún familiar, o hay una conexión". En este caso, es fundamental conservar el respeto y las buenas costumbres, evitando los conflictos: "Siempre recomiendo tocar el timbre y pedir permiso por más que el árbol esté en la vía pública, no le pertenece a nadie en particular y le pertenece a toda la comunidad por más que lo haya plantado una persona" la idea es que los interesados se lleven "una cantidad moderada para compartir con el resto de las personas" y apunta que en estas interacciones, "muchas veces se genera un vínculo, la gente cuenta la historia de ese árbol: quién lo plantó, cuándo, hace cuánto, y ahí se forma un vínculo que quizás de otra forma no se hubiera establecido".

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Algunos vecinos van más allá: "Quizás en un pasaje hay dos árboles de naranja amarga y una persona hace mermelada y la reparte en esa cuadra".

Si bien por el momento no hay una planificación específica para realizar las cosechas de manera institucional, los árboles reciben la poda en general que se le realiza a las especies que forman parte del arbolado público en general.

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Actualmente, "la cosecha depende mucho de quien tenga ganas de recolectar o de la persona que vive en esa casa. O de las personas que vamos por la ciudad recolectando fruta sin dañar el árbol. Otra propuesta es salir con un palo recolector, que es una herramienta casera muy fácil de hacer, para no andar trepándose al árbol ni rompiendo ramas", sugiere.

En cuanto al impacto que tiene su proyecto, más allá de un acceso gratuito a ciertos alimentos, Ludmila destaca que le interesan otros puntos, como "mMostrar o poder visibilizar con las infancias cómo el alimento sale de las plantas y no está solamente en un paquete, en un supermercado".

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Además, "el vínculo con vecinos y vecinas al charlar, preguntar, y el habitar el espacio público desde otro lugar, sabiéndonos personas creadoras dentro de la ciudad que podemos intervenirla, que podemos ocuparla y disfrutarla".

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Para quienes se interesen por el tema, puede acceder a caminatas, charlas presenciales y virtuales, que también forman parte del proyecto, que es integral, ya que "No se trata solamente de la cantidad de alimentos que hay en las plantas de la ciudad, sino del vínculo que tenemos con la naturaleza en la ciudad, como poder revalorizarlo. Hay un montón de interacciones biológicas que suceden y que también las vemos en los paseos: poder rescatar la magia de la naturaleza que existe en el medio de la ciudad. La propuesta invita a que caminemos un poco más lento, con los sentidos abiertos para poder cambiar cómo percibimos la ciudad y por donde transitamos".

Te invitamos a acompañarnos a lo largo de esta semana leyendo las diversas notas que todos los medios del Grupo Atlántida compartirán visibilizando la temática, y a sumarte a la causa en redes sociales utilizando nuestros hashtags #Principios2021 y #DeNaturalezaPositiva

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