Hay objetos que llegan a una casa con una vida anterior. Nos acompañan desde la infancia, pasan de una generación a otra y encuentran nuevos lugares sin perder aquello que los vuelve propios. Para Belén Casal, esa continuidad tiene un valor especial y también forma parte de su manera de entender el diseño.
En Estudio de Arquitectura, “La Vigilia”, el Espacio 10 de Casa FOA 2026, algunas piezas que pertenecieron a sus abuelos conviven con una intervención contemporánea, una paleta negra y la arquitectura original del Palacio Molina, antigua fábrica de Alpargatas.
La propuesta de GILLIGAN’S – Estudio de Diseño, realizada por Belén Casal, Ángel Jorge y Lola Ganza Hoorn, imagina el universo de un arquitecto que pasa sus noches pensando cómo restaurar el edificio que lo contiene. Un relato que comenzó a tomar forma desde la primera visita.

“El día que llegué a este edificio me enamoré de él. Me pareció muy interesante que un edificio que estaba en ruinas sea tan lindo”, recuerda Belén.
La Vigilia: una historia que empezó antes del diseño
El encuentro con el Palacio Molina despertó una inquietud que fue más allá de la distribución o la elección del mobiliario. Belén quería construir un ambiente que tuviera algo para contar.
“Empecé a pensar cómo hacer algo que no solamente sea un espacio lindo y digno de FOA, sino también que cuente una historia”, explica.

Así apareció el personaje que da sentido al proyecto: un arquitecto dedicado a recuperar ese mismo edificio, fascinado por sus posibilidades y absorbido por la búsqueda de una nueva vida para su arquitectura.
“Me pasé muchas noches escribiendo sobre esto hasta que se lo pasé al equipo de trabajo, Ángel y Lola”, cuenta. Ese intercambio permitió transformar las imágenes que tenía en mente en decisiones concretas.
La obsesión del personaje tiene algo de la propia experiencia de Belén: mirar el lugar una y otra vez, reconocer su belleza y preguntarse cómo intervenirlo.

Techos de madera y materiales que envejecen bien
Una de las decisiones centrales fue conservar los techos de madera al descubierto. Su presencia, junto con las columnas, el piso y las ventanas originales, sostiene la relación del proyecto con la memoria del edificio.
La elección de los materiales siguió esa misma búsqueda.
“Muchos materiales nobles que envejezcan bien, que den la sensación de que podrían haber estado acá desde antes de la reforma”, describe.

Maderas, cueros y piedras aportan textura y permanencia. En el conjunto, lo incorporado establece una relación con aquello que ya estaba: superficies que pueden adquirir marcas, cambiar con el uso y seguir teniendo lugar con el paso de los años.
“Me la jugué e hice todo negro”
La paleta oscura es uno de los gestos más definidos del espacio. Belén la eligió para construir una atmósfera particular y reforzar el relato de ese arquitecto que trabaja durante la noche.
“Yo me la jugué e hice todo negro porque quería generar ese impacto visual disruptivo”, afirma.
Dentro de esa penumbra, la iluminación dirige la atención hacia la mesa de trabajo, la biblioteca, la barra y los sectores de encuentro. Las antiguas ventanas recuperadas evocan el amanecer y suman otra dimensión a la historia.
Los cambios de nivel organizan un recorrido continuo donde se puede crear, recibir clientes, escuchar música, leer o detenerse a pensar. El estudio adquiere así una intimidad doméstica, construida también por los libros, los objetos y las piezas de colección.
Los objetos heredados como parte de una nueva identidad
Entre las decisiones más personales aparece la incorporación de antigüedades familiares.
“En mi espacio hay muchas cosas antiguas que eran de mis abuelos”, comparte Belén.
Su interés está en la posibilidad de que esas piezas sigan acompañándonos, incluso cuando cambia el contexto.
“A mí me parece maravilloso el transcurrir de los objetos, que nos van acompañando en el tiempo y van volviendo a tener una nueva identidad en un nuevo espacio”, reflexiona.
En La Vigilia, esa idea se relaciona con la recuperación del propio Palacio Molina: tanto el edificio como los objetos encuentran nuevas maneras de ser habitados y utilizados, conservando las huellas de su historia.
Las tendencias de decoración para 2027, según Belén Casal
Durante su recorrida por esta edición, Belén reconoció una mayor presencia del color y de materiales con peso visual.
“Venimos de mucho blanco y madera y minimalismo, y este año se están incorporando colores”, observa. Entre los tonos que destaca aparecen azules, terracotas y verdes.
También identifica una renovada valoración de las maderas, los cueros y las piedras. Para ella, esa búsqueda expresa el deseo de elegir elementos que puedan permanecer.
“Estas cosas ya no se conciben tan descartables, sino como que nos van a acompañar durante mucho tiempo”, señala. Y agrega: “Me parece que por ahí viene la tendencia del 2027”.
Su propuesta lleva esa mirada a una escena concreta: un estudio que reúne materiales duraderos, piezas heredadas y una arquitectura recuperada.
Una primera participación marcada por el edificio
Aunque ya había visitado y acompañado otras ediciones como sponsor, esta fue su primera participación como expositora en Casa FOA.
“Estoy muy contenta”, cuenta. “Siempre fue un placer, pero este Casa FOA creo que tiene una magia particular. El edificio hace mucho y también todos los expositores”.
Para Belén, compartir la muestra con otros profesionales fue parte del desafío y del disfrute. En La Vigilia, ese debut tomó la forma de un relato personal sobre el tiempo: el que necesita una idea para madurar, el que transforma los materiales y el que permite que un objeto familiar vuelva a encontrar su lugar.
Fotos: Diego García
Video: Cris Calvani

