En plena Avenida Alvear, entre fachadas históricas y edificios que todavía conservan el espíritu de otra Buenos Aires, hay un palacio que logró algo poco frecuente: cambiar completamente de función sin perder su identidad.
El Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires nació como residencia familiar, atravesó décadas de vida social porteña, quedó deshabitado y, después de una extensa restauración, comenzó una nueva etapa como hotel de lujo.
En esta nueva entrega de Historias de Cemento, junto a Cementos Avellaneda, repasamos la historia de una de las construcciones más reconocibles de Recoleta y los detalles arquitectónicos que todavía hoy sorprenden puertas adentro.
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Un palacio inspirado en Francia
La historia del Palacio Duhau comenzó en 1934, cuando Luis Antonio Duhau encargó al arquitecto León Dourge la construcción de su residencia sobre Avenida Alvear.

El proyecto tomó como referencia el Château du Marais, en Francia, y llevó a Buenos Aires algunos de los códigos más característicos de la arquitectura francesa de época: una fachada simétrica, columnas corintias, mansardas de inspiración parisina y materiales nobles.

La propiedad original tenía más de 4.400 m² y aprovechaba la barranca natural del terreno para desplegar una serie de jardines escalonados que se convirtieron en una de las grandes señas de identidad del conjunto.
Cuatro hogares bajo un mismo techo
Aunque en un principio fue pensado como una gran residencia, durante su construcción el edificio comenzó a dividirse internamente para albergar a cuatro ramas de la familia: los Duhau, los Escalante, los Avellaneda y los Uribelarrea.

Cada familia ocupaba diferentes niveles y entre ellos había una forma bastante particular de comunicarse: un pequeño ascensor interno también funcionaba como sistema de mensajería, ya que allí dejaban notas, novedades y avisos entre los distintos pisos.

Durante décadas, sus salones fueron además escenario de reuniones, almuerzos y grandes celebraciones. El Piano Nobile, con sus techos altos, chimeneas, boiseries, candelabros y vistas hacia los jardines, concentraba buena parte de esa vida social.
El rincón del Palacio que tiene siglos de historia
Uno de los espacios más reconocidos del edificio es el Oak Bar, pero buena parte de su historia comenzó mucho antes que la del propio Palacio.

La boiserie de roble que reviste el ambiente fue tallada a mano entre los siglos XVI y XVII y llegó desde Normandía. Luis Duhau la adquirió durante un viaje por Europa, luego del remate del mobiliario de un château en desuso, y junto con ella hizo trasladar una chimenea de piedra caliza.
Las tallas incluyen motivos florales, heráldicos y medievales, y todavía hoy forman parte de uno de los interiores más emblemáticos del hotel.
De residencia histórica a hotel de lujo
A mediados de los años 90, después de más de seis décadas de uso residencial, el Palacio quedó deshabitado. Cuando comenzaron las tareas de recuperación, en sus ambientes todavía había bibliotecas completas, muebles originales y paredes enteladas con sedas, como rastros intactos de quienes habían vivido allí décadas antes.
La restauración se extendió durante más de cinco años y tuvo un desafío central: incorporar un nuevo uso sin borrar la identidad histórica del edificio. El proyecto sumó además un volumen contemporáneo sobre la calle Posadas, conectado con el Palacio mediante una galería subterránea y los jardines escalonados.

Finalmente, en 2006, el edificio abrió sus puertas como Palacio Duhau – Park Hyatt Buenos Aires, dando inicio a una nueva etapa como hotel de lujo.
#DatoCementero por Cementos Avellaneda
Uno de los secretos detrás de la conservación del Palacio está en su forma de construcción. A diferencia de otros edificios neoclásicos porteños, fue realizado con bloques de piedra reconstituida que luego fueron ensamblados, una técnica que ayudó a que su estructura llegara en muy buenas condiciones al momento de la restauración.
Los jardines que conectan dos épocas

Los jardines son otra de las piezas centrales de la arquitectura del Palacio Duhau. Desde el proyecto original, la barranca fue utilizada para crear un paisaje escalonado de inspiración francesa, con rosales, camelias, glicinas, buxus y árboles como el ginkgo biloba.

Con la restauración, ese paisaje pasó además a funcionar como vínculo entre la residencia histórica y el edificio contemporáneo sobre Posadas, convirtiéndose en el verdadero corazón verde del conjunto.

Hoy, casi un siglo después de su construcción, el Palacio Duhau conserva gran parte de la esencia con la que fue pensado, pero integrada a una arquitectura contemporánea y a una nueva forma de habitar el edificio. Y quizás ahí esté lo más interesante de su historia: no se trata solamente de conservar un palacio, sino de lograr que siga vivo.

