Antes de que hubiera exposiciones, hubo un chico que dibujaba. Uno que mandó un trabajo a una revista infantil y sintió la alegría de verlo publicado. Que, unos años después, ganó un concurso y encontró su diseño en los diplomas que recibían los participantes de unos juegos deportivos. Juanma Illescas todavía no sabía qué lugar ocuparía el arte en su vida, pero algo intuía: “Siempre supe que iba a hacer algo, pero no sabía cómo”.

El camino fue tomando forma entre el dibujo técnico, su formación como maestro mayor de obras, el paso por la Facultad de Arquitectura y el trabajo en la construcción. Allí, entre pallets y materiales de obra, apareció una posibilidad. Primero fueron pequeños muebles; después, piezas creadas con esos restos de madera que él no podía tirar y guardaba por tamaños y tonos.

En sus manos, las maderas, las chapas, los clavos y los alambres se convirtieron en un lenguaje. También en una manera de contar emociones: el desborde de una etapa de mucho trabajo, el amor por Mar del Plata o la necesidad de encontrar un norte. A esas composiciones les sumó palabras y frases en código Morse, mensajes que conviven con las formas y se descubren al mirar más allá de la primera impresión.
Pero hay una transformación que Juan cuenta con especial ternura: crear le permitió recuperar algo de aquel chico que disfrutaba dibujar. En esta charla con Para Ti, comparte cómo construyó su identidad artística y por qué, a veces, una pequeña madera alcanza para empezar a decir mucho.

—¿Cómo nació tu vínculo con el arte? ¿Siempre estuvo presente en tu vida o fue algo que descubriste después de formarte como maestro mayor de obras?
—Siempre me gustó todo lo referido a las artes visuales, tanto en la escuela primaria como en la secundaria. En el Industrial, la ENET N.º 1, me gustaba mucho el dibujo técnico.

A los 10 años tomé clases de dibujo, aunque fue un período muy breve. Participé de un concurso de dibujo y pintura para la revista Anteojito y publicaron mi dibujo.

A los 15 o 16 años gané un concurso de isotipos para los Juegos Deportivos de mi ciudad. Fue un orgullo ver mi dibujo en los diplomas que les entregaban a todos los participantes. Siempre supe que iba a hacer algo, pero no sabía cómo.
—Tu formación como maestro mayor de obras tiene una influencia muy particular en tus cuadros. ¿En qué momento descubriste que podías transformar esos conocimientos técnicos en un lenguaje artístico propio?
—Si bien mi formación como maestro mayor de obras influyó muchísimo en el armado de los cuadros, mi paso por la Facultad de Arquitectura —llegué a tercer año— me ayudó a hacer más plástica esa estructura tan rígida y técnica que realizo.
El lenguaje artístico vino muchísimo después. Me dediqué a trabajar en la construcción y, en paralelo, con los pallets que traían los ladrillos, la cal o el cemento, siempre hacía algunas sillitas y mesitas ratonas para comer o, simplemente, tener ordenadas las herramientas.
Con el tiempo creé Cumpallet, mi emprendimiento de muebles y objetos de decoración hechos con pallets o maderas que se descartaban en la obra. Al trabajar la madera, cortarla y lijarla, van quedando restos que cualquiera tiraría. Yo no pude: los guardaba por tamaños y tonos.
Ahí se me empezó a ocurrir hacer algo con esos materiales. Nacieron las “obras miscelánicas”, como las denomino. Puede ser que haya nacido el “arte miscelánico”, aunque, en realidad, no sé si existe: una gran mezcla de materiales de construcción con palabras o frases escritas en código Morse.
—¿Qué elementos de la arquitectura aparecen en tus obras? ¿Trabajás a partir de planos, perspectivas, estructuras y geometrías o te dejás llevar por la intuición?
—Generalmente trabajo primero haciendo bosquejos y dibujos en mi “gran libreta de garabatos”. La llevo a todos lados y lo que se me ocurre lo anoto. Son acercamientos a las principales ideas a las que quiero hacer referencia.
Una vez que tengo esa idea principal, pueden variar cosas en la obra, pero de menor escala. La idea rectora es fundamental.

Tengo hecha una obra con todos esos dibujos, una especie de collage con los originales, donde las estructuras y la geometría van apareciendo de acuerdo con el tema que desarrollo.
—En la construcción todo necesita precisión, mientras que el arte permite romper las reglas. ¿Cómo conviven esas dos formas de mirar y crear en tu trabajo?
—Las primeras obras siempre estuvieron contenidas en un marco regular, cuadrado o rectangular, muy estricto.
Últimamente me está gustando juntar esas dos ideas: aparecen la precisión y la rigidez de siempre, junto con una plasticidad que remite a romper las reglas, donde la obra no tiene límites.
—¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Primero imaginás una estructura y después la llevás a la obra o va tomando forma mientras trabajás?
—Si bien realizo un bosquejo previo, hay obras que nacieron desde la espontaneidad que me iban brindando los materiales que tenía a mano en ese momento. Pero un 90 % está previamente estipulado por los dibujos.

—Sos de Mar del Plata, una ciudad con una identidad arquitectónica muy particular. ¿Cuánto influye el paisaje urbano marplatense en tu mirada como artista?
—Amo Mar del Plata; para mí, es la mejor ciudad del mundo. El paisaje urbano influye muchísimo, porque en mis obras siempre está el mar o el perfil de la ciudad, con sus edificios y murallones representados con maderas o chapas.
Además, escribo el nombre de la ciudad en gran parte de mis obras. También aparece mi logo o firma y, últimamente, el “norte”, que significa que todos deberíamos tener un norte o seguir una idea, sabiendo dónde estamos parados y hacia dónde queremos ir.

—Más allá de la técnica y de las formas, ¿qué emociones, historias o mensajes buscás transmitir a través de tus cuadros?
—Muchos de mis cuadros son emociones, historias y trabajos realizados en la construcción.
En mi obra Desbalanceado, por ejemplo, el logo o firma está como desfasado de su eje. Fue un momento en el que estaba sobrepasado de trabajo, por suerte, y me sentía desbordado: no estaba alineado y no podía hacer pie.
El mensaje que trato de dar es que con cualquier material, o simplemente con una maderita cuadrada y otra rectangular, se pueden hacer o decir muchas cosas sin que se lean explícitamente. Con poco hacer mucho.

—¿Recordás alguna obra que haya marcado un antes y un después en tu carrera? ¿Qué tuvo de especial?
—No tengo una obra que haya marcado un antes y un después, pero sí momentos.
Uno fue cuando empecé a trabajar con el código Morse. Llegar a la escritura actual fue un desarrollo de un par de años. Poder escribir y sintetizar una palabra o un nombre en forma de torre es algo que se fue armando desde la imaginación y la experimentación.
Otro momento fue cuando armé una mini exposición en el jardín de mi casa con los trabajos que tenía. Me hizo ver y sentir que podía exponer en cualquier lugar o galería.

—¿Cómo fue el camino para hacerte un lugar en el mundo del arte? ¿Cuáles fueron los principales desafíos para mostrar y comercializar tu trabajo?
—Al principio fue muy difícil porque no conocía a nadie. Igual, siento que recién estoy empezando a transitarlo, ya que hace relativamente poco que expongo en muestras.
La primera fue en agosto de 2022, en Amancio, un café de Mar del Plata. A partir de ahí empecé a conectarme con más artistas, que me dieron una gran mano para poder mostrar mis trabajos en muchos lugares.
En agosto de 2026 se cumplieron cuatro años de aquella primera muestra y lo festejé con una exposición de más de 40 obras en otro café de la ciudad, VittobyAugustus. Son espacios que te dan una mano para hacerte visible.

Otra cosa que me ayudó a conocer más gente fue el proyecto CumpArte. Consiste en armar una mesita ratona con pallets y fusionarla con el arte de diferentes artistas de la ciudad: cada uno la pinta con su impronta e ideas. Ya vamos por la número 15 y se siguen sumando.
—Si tuvieras que definir tu identidad artística, ¿qué dirías que hace diferentes a tus obras? ¿Y qué sueños o proyectos te gustaría concretar en esta nueva etapa?
—Mi identidad artística es una mezcla de obra de construcción y arte; por eso lo de “miscelánica”. Es pintura y escultura a la vez. Lo que la hace diferente es la escritura en código Morse: cuando alguien no lo conoce y se lo explico, cobra relevancia todo lo que hago.

Esa versatilidad de poder escribir lo que sea, ya que cada obra se refiere a un tema diferente, y esa escritura mimetizada con los materiales utilizados —madera, chapa, clavos, alambres, hierros— son lo que las hace únicas y explica un poco mi identidad artística: impacto visual más palabras o frases ocultas escritas en código Morse.
Como sueños y proyectos tengo muchísimos. Por ejemplo, llevar mis obras a diferentes lugares del mundo y también incorporarlas a la indumentaria y la moda.

Otro sueño que tengo desde hace bastante es una gran cafetería propia, llena de obras de arte y, obviamente, ambientada con los muebles de pallets que hago.
—Si la arquitectura te enseñó a construir espacios, ¿qué sentís que el arte te permitió construir dentro de vos?
—El arte me permitió conocer muchísima gente y volver a ser un nene que juega, disfruta, se divierte y sueña con lo que hace.
Ig: @juanmaillescas_arte




