Comunicado de Darío Giordano: análisis tras denuncia de Valentín
 

El comunicado de Darío Giordano bajo la lupa de una psicóloga: "Invalida las emociones de su hijo Valentín"

La psicóloga Florencia Rodríguez, especialista en violencia masculina, analizó en exclusiva para Para Ti el comunicado de Darío Giordano tras la denuncia de su hijo Valentín Yankelevich. Desde su mirada profesional, examinó las frases del texto y señaló cómo, según su interpretación, se invalidan las emociones del joven.
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Tras la denuncia de Valentín Yankelevich contra su padre, Darío Giordano, la respuesta pública del empresario generó nuevas repercusiones. En su comunicado, Giordano rechazó las acusaciones y se refirió al conflicto familiar.

A partir de sus propias palabras, la psicóloga Florencia Rodríguez, analizó qué mecanismos discursivos identifica en el texto, cómo interpreta la manera en que se presenta el padre de Franco y Valentín y de qué forma, según su lectura, se invalidan las emociones de su hijo.

En esta columna escrita en exclusiva para Para Ti, la profesional examina el comunicado frase por frase y reflexiona sobre la violencia familiar y sus consecuencias en la salud mental de niños y adolescentes.

Análisis del comunicado de Darío Giordano: "Estrategia de manipulación típica en este tipo de perfiles"

  • Por Florencia Rodriguez, MN 47.400, Lic en psicologia.

La violencia física y psicológica tiene efectos devastadores para la salud mental de niños y adolescentes. En Argentina, 6 de cada 10 niños menores de 5 años sufren maltrato de parte de sus progenitores.

Esta semana, Valentín Yankelevich, hijo de Romina Yan y Darío Giordano, denunció haber sufrido episodios reiterados de violencia física de parte de su padre. Expresó que la violencia se hizo presente a partir del fallecimiento repentino de su madre y que su hermano Franco también fue víctima de estos sucesos.

Primera parte del comunicado de prensa de Darío Giordano

Valentín se animó a exponer la violencia crónica y sistemática que vivió desde sus 7 años, y esa nota tuvo repercusiones: su agresor respondió a partir de un comunicado que podemos analizar desde el punto de vista psicológico.

El comunicado de Darío Giordano comienza intentando manipular al lector, buscando generar empatía: “Soy una persona simple, me crié en un barrio rodeado de amigos y, sobre todo, de mucho amor”, dice.

El agresor no se muestra en sociedad tal cual es; tiene una doble cara: socialmente se muestra como un “padre de familia”, íntegro, de buenos valores, pero en la intimidad puede hacer que su familia viva un verdadero infierno. Por eso, decide comenzar su comunicado mostrando su “mejor versión”, o la imagen social que construyó durante estos años y que la denuncia pone en jaque. Son lobos vestidos de cordero.

Es importante tener en cuenta que quienes ejercen violencia probablemente hayan crecido en entornos familiares caóticos, con falta de límites, y hayan experimentado también situaciones de violencia familiar.

Darío Giordano y la segunda parte de su comunicado de prensa.

"Busca romantizar la vida familiar, mostrando que no hay grietas ni conflictos"

Continúa diciendo: “Nos enamoramos profundamente con Romina. De ese amor nacieron nuestros tres hijos, que fueron y siguen siendo lo más importante de mi vida”.

Busca romantizar la vida familiar, mostrando que no hay grietas ni conflictos (como expresa Valentín en su denuncia) y que ama profundamente a sus hijos. Pero el agresor ejerce violencia aprovechando el vínculo de intimidad que construye con sus víctimas. Desde esa intimidad sabe con qué puede hacerles daño. Y genera también en los niños sentimientos de ambivalencia: “¿Es mi papá, pero también me trata mal? ¿Me ama o me odia?”

Valentín Yankelevich hablando con Tatiana Schapiro para Infobae. Foto captura pantalla.

En su relato nos muestra que es una persona tranquila, simple, padre de familia. Con esto nos está diciendo: «¿A vos te parece que yo podría haber sido un padre violento?»

Luego habla del duelo de Romina: “La muerte inesperada de Romina destruyó el mundo que conocía. Nunca imaginé vivir una vida sin ella”. “Viudo a los 36 años”.

Podemos inferir que adopta una estrategia de manipulación típica en este tipo de perfiles: busca cambiar el rol de victimario por el de víctima. Se muestra como una persona vulnerable. Apela a su historia personal y a la pérdida de su expareja para que el lector sienta lástima y empatía por él.

Darío Giordano y el final de su comunicado.

"Niega la vulnerabilidad de sus hijos y prioriza la propia"

Y continúa: “En el momento de mayor vulnerabilidad de mi vida, cuando intentaba reconstruir una familia atravesada por una ausencia irreparable, también me encontré teniendo que defender mi lugar como padre”.

Darío Giordano y Miren Algañaraz, su segunda esposa

De esta manera, se ubica como protagonista y corre a los niños del rol de vulnerabilidad en la escena. Lo importante no fue que los niños perdieran a su mamá, sino que él quedó viudo y tuvo que reconstruir la familia. Incluso utiliza palabras que no se corresponden con su modalidad de expresión verbal. Niega la vulnerabilidad de sus hijos y prioriza la propia.

Además, corre el foco de la conversación y lo traslada a la familia de Romina, a quienes percibe como una “amenaza” de la cual tuvo que “defenderse”. Cuando hay un contexto de violencia familiar, el entorno o quien percibe la situación son vistos como una amenaza porque, en realidad, son quienes pueden terminar con el ciclo de violencia (como sucedió en este caso).

Darío Giordano y Romina Yan

“Y no siempre fue en igualdad de condiciones”: ubica el poder en la familia de Romina e invierte los roles, ubicándolos a ellos como victimarios y a él como víctima.

“Hay personas poderosas que tienen la posibilidad de instalar su versión de una historia”: de esta manera, aplica la “luz de gas” o gaslighting, instalando la idea de que eso que denunció Valentín, en realidad, no sucedió. Niega los hechos y, al mismo tiempo, revictimiza a la víctima.

"Como si hablara de otra persona, ubica los aspectos negativos de sí mismo afuera o de manera externa"

“Una cosa es reconocer mis errores como padre y otra muy distinta es aceptar que se construya una imagen sobre mí que no reconozco”, continúa Giordano.

Y atención: no dice “una persona que no soy” o “que no fui”; dice que “no reconozco”. Como si hablara de otra persona, es decir, ubica los aspectos negativos de sí mismo afuera o de manera externa. Porque reconocerlos implicaría hacerse cargo del daño que realizó. Por eso, este tipo de perfiles de hombres que ejercen violencia son tan difíciles de identificar. Porque no reconocen ser los agresores y recién se los identifica como tales cuando la víctima denuncia.

Darío Giordano y Miren Algañaraz, su segunda esposa.

“Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen”: dice que rechaza las acusaciones porque se pone en juego su imagen social, que es lo que más desean preservar. Una denuncia por maltrato es un daño directo al narcisismo.

Luego, hace mención al proceso judicial, en el cual fue sobreseído en el año 2018: “Esos hechos que denuncian nunca ocurrieron y, por lo tanto, nunca fueron comprobados”.

De esta manera, sigue buscando invalidar el relato de la víctima, pero omitiendo información. El proceso judicial quedó truncado porque los niños no pudieron sostenerlo emocionalmente, porque el juez los hacía declarar delante de su agresor y eso provocaba síntomas de estrés postraumático. Por lo cual, solicitaron no continuar con el proceso. Un proceso trunco no es lo mismo que ser inocente.

Luego, vuelve a poner en foco de cuestionamientos el rol de la familia: “Me resultó extraño que alguien ayudara a salir de un hogar supuestamente violento a dos menores y dejara allí a una pequeña niña de 7 años”.

Su objetivo es culpabilizar a los abuelos, que intervinieron en la situación y solicitaron la tenencia de Franco y Valentín, quienes además solicitaron el cambio de apellido y hoy llevan el apellido de su abuelo, “Yankelevich”.

"Siembra dudas sobre las condiciones de la muerte de Romina para generar dolor en la familia"

Considero que en el comunicado queda aún más expuesto, ya que conoce los puntos vulnerables de la familia y es ahí donde “golpea” y busca hacer daño: “Nunca pudimos entender con claridad qué sucedió ese 28 de septiembre de 2010”.

Siembra dudas sobre las condiciones de la muerte de Romina. Sabe que sembrar esa pregunta podría generar mucho dolor y cuestionamientos a la familia Yankelevich, e incluso en sus propios hijos.

Luego, pide perdón por no estar a la altura de lo que sus hijos necesitaban en ese momento de duelo y manifiesta poder comprender su angustia. Estos perfiles suelen mostrar una “falsa empatía”: comprenden las emociones del otro, pero las utilizan para hacerles daño. Hacen una muy buena lectura de quiénes son y cómo reaccionan, para manipularlos desde ese lugar. Hay intencionalidad en el daño que realizan; no lo hacen “sin darse cuenta”. Y eso es lo que evidencia en este comunicado. Ninguna oración está escrita porque sí.

Finalmente, expresa que no va a entrar en conflicto con Valentín ni responder a las acusaciones, y he aquí la contradicción: ya respondió a las acusaciones negando los hechos, invalidando las emociones de su hijo y revictimizándolo.

Su comunicado ya es una respuesta y tiene un objetivo: silenciar a la víctima y a su entorno. Probablemente, no busca cuidar el vínculo con su hijo, con quien está en contacto cero, sino lograr que no continúe con las acusaciones en su contra. No hay un pedido real de disculpas porque no reconoce el daño.

Darío Giordano

Como psicóloga especialista en violencia masculina, puedo decir que lo importante no es construir una mirada juzgatoria sobre este tipo de situaciones familiares, sino desnaturalizar la violencia de padres hacia sus hijos, sobre todo si es intencional, sistemática y sostenida en el tiempo, porque puede generar graves efectos en la salud mental de las víctimas, tales como ansiedad, depresión, aislamiento, adicciones e incluso llevarlos al suicidio.

Como adultos, debemos promover una crianza respetuosa, que no es criar sin límites, sino criar sin violencia y respetando la autonomía y características de cada hijo, para que la familia y el hogar sean entornos seguros, de confianza y de apoyo mutuo.

Y siempre ESCUCHAR a los niños y adolescentes: su voz es importante y, como adultos, tenemos muchas maneras de acompañarlos y de lograr que sus derechos sean respetados.

Lic. Florencia Rodríguez. MN 47.400. Lic. en Psicología, especialista en violencia masculina. Creadora de contenidos de divulgación y directora de un equipo de salud mental integral. Instagram: @psiflorrodriguez y @comunidadpsicoclub

 
   

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