Hay dolores que hablan de lo mucho que amamos. Tristezas que necesitan tiempo, preguntas que incomodan y encuentros que, aun sin resolver nuestros problemas, nos ayudan a atravesarlos. En una época que nos empuja a estar bien, poder con todo y seguir adelante, Facundo Olivares invita a detenernos y escuchar eso que tantas veces intentamos callar. De esto habla en esta entrevista en la cual nos presenta su segundo libro, "Terapia a martillazos, hablar sana".
El escritor propone una mirada sensible sobre la vida y los vínculos: qué hacemos con lo que nos duele, cuánto de nuestras decisiones responde a deseos propios y qué lugar dejamos para mostrarnos como somos, también cuando nos sentimos frágiles. En sus palabras, la posibilidad de vivir plenamente incluye la alegría, pero también el miedo, la incertidumbre y las pérdidas.
“Para mí los vínculos te salvan, literal”, dice. Una palabra a tiempo, alguien que escucha, un espacio donde sentirse aceptado: ahí encuentra una forma de hacer más habitable el mundo. En esta conversación con Para Ti, Olivares habla de su segundo libro, de las creencias que necesitamos revisar y de ese gesto tan sencillo como profundo que es acompañarnos. Una invitación a hacernos preguntas y a reconocer cuánto puede sostenernos la presencia de otro.

-Cuando afirmás que nadie se salva solo, ¿qué lugar le das a la comunidad, la amistad y los afectos en esa posibilidad de creer que algo puede cambiar?
-Para mí los vínculos te salvan, literal. No porque vuelvo a esto no te van a resolver la vida, pero te salvan una palabra, alguien que te escuche, sentirse aceptado, sentirse libre de ser.
A ver, el mundo no lo vamos a cambiar, nadie lo hace, pero creo que el camino es construir un submundo dentro de este mundo, un poco más ameno, menos hostil, donde uno se sienta libre de ser, aceptado, reconocido. Donde incluso uno pueda crecer en el escuchar al otro, en la confrontación, quizás hasta en la discusión, porque ahí también se crece. Vale aclarar que no es lo mismo una pelea que una discusión.
Creo que lo único que nos llevamos son los afectos. Entonces qué legado querés dejar en el otro, cómo nos va a recordar, qué se van a llevar de nuestro paso por la vida.
No sé, para mí es todo y es lo sano porque somos con otros, somos en comunidad. Así que el mundo no lo vamos a cambiar, pero sí pequeños mundos dentro de este mundo.
-Darío Zeta escribe el prólogo, ¿qué diálogo encontrás entre su mirada filosófica y tu manera de pensar, sentir y los vínculos?
Me siento muy identificado con la filosofía en general, es que se relaciona también mucho la filosofía y el ser un terapeuta o un analizante.
¿En qué sentido? En esto de las preguntas, de poner en duda la certeza que uno tiene, la mirada que uno tiene, lo que uno piensa, lo que cree, esto que hablábamos antes, el dudar de lo establecido o al menos ponerlo en duda. Yo creo que la filosofía en general se relaciona con la profesión y en Darío encuentro muchas coincidencias o resonancias en esto de dudar. La duda como bandera, dudar de uno mismo, de lo que cree o ponerlo en duda.
Me parece que va por ahí, la duda siempre a mano, incluso de lo establecido.
-Frente a tantas recetas para alcanzar el bienestar, ¿cómo construís una propuesta que invite a hacerse preguntas sin convertirse en otro mandato sobre cómo vivir?
-Qué interesante porque podríamos pensarlo también como otra especie de mandato. Si yo propongo algo, mi mirada de las cosas, quizás puede pensarse que estoy diciendo cómo hay que vivir, por ende podríamos pensarlo en un mandato.
El mandato no es una mala palabra, no es algo que esté mal. El mandato es algo que básicamente nos tragamos sin digerirlo, sin masticarlo. Hay mandatos que no hay que esquivarles o romperlos o salirse del mandato. ¿Cómo es para mí ese mandato? Va conmigo, ese mandato me lo quedo, lo mastiqué, lo digerí y me lo apropio porque va conmigo. Capaz que hay otros que no y esos hay que romperlos, hay que salirse de ese mandato. Pero el concepto de mandato en general no es algo negativo, estrictamente negativo, hay mandatos que están buenos.
Volviendo a la pregunta, podríamos pensar que también hay una especie de mandato, pero creo que es más sano, abrirse preguntas que tengan que ver con uno, los deseos de uno, lo que quiere uno, lo que no quiere, que tenga que ver con uno y no tanto con el otro y lo que espera el otro de uno mismo. Me parece muchísimo más sano esa búsqueda de la autenticidad, de lo que tenga que ver con uno a pesar de lo que el otro espera de uno mismo. Creo que va por ahí.
-¿Qué escenas de la vida cotidiana te hacen pensar que dejamos de mirarnos y empezamos a copiarnos en las calles? ¿Qué podría devolvernos ese encuentro?
-Creo que influye mucho la época actual en la que vivimos, las necesidades. Me parece que hay muchas necesidades, en donde lleva a preocupaciones, a ver cómo sobrevivimos, a que cada uno mire su propia quintita, a ver cómo la cuida, cómo mejora o cómo sobrevive. .
Hay una mirada hoy en día muy individualista, y también es eso, la necesidad te lleva a tener que mirarte a vos y ver básicamente cómo hacés para vivir. ¿Y qué podría devolvernos ese encuentro? Bueno, no sé, yo siempre digo los afectos, el tomarse ratos de despeje o de fingir demencia, la necesidad de encontrarse con otros, quizás no resuelve nada porque la vida sigue siendo la misma, pero nos devuelve un momento de alivio, de desconectar de los quilombos, las necesidades, las responsabilidades, el compartirse, incluso en lo mismo. Me parece que está bueno abstraerse un poco de este mundo, un ratito, unos días, para después volver a la realidad.
-¿Cómo abrirnos a otros sin sentir que quedamos indefensos, especialmente después de haber sido lastimados?
-Esta es la relación un poco con la pregunta anterior, ¿no? En esto de qué perdemos cuando intentamos silenciar. Entre otras cosas que perdemos es quizás la posibilidad de ver lo capaces que somos de atravesar ciertos momentos de dolor, de tristeza, de angustia.
Si uno tapa o intenta tapar lo que siente o intenta no conectarse con lo que duele, con la tristeza... Uno nunca va a saber de lo que es capaz de atravesar, ¿no? En cambio, si me hago cargo de que algo me está doliendo, o lo que esté atravesando, y me meto en lo que duele, en la tristeza, lo voy a ir atravesando y eso va pasando. Uno después no tiene tanto miedo a sufrir porque ya lo atravesó, porque ya sabe lo que es, porque sabe de lo que uno es capaz de tolerar, de soportar, de atravesar.
En cambio, si nunca me metí ahí, el miedo se hace más grande, ¿no?
-En una época que nos exige estar bien y seguir adelante, ¿qué lugar queda para la tristeza, la rabia o el miedo y que perdemos cuando intentamos silenciarlo?
-Sí, esta sociedad es eso, parece que siempre exige y no se exigimos, ¿no? Estar bien todo el tiempo, ¿Qué nos perdemos? De vivir, básicamente,porque también, ahí volvemos a esto, una vida plena. La vida plena incluye también las emociones o sentimientos no placenteros. Además, en esto de qué perdemos cuando intentamos silenciarlo, en realidad nos traicionamos, porque también somos los que a veces no estamos bien, los que a veces estamos tristes, los que algo nos duele, los que algo nos preocupa.
Y si eso lo intento tapar o silenciar, voy contra mí mismo, me traiciono, me recorto, como si eso estuviese mal, como si no fuese posible, como si no debería ser. Y además, todas las emociones, las placenteras y las no tan placenteras, también nos dan información... Si algo nos genera miedo, bueno, por algo es.
Si estoy con alguien violento, posiblemente me genere miedo, y esa sensación me está dando información. Si me separé y estoy triste o dolido, eso también da información de que estoy en duelo, de que ahí hubo o sigue habiendo amor. A nadie le duele perder algo que no quería. Intentar taparlo que no se siente tan lindo, es ir contra uno mismo.
-¿Cómo reconocemos la diferencia entre una calma que nos hace bien y esa tranquilidad ficticia que puede mantenernos alejados de lo que sentimos?
-Creo que una calma que nos hace bien no necesita que hagamos desaparecer lo que sentimos, justamente. Podemos estar tranquilos, en calma, bueno y al mismo tiempo seguir. ¿Qué podemos diferenciar entre calma o alivio? Me suena que la tranquilidad ficticia puede aliviar. Si desaparece lo que siento, si evito una conversación, si postergo una decisión, si no pienso en algo que tengo ahí pendiente.
Si no siento eso, si desvío la mirada, puede que esté aliviado. No sé si me explico en esa diferencia entre alivio y calma. Creo que por ahí una buena pregunta, por ahí abrirse para discernir esto, puede ser como que algo así, si esta calma, ¿no?
-Planteás que vivir no es una tarea que ha de resolverse, ¿en qué momento empezamos a tratar nuestra vida como una lista de problemas pendientes?
-Creo que desde que nacemos, desde que venimos al mundo. La cultura de la productividad también, por supuesto, depende mucho lo que hayamos mamado, y las experiencias que hayamos tenido por nuestra propia familia y de nuestros padres. Pero creo que esto es desde que nacemos, por el hecho de nacer en esta cultura, en este mundo de hoy, en este país. Creo que desde ahí la vida se empieza a ver como esto, resolver cosas. Hay cosas que uno tiene que vivir, y vivir es un todo: la parte linda y la parte no tan linda, vivir plenamente es con todo. Por eso me parece que desde que venimos al mundo.
-El título propone una imagen potente, la terapia martillazo, ¿qué hace falta romper y qué merece ser cuidado en ese proceso?
-Terapia martillazo es simbólico, obviamente es tomado de Darío Zeta en su primer libro, que a su vez él tomó el concepto de idea de Nietzsche, de filosofar a martillazos. Entonces, yo me identifico no solo en la terapia, sino en cómo soy vincularmente, soy bastante confrontativo, sincero en lo que veo y lo devuelvo. ¿Qué hace falta romper? Yo creo que las creencias, o al menos, ya hablando de lo que sería el consultorio. Yo apunto mucho a las creencias limitantes que todos tenemos, inconscientes, que de algún modo manejan las decisiones que vamos tomando.
¿Y qué hay que cuidar? Al otro, básicamente, respetar el proceso del otro, acompañar ese proceso.
- ¿Cómo nació este segundo libro y qué inquietud personal o de esta época te impulsó a escribirlo?
-Creo que la inquietud personal es la de escribir, expresarme, decir lo que pienso, lo que siento.
O lo que pensaba en algún momento y lo que hoy pienso que quizás es distinto, pero sobre todo creo que va por ese lado: mi necesidad de poner en un papel palabras en función de mí, en esto, en lo que, cómo leo la vida, las cosas, lo que siento. No sé si responde a la respuesta, porque no es algo particular de este segundo libro, sino es mi necesidad de mostrarme en quién soy.

