En el reportaje que le hizo Tatiana Schapiro para Infobae, el hijo de Romina Yan reveló que, durante su infancia, le contaba a una psicóloga los maltratos que vivía en su casa, pero que eso, según su testimonio, derivaba en nuevos episodios de violencia. “No había lugar seguro”, recordó sobre aquellos años. También habló del acompañamiento terapéutico que recibió después de irse a vivir con su abuelo Gustavo Yankelevich.
Valentín Yankelevich tenía apenas nueve años cuando, después de la muerte de su mamá, Romina Yan, comenzó a atravesar una etapa de su vida que describió como un infierno. En una entrevista con la periodista Tatiana Schapiro para Infobae, el joven relató por primera vez públicamente los maltratos físicos y psicológicos que asegura haber sufrido por parte de su padre, Darío Giordano, y contó cómo fueron sus intentos de pedir ayuda.

Uno de los pasajes más dolorosos de su testimonio tiene que ver con las consultas psicológicas a las que asistía mientras todavía vivía con su padre. Valentín explicó que había encontrado en ese espacio una posibilidad de contar lo que sucedía puertas adentro, pero que, según su relato, las situaciones de violencia se agravaban porque Giordano sabía de qué hablaba durante las sesiones.
“En ese período que vivía con Darío yo iba a una psicóloga que le contaba lo que pasaba en mi casa, las situaciones de violencia. Y varias veces eso me ha traído más situaciones de violencia porque él sabía lo que yo hablaba con mi psicóloga”, contó en el reportaje.
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La consecuencia, explicó, fue que dejó de sentir que podía hablar con libertad incluso en un espacio destinado a escucharlo y acompañarlo.
“Entré en un lugar donde yo tenía la confianza para hablar, contar lo que pasaba. Yo ahí ya no tenía más lugar para hablar”, recordó.
Cuando Tatiana Schapiro le señaló que, en esas circunstancias, no tenía un lugar seguro, Valentín coincidió: “No había lugar seguro. Por eso lo tuvimos que salir a buscar. Era un agujero negro”.

El miedo y el momento en que sintió que no podía seguir así
En la entrevista, Valentín también habló de las consecuencias emocionales que tuvo aquella convivencia. A la pérdida de su mamá, cuando tenía siete años, se sumaron los episodios de violencia que, según contó, vivía junto a su hermano Franco.
El joven recordó que recibía descalificaciones que afectaron su autoestima y que, con el tiempo, comenzó a sentir que no encontraba una salida a esa situación.
“Llegó un momento que realmente no tenía ganas de vivir, tuve muchos pensamientos con la muerte. Hasta decía ‘voy con mi mamá, voy a estar mejor que acá’”, relató.

Según explicó, ese fue uno de los puntos de quiebre que los llevó a tomar la decisión de irse de la casa. Valentín y su hermano Franco acudieron a realizar una denuncia y declararon ante las autoridades. Ese mismo día dejaron el hogar en el que vivían con su padre y no regresaron.
El proceso judicial se extendió durante varios años, hasta que la tenencia definitiva de los hermanos (también está la menor de los tres, Azul) quedó a cargo de su abuelo materno, Gustavo Yankelevich.
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La terapia que lo ayudó a reconstruirse
Después de irse a vivir con su abuelo, Valentín cambió de psicóloga. A diferencia de lo que había experimentado durante la convivencia con su padre, pudo iniciar un proceso terapéutico que continúa hasta hoy.
En el reportaje, contó que al principio le costaba mucho hablar de lo que había vivido y también de la muerte de su mamá. El dolor era tan grande que poner en palabras su experiencia no resultaba sencillo.
“Me costaba mucho hablarlo también, era un trauma tan grande. Ambos, porque de mi mamá tampoco podía hablar. Era un dolor muy grande el que yo tenía”, explicó.

En ese camino, destacó el acompañamiento de su psicóloga, que lo ayudó a comenzar a procesar lo ocurrido y a recuperar la confianza. También reconoció que la recuperación no fue inmediata: durante su adolescencia sintió mucha bronca por todo lo que había atravesado.
Sin embargo, el amor y la contención que recibió de su abuelo fueron fundamentales para construir una vida diferente. “Mi abuelo Gustavo me salvó la vida. Él me devolvió la vida”, afirmó al recordar cómo lo acompañó después de salir de aquella casa.
El mensaje de Valentín para los chicos que necesitan ayuda
Valentín explicó que durante mucho tiempo quiso contar públicamente su historia, pero que el proceso judicial y el deseo de proteger a su hermana menor fueron algunos de los motivos por los que esperó. Ahora, con su hermana viviendo en el exterior, sintió que había llegado el momento de hablar.
Además de reconstruir lo que vivió, buscó dejar un mensaje para otros chicos que puedan atravesar situaciones de violencia y no sepan a quién recurrir.

“Alguien los va a escuchar siempre. Y si la primera persona no te escucha, vas a otra. Y a los adultos, que escuchen a los niños, porque los niños te dicen la verdad, te cuentan lo que les está pasando”, expresó en la entrevista con Infobae.
Su testimonio pone el foco en la importancia de escuchar a los chicos cuando cuentan que están sufriendo y de que puedan encontrar adultos capaces de tomarlos en serio y ayudarlos a estar a salvo. Para Valentín, poder hablar y recibir acompañamiento fue parte de un proceso que le permitió dejar atrás una etapa marcada por el miedo y volver a imaginar un futuro.
“Hay luz, siempre hay luz al final del túnel. Escuchen a los chicos”, concluyó.





