Frustración y recuperación: cómo sostener el segundo lugar  - Revista Para Ti
 

Frustración y recuperación: cómo sostener el segundo lugar 

Tras la derrota de Argentina frente a España en la final del Mundial 2026, el llamado “complejo de Salieri” ofrece una mirada posible sobre la frustración de quedar segundos. Cómo transformar la derrota, validar la tristeza y reconocer el valor de todo lo construido.
Diana Paris
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"Menos mal, no somos cualquiera... Somos los Salieris de Charly / Le robamos melodías a él," dice León Gieco en su álbum Mensajes del alma de 1992. 

La genial idea del cantautor argentino hace referencia al compositor italiano Antonio Salieri, a quien la leyenda lo posicionó en un lugar incómodo: ser el ladrón de composiciones a Wolfgang Amadeus Mozart, por envidia o rivalidad. Seguramente el mito de estos dos personajes le ganó espesor a la realidad, pero en psicología funciona como la metáfora del “segundo". 

Se lo reconoce como "Complejo de Salieri". La cultura popular adoptó ese símbolo:  quedar a la sombra de uno que tiene el primer lugar. Se manifiesta con un sentimiento de amargura y frustración que rebalsa el esfuerzo realizado sin el resultado deseado.

Cuando la disciplina y el tesón no alcanzan, cuando todas esas cualidades quedan eclipsadas ante un rival más fuerte, es preciso suspender el juicio y la autocrítica destructiva, para dar paso a la reflexión. Ser un “Salieri” no implica ser malo en la tarea llevada a cabo, es comprender que a veces, otros tienen un lugar que nos retrasa unos pasos, y eso no es la muerte de nadie. Desdramatizar, y dar vuelta la página… 

La victoria de un contrincante no significa desmedro del propio valor, muy por el contrario, un éxito ajeno puede ser el impulso de la mirada amable a los sacrificios para llegar a ser subcampeones; ayuda a potenciar la propia disciplina y ejercita la aceptación que recompone la autoestima, y acompaña el proceso de una comprensión central: el sentido provisorio que tiene obtener los laureles.

En el juego como en la vida, hoy están en nuestras manos, mañana los laureles los consigue otro. Ya se sabe que el corto margen entre ser el "pionero" o quedar como "seguidor" puede tener consecuencias desafortunadas en el ánimo y la autoconfianza, si no se sabe gestionar la frustración.  

Estas ideas y emociones resuenan especialmente en la noche del domingo 19 de julio de 2026, tras la derrota del partido mundialista final de Argentina con España. Pero revisemos otras historias para observar cómo se vive la emoción tan humana de ver pasar la comparsa del éxito en un sitio de “segundo” orden. 

Viaje a la Luna y la desolación de ser el segundo 

Este 20 de julio se cumplen 57 años de aquel heroico paso para la humanidad, cuando en 1969 se producía el famoso (y polémico, cargado de teorías conspiranoicas) alunizaje.    

La URSS atravesó el “complejo del segundo”. Si bien llevaba años en la carrera espacial (orbitó el primer satélite, el Sputnik y a bordo la famosa perra Laika, así como al primer hombre en el espacio), Yuri Gagarin, pero el Apolo 11 fue quien alunizó, y los soviéticos cancelaron todos los proyectos al sentirse aplastados por la histórica derrota. 

Neil Armstrong es el nombre más famoso asociado a la llegada a la Luna. El segundo hombre en pisarla fue Buzz Aldrin, que al regresar a la Tierra sufrió años de depresión y alcoholismo, por no poder gestionar la frustración de no haber sido el primero. 

Logró recuperarse, tras un largo proceso de aceptación, terapia y la capacidad de reinventarse nuevas metas. Con treinta y nueve años, exactamente el 20 de julio de 1969, Aldrin se convertiría en el segundo ser humano en dejar su huella en el polvo lunar. Una frase suya conmueve: “Cuando los primeros hombres y mujeres pisen Marte, yo estaré allí, ya sea viéndolo en mi televisor o mirando desde una estrella”.

Este astronauta que logró sobreponerse al complejo de ser el segundo nos deja una gran lección. Alguna vez relató que su viaje a la recuperación de la confianza era superior en valor personal que el viaje espacial. Curiosamente, su apellido materno era Luna y reencontró el sentido de su linaje cuando pudo honrar el todo y no solo la parte...  Hoy, con 96 años, es el último tripulante superviviente, ya que Armstrong murió en 2012 y Michael Collins en 2021. 

El Polo Sur, la teoría de la evolución, el teléfono y San José 

Pocos lo recuerdan, pero en 1912 hubo un hecho trágico sufrido por un grupo de exploradores liderados el británico Robert Falcon en pisar el Polo Sur. Una epopeya de días agotadores y extremas temperaturas para llegar, al Polo Sur. Pero ese enero les dejaría helado el corazón: vieron la bandera noruega de Roald Amundsen, que había pisado ese hielo apenas un mes antes. Desmoralizados no se pudieron reponer a ese segundo puesto y en el camino de regreso todos perecieron de hambre y frío.  

Charles Darwin acusó recibo de ser el segundo: llevaba 20 años desarrollando la teoría de la evolución cuando recibió un largo texto del joven naturalista Alfred Russel Wallace con esa misma teoría, para pedirle su opinión. Darwin no se desmoralizó por ver arrebatado el primer puesto en esas reflexiones, y al poco tiempo publicó El origen de las especies, borrando de la historia el nombre de Wallace. 

Cuenta el mito popular que el inventor del teléfono también estuvo lidiando por el primer lugar: cuando en febrero de 1876, el inventor estadounidense Elisha Gray llegó a la oficina de patentes para registrar su invento, encontró que los abogados de Alexander Graham Bell habían presentado la solicitud ese mismo día, un par de horas antes. Y aunque Gray sostuvo años de litigios judiciales que lo dejaron en la ruina, no consiguió ni las migajas de potente aparato que acababa de nacer. 

Y si vamos a la Biblia, San José tomó un "segundo lugar" como padre de Jesús, o en términos del Papa Francisco: “José fue la sombra terrenal del Padre Celestial". Simbólicamente, representa al protector que no reclama la autoría de la obra, ni ser el protagonista: es quien se aleja de la frustración y asume con orgullo el lugar de la custodia, la educación y el servicio. 

Dar vuelta el lugar de la derrota 

El segundo lugar representa la "derrota frente al primero", pues el sesgo de cercanía (“estar a solo un paso") no tiene el sabor amable del tercero que también sube al podio y lo celebra.   

Evaluar que el esfuerzo no fue en vano, aceptar la vulnerabilidad y gestionar las expectativas implica validar otra forma del logro. Conseguir este salto en las posiciones, con humildad y sentido de experiencia favorece una conciencia más adulta, saludable y da soporte a las nuevas expectativas; valora el esfuerzo, y la dedicación por encima del resultado con aplauso, y desplaza el eje de la comparación "ser el primero” que solo genera ansiedad.  

En una cultura que premia el exitismo, estas habilidades emocionales son el gran criterio de cambio: hallar el bienestar en la fuerza que sostiene la base y no pretender que solamente se pueda ocupar siempre el vértice del podio. 

Validar la tristeza, la frustración, es signo de salud; permitirse ese duelo con autenticidad sin perder la dimensión global, y luego, poder reponerse: reenfocar los objetivos, confiar en las siguientes metas, ajustar las exigencias, descubrir el aprendizaje oculto en el proceso para encarar nuevas posibilidades. En la profesión, en las ideas, en el fútbol y en la vida misma, sucede así. 

Fuente: Diana Paris es psicoanalista, psicogenealogista, biblioterapeuta. Autora de Secretos familiares, Mandatos familiares, Lecturas que curan, Mujeres sin hijos, Tu voz que florece (en co-autoría con Ondi Paris), todos de la editorial Del Nuevo Extremo. 

 
   

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