En esta columna especial para Para Ti, Andrea Chiarello, creadora de Mamás Felices Latinoamérica, comparte una reflexión sobre los desafíos de la maternidad, los mandatos que atraviesan a las mujeres y la importancia de construir una crianza basada en el amor, sin dejar de ser una misma.
Durante años nos vendieron una única forma de ser madre: la mujer abnegada, que deja todo de lado, que vive PARA sus hijos. De Moria, que con su lengua filosa se animó a decir lo que muchas callaban, a esta nueva generación de madres que me encuentro todos los días, hubo una revolución silenciosa pero profunda.
La verdad es que hoy hay tantos modos de vivir la maternidad como madres hay. Como siempre digo, una mujer no nace sabiendo ser mamá. No hay un libro que te marque los pasos.
Una empieza a transitar ese mundo sin tener casi nada claro. Y en ese camino juegan otros factores que pesan mucho: nuestra propia historia familiar, los miedos, las ansiedades, las inseguridades y todo lo que traemos con nosotras. Nuestra personalidad se dimensiona un montón con la llegada de un hijo.
Hay mujeres que creen que no van a poder y necesitan ayuda. Hay otras que encuentran una forma sencilla y práctica de resolverlo. Y hay otras que nunca logran conectar demasiado porque el trabajo y la independencia lo son todo. Ninguna está mal. Ninguna está mejor que otra.
Lo importante, lo único innegociable, es que el vínculo que se construye entre madre e hijo sea de amor y de contención. Esa es la base principal, por lo menos de la primera infancia. Todo lo demás se aprende. Nadie se cría solo. Se cría en tribu.
La trampa de la cantidad
Creo que hoy la educación y la crianza consciente van de la mano. Debido a la rapidez del mundo en el que vivimos, lo que importa más es la calidad del tiempo y no la cantidad. Una puede estar todo el día con su hijo y no dedicarse a él ni un segundo de verdad.
Hablamos mucho de libertad. Y sí, es fundamental. Queremos hijos libres que puedan construir y forjar su propio destino. Pero la libertad sola no alcanza.
Necesitamos también disciplina, estudio, esfuerzo y, sobre todo, ejemplo. Muchas veces los niños no siguen nuestros discursos, siguen nuestros pasos. Ven en el ejemplo de sus padres el camino a seguir.
Y esa libertad también necesita límites sanos. Libertad no significa que haga todo lo que quiera. Significa que tenga opciones para elegir y decidir cuando sea necesario. Cuando el niño explora diferentes situaciones va encontrando su propio camino. Y ahí es fundamental el rol de papá, mamá, abuelos y amigos. Nadie cría sola.
El fin de los mandatos
¿Es un mal mensaje decirle a una niña que no necesita ser madre para realizarse? Para nada, siempre que esa niña vaya construyendo su propio camino y descubriendo qué es lo que la hace feliz.
Muchas veces los mandatos maternales son muy fuertes y eso hace que esa niña, y luego mujer, repita patrones que no eligió.
Por experiencia personal, creo que está bien escuchar y conocer lo que nuestras madres nos decían en cada época, para luego nosotras mismas discernir qué está bien o mal, qué nos gusta o no, qué sentimos o queremos sentir.
En definitiva, todas somos mujeres y madres en distintos tiempos y con necesidades diferentes. De Moria a nosotras, el péndulo se movió.
Donde termina la culpa
La culpa es algo que siempre nos persigue a las madres. Por eso desde Mamás Felices intento abrir un espacio distinto. Un espacio para que tantas mujeres, hombres y familias puedan vincularse y conectarse desde la necesidad y el amor por su propia búsqueda, y no desde el juicio o la imposición. Ni siquiera desde el "deber ser".
Cada persona que viene a nuestras jornadas llega con su historia, con sus aciertos e inseguridades. Todos los que estamos allí es para llevarnos alguna herramienta, algún contacto, una nueva relación o simplemente sentirnos acompañados un rato.
Eso es Mamás Felices Latinoamérica. Más allá de las sociedades, culturas, países, religiones y estructuras, el mundo universal de la crianza es infinito y particular al mismo tiempo para cada uno de nosotros.
La revolución de la que hablo es esa: ya no queremos madres que se anulen para ser buenas madres. Queremos madres felices que vivan CON sus hijos, no solo PARA sus hijos. Porque el amor y la contención es todo. Es el comienzo de la maternidad.
Fuente: Andrea Chiarello - Creadora de Mamás Felices Latinoamérica


