Invitado a PH, Podemos Hablar, el ciclo de Telefe conducido por Andy Kusnetzoff, Alejandro Awada recordó uno de los episodios más difíciles que atravesó junto a su familia: el secuestro de su padre, Abraham Awada, ocurrido en 2001.
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Durante el programa, el actor reconstruyó aquellos días de extrema tensión y contó un detalle que durante años había mantenido en reserva: fue él mismo quien participó de una de las entregas del dinero exigido por los secuestradores. La experiencia estuvo marcada por el miedo, la incertidumbre y varios intentos fallidos hasta conseguir la liberación de su padre.
Awada explicó que Abraham era un empresario textil cercano al expresidente Carlos Saúl Menem. Según recordó, Menem solía llegar en helicóptero al club donde su padre jugaba al golf, algo que, de acuerdo con el relato del actor, habría llevado a los secuestradores a interpretar que existía un vínculo del que podían obtener un beneficio económico.
“Sale del club un día, le cruzan el auto y se lo llevan”, recordó. A partir de ese momento, la familia comenzó a recibir llamados telefónicos y amenazas. Después de varios días de incertidumbre, decidieron acceder al pedido de los secuestradores y reunir el dinero del rescate.
“Accedemos, juntamos la guita y yo fui a hacer la primera entrega. Temblaba, nunca en mi vida tuve tanto miedo, además muy sacados los chabones, te maltrataban y te decían ‘¡Hacé esto, hacé esto!’”, relató.

La Policía puso a disposición de la familia a dos especialistas para acompañarlos durante el operativo. Con el seguimiento policial, Awada continuó respetando las indicaciones que recibía de los secuestradores. “Me dicen que hay un tal auto en tal lugar, que me suba y que sigan las instrucciones”, explicó.
Las entregas fallidas del rescate
El actor contó que recibió instrucciones precisas sobre dónde debía dejar el dinero. Incluso, en uno de los momentos del operativo, creyó que había encontrado una oportunidad para que la Policía pudiera detener a los delincuentes luego de pasar por una comisaría durante el recorrido que le habían indicado.
Sin embargo, el plan no salió como esperaba. “Me llevan a mí y van ellos dos. Resulta que me equivoqué en la entrega, no era el lugar”, recordó.
Según su relato, hubo otros dos intentos. El segundo también resultó fallido y finalmente una tercera persona, con experiencia en este tipo de negociaciones, fue quien realizó la entrega definitiva.
Después de una semana marcada por el cautiverio y la tensión familiar, Abraham fue liberado. Los registros de la época señalan que había sido secuestrado el 20 de agosto de 2001, cuando el empresario tenía 78 años. Luego de que la familia pague un rescate de 300.000 dólares, recuperó la libertad seis días después.
Pero el episodio no terminó con la liberación. Para Alejandro, también significó un antes y un después en la relación con su padre.
El abrazo que cambió la relación entre Alejandro y Abraham Awada
Más adelante, Kusnetzoff le preguntó al actor cómo era su vínculo con Abraham antes del secuestro. “Distantes, compartíamos poco. Siempre lo quise y siempre me quiso, eso sí”, explicó.
Awada reconoció que su padre no era una persona particularmente afectuosa. “Un hombre no sencillo, por llamarlo de alguna manera. El abrazo no, los besos tampoco”, describió. Sin embargo, todo cambió cuando Abraham recuperó la libertad.
“Escucho el ruido de la puerta, salto de la silla y era mi viejo. Lo abracé y me puse a llorar, lágrimas, lluvia de lágrimas. Y a partir de ahí nos empezamos a llevar mejor, él cambió mucho. Y después envejeció, pobrecito”, recordó. Abraham murió el 18 de agosto de 2012, a los 90 años.
Cómo el secuestro de su padre influyó en el trabajo de Alejandro Awada
La conversación también llevó a uno de los trabajos más recordados de la carrera del actor: su interpretación de Arquímedes Puccio en Historia de un clan, la ficción basada en la historia real del clan familiar que se dedicaba a los secuestros extorsivos.
Kusnetzoff quiso saber cómo había influido aquella experiencia personal en la construcción de un personaje que estaba del otro lado de un secuestro.
Awada explicó que haber vivido el cautiverio de su padre le permitió conocer de primera mano el lugar de las víctimas y de sus familiares. “Me ayudó el haber vivido la experiencia porque no es joda, es en serio”, explicó durante el programa.
De esta manera, el actor volvió sobre una experiencia que atravesó a su familia hace 25 años y que, además de transformar su relación con su padre, terminó dejando una huella inesperada en su carrera profesional. El recuerdo del miedo, la incertidumbre y aquel abrazo después del cautiverio adquirieron, con el paso del tiempo, otra dimensión en su historia personal y artística.

