Eva Bargiela sobre su presente: “Con Faustino nací de nuevo”
 

Eva Bargiela abre su corazón sobre la maternidad y el presente que siempre soñó: “Con Faustino nací de nuevo”

La modelo y conductora atraviesa un presente de felicidad junto a Gianluca Simeone y su hijo Faustino, pero en esta charla con Priscila Crivocapich también habla de los miedos que le despertó la maternidad, el vínculo con la familia Simeone, la muerte de su mamá, los límites que aprendió a poner y la mirada que hoy tiene sobre su pasado. Además, cuenta sus sueños para lo que viene: más hijos, un casamiento tradicional y nuevos desafíos profesionales.
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Eva Bargiela vuelve a la editorial que forma parte de su historia. Hace casi 20 años, cuando todavía era adolescente, llegó a hacer sus primeras producciones para Para Teens y Para Ti Tejidos. Hoy regresa a Para Ti como protagonista de una charla atravesada por su presente familiar: junto a Gianluca Simeone y su hijo Faustino, que ya tiene 9 meses y visitó por segunda vez la editorial.

“Empecé a trabajar a los 14 y mis primeras producciones fueron Para Teens, Para Ti Tejidos. Mi primera producción fue cuando estaban allá en la calle Azopardo, hace mucho tiempo, que me llevaba mi mamá y me acompañaba en las producciones”, recuerda.

Y explica por qué mantiene un vínculo especial con la editorial: “Siempre tengo un cariño especial. Cuando me llaman de Para Ti para hacer algo, me es muy difícil decir que no. Por más que no tenga tiempo, lo que sea, siempre trato de hacerlo porque es como una partecita de mi corazón”.

Esta vez, además, la visita tiene un invitado especial: Faustino. “Es la segunda vez de Faustino en la editorial. Porque vinimos para San Valentín, que hicimos acá como un juego medio de parejas y vino con nosotros. Tiene 9 meses y ya estuvo dos veces en la editorial”.

La tapa

“Nace una versión tuya que no conocés con la maternidad”

La maternidad aparece como el primer gran eje de la conversación. Ante la pregunta de Priscila sobre qué nació en ella con la llegada de Faustino, Eva lo resume con una frase que atraviesa buena parte de la charla: “Es como que nací yo de nuevo directamente, porque nace una versión tuya que no conocés con la maternidad”.

“Hay mucho que vos te podés imaginar, ¿no? De decir: ‘Bueno, no, yo voy a ser así, así, asá’. Pero cuando nace el bebé, es como que nacés vos también. Es como una nueva vida, medio que te olvidás un poco de la vida anterior y como que, no sé, te salen cosas que capaz ni las pensabas”, cuenta.

Eva Bargiela con su bebé, Faustino: "Nace una versión tuya que no conocés con la maternidad"

Incluso reconoce que su propia idea sobre cómo sería como mamá terminó siendo muy diferente de la realidad. “Yo pensaba que iba a ser como mucho más maestra ciruela y como que hace lo que quiere conmigo. O sea, hace un mini llantito y yo ya estoy yendo a calmarlo y a tratar de entender. Él no habla todavía, claramente, tratar de entender lo que él quiere y sí, soy una mamá totalmente babosa y manipulada”.

Pero detrás de esa imagen de mamá canchera y relajada que puede verse desde afuera, hay una emoción que no esperaba encontrar con tanta fuerza: el miedo.

"Yo pensaba que iba a ser como mucho más maestra ciruela y como que hace lo que quiere conmigo".

Los nuevos miedos de ser mamá

El miedo. Es como que se te desbloquea, todo te da miedo”, reconoce Eva cuando Priscila le pregunta qué emociones nuevas aparecieron con la maternidad.

Y enumera algunos de esos temores cotidianos: “Todo, o sea, que se golpee, si le doy de comer, que algo esté mal y se intoxique, si lo dejo dos minutos, no sé, en su corralito para ir al baño, que entre alguien y me lo robe. Es como que todo, absolutamente todo, me da miedo”.

Incluso cuenta que esa preocupación también se trasladó a la manera en que maneja: “Voy con él en el auto y voy a 20 porque me da miedo que me choquen. Es como que todo me da miedo, que no estar, o sea, tener algún descuido hacia él”.

"Cuando sos mamá empezás a ver peligros que antes no veías"

Priscila le señala que, pese a todo, se la ve como una mamá relajada. Eva responde con humor: “No todo es lo que parece, no te creas todo lo que ves”.

Y explica que la maternidad le activó una especie de radar que antes no tenía: “Empezás a ver peligros que antes no veías. Ahora Faustino está gateando y se está empezando a parar. Entonces, capaz yo antes ni veía y ahora veo los enchufes, veo las esquinas y se te van desbloqueando cosas, como un radar que antes no tenías”.

Faustino empezó a gatear durante un viaje familiar al Mundial, después de que Eva intentara limitar sus movimientos por miedo a la higiene de los pisos de los hoteles y a que pudiera lastimarse.

"Ahora Faustino está gateando y se está empezando a parar".

“Nosotros justo fuimos al Mundial y yo en el viaje no lo dejaba estar en el piso”, cuenta. “Primero, viste, en Estados Unidos la mayoría de los hoteles tienen piso con alfombras e higiene dudosa. Yo no sé cuánto aspiran esas alfombras, cuánto la limpian. Además, normal, vos entrás de la calle, de pisar cualquier cosa con las zapatillas al hotel y pisás las alfombras, es natural”.

Hasta que un día Faustino se tiró de la cama. “Yo lo ponía solo en la cama y estaba al lado mío, pero claro, él tenía tantas ganas de moverse y... Es un segundo. Y te digo que ni siquiera es un descuido, porque yo estaba al lado, no es que, bueno, me fui al baño y lo dejé. Se tiró”.

"Me queda poca paz, porque creo que cuando empiece a caminar no lo para nadie".

A partir de entonces, Eva empezó a dejarlo moverse más libremente por el piso. “Y empezó a estar en el piso y al otro día gateaba. Yo, ‘ay, pobrecito, yo lo tenía reprimido, yo lo tenía a upa en el cochecito y él quería gatear’. Yo creo que si no lo hubiese tenido tan limitado con su movimiento libre en el piso, hubiese gateado antes”.

Después llegó todo más rápido: “Empezó a gatear y creo que al día siguiente empezó a gatear, se empezó a agarrar de las cosas y se empezó a parar. Y ahora está como en esa de que se para y como que quiere caminar empujando cosas o da pasitos o de la mano. Así que nada, me queda poca paz, porque creo que cuando empiece a caminar no lo para nadie”.

Un bebé rodeado de fútbol

La conversación lleva entonces al vínculo de Faustino con el fútbol, algo que aparece naturalmente por la familia en la que nació.

Tiene camisetas de todos los talles. O sea, tiene que le quedaron chicas, que le van bien y tiene como stock por si crece. Pelotas, tiene de todos los tamaños”, cuenta Eva.

Y explica que le gusta que su hijo crezca cerca del deporte: “Le tocó nacer en una familia con un padre que ama el fútbol, ama el deporte, que me encanta igual, porque creo que el deporte es algo que sí o sí tiene que estar en la vida de todos y más en la vida de los adolescentes, con todas las cosas que hay hoy”.

"Tiene camisetas de todos los talles. O sea, tiene que le quedaron chicas, que le van bien y tiene como stock por si crece. Pelotas, tiene de todos los tamaños".

En ese sentido, también menciona la tecnología y la importancia de inculcar el movimiento desde chicos: “Me parece clave inculcar el deporte desde chiquitos”.

“Cien por ciento prefiero toda la vida que esté jugando al aire libre con una pelota antes que esté con una pantalla, así que agradecida que le haya tocado un padre así porque yo no soy tanto del deporte, del fútbol”, dice.

Ella misma se define como hincha, aunque no demasiado futbolera: “De verlo, soy hincha, me gusta la Selección, soy de River, pero de ahí a comprar una pelota, no”.

Cómo es Gianluca Simeone como papá

A la hora de hablar de Gianluca como padre, Eva aclara que no fue algo que la sorprendiera demasiado porque, antes de tener a Faustino, ya había observado cómo se vinculaba con los chicos.

No sé si es algo que descubrí. A la hora de que decidimos buscar un bebé y tener a Faustino, yo sabía a quién estaba eligiendo como papá”, afirma.

Y lo describe así: “Él es un chico muy amoroso, muy sensible, es muy divertido”.

"A la hora de que decidimos buscar un bebé y tener a Faustino, yo sabía a quién estaba eligiendo como papá"

Hay algo de Gianluca que, según Eva, siempre la contagió: “Él tiene la capacidad de ver la vida con ojos de niño”.

“Él ve todo con mucha inocencia y muy sano y le gusta, no sé, Disney y le gustan todas esas cosas”, cuenta. También recuerda que lo veía interactuar con sus hermanas más chicas y con otros niños.

Como que lo veía que, no sé, íbamos caminando por un lugar y había un nene con una pelota y él le decía: ‘No, pegale así, hacé así’. Nosotros vivimos en un barrio cerrado ahora y él es amigo de todos los nenes del barrio”, relata.

Sobre Gianluca Simeone como papá: "Más que sorprenderme, me confirmó que yo sabía que iba a ser un padrazo"

Por eso, para ella, la llegada de Faustino confirmó algo que ya intuía: “Más que sorprenderme, me confirmó que yo sabía que iba a ser un padrazo y que le iba a gustar jugar y que todo el mundo de las fantasías y todo eso de los chicos con él iba súper bien”.

La convivencia y el reparto de tareas

Eva y Gianluca también encontraron una dinámica propia para organizar la vida cotidiana. “Re bien nos repartimos”, cuenta ella.

La diferencia en sus rutinas laborales influye: “Yo trabajo mucho y entonces a veces estoy menos en casa que él. Él trabaja, pero su trabajo le permite más estar desde casa”.

Gianluca trabaja en el mundo de la representación de jugadores de fútbol, una actividad que implica mucho teléfono, llamadas y reuniones, pero que también le permite manejar sus tiempos de otra manera.

"Yo trabajo mucho y entonces a veces estoy menos en casa que él".

“Entonces, como que la verdad que él es súper compañero en ese sentido. Se ocupa de un montón de cosas de Faustino”, destaca Eva.

La distribución de las tareas de la casa también se fue dando naturalmente: “Yo, por ejemplo, amo cocinar, pero odio lavar. Entonces, yo cocino, él lava, como que nos vamos distribuyendo las tareas. Yo me levanto y le hago el desayuno a Faustino y preparo nuestro desayuno y él hace la cama, como que vamos compensando”.

Cuando Priscila le pregunta si hubo una lista de tareas o pedidos concretos, Eva responde: “No, se fue dando de manera natural, hubo más pedidos de él hacia mí, que míos hacia él”.

"Yo, por ejemplo, amo cocinar, pero odio lavar. Entonces, yo cocino, él lava, como que nos vamos distribuyendo las tareas".

El motivo tiene que ver con una diferencia de personalidad: “Él es muy ordenado y yo...”.

Eva cuenta que ella también está acostumbrada a vivir sola y que, por su trabajo, puede llegar a probarse muchísimos looks antes de salir a un evento. “Capaz tengo un evento y me pruebo 100 cosas antes de ir al evento y queda el vestidor que parece que no sabés si se vistió alguien o si entraron a robar”.

Gianluca, en cambio, suele pedirle que ordene. “Entonces él es como: ‘No podés dejar esto así’. Entonces bueno, yo estoy aprendiendo a ser un poco más ordenada con él”.

Pero Eva también hace su propia denuncia pública, entre risas: “Igual él es un ordenado mentiroso. A ver, lo voy a decir acá, ya está, es una denuncia pública”.

Según explica, el problema es que Gianluca busca que nada quede a la vista, aunque eso no necesariamente significa que cada cosa quede en su lugar. “Por ejemplo, hay algo que no le gusta que esté ahí arriba porque le molesta visualmente, abre el cajón más cercano. Y no importa que sea una zapatilla, es que lo guarda, entonces después vos buscás algo y no está dónde tiene que estar”.

Priscila Crivocapich y Eva Bargiela

La conclusión de Eva es clara: “Él es ordenado, o sea, vos llegás y la casa parece ordenada, pero después tenés que andar adivinando dónde están las cosas”.

Y esa necesidad de orden también parece estar presente en su familia: “Sí, son ordenados. No conozco la intimidad así adentro, pero vos vas a la casa y está siempre ordenada. Todo impecable”.

La familia Simeone y la primera Navidad sin su mamá

La conversación entra entonces en otro territorio: cómo fue para Eva incorporarse a una familia tan conocida como la de Gianluca.

“Y a mí me dio un poquito de miedo”, reconoce. Pero no por ellos, sino por lo que implicaba llegar a una familia conocida siendo ella también una persona que trabaja en los medios desde hace años.

Siendo una persona que trabaja en los medios hace muchos años como soy yo, que un poco de mi vida se conoce, es como que sentís que llegás y ya saben de vos. No es como que decidís qué contar”, explica.

"Los Simeone son una familia amorosa".

Hay muchas cosas que ya se saben, naturalmente, porque están en algunos lugares”, agrega.

Eva aclara que no se trataba de un miedo hacia la familia, sino de los nervios propios de conocer a personas que ya llegan con una historia pública.

Vos conocés a alguien y es una hoja en blanco y llega una persona conocida y vos ya sabés con quién salió, dónde trabajó, porque hay cosas que ya las sabés. Entonces, desde ese lado me daba como un poquito de nervios”.

La experiencia, sin embargo, terminó siendo muy diferente: "La verdad que son una familia amorosa".

"Al poco tiempo de que empecé a salir con Gianluca, no había pasado ni un año, falleció mi mamá"

Y hubo un momento particularmente importante en el vínculo: la muerte de su mamá, que ocurrió poco tiempo después de que comenzara su relación con Gianluca.

Al poco tiempo de que empecé a salir con Gianluca, no había pasado ni un año, falleció mi mamá y como que ellos fueron súper amorosos conmigo, me contuvieron un montón, fueron buenos con mi familia también”, cuenta.

Y recuerda especialmente aquella primera Navidad sin su mamá: “Nosotros no teníamos ganas de hacer nada y ellos como que nos invitaron a pasar Navidad todos juntos y como que tuvieron gestos muy lindos que nada, son cosas que uno no se olvida”.

"No voy a llorar porque en todas las notas lloro".

La muerte de su mamá y la llegada de Faustino

Es uno de los momentos más emotivos de la charla. Priscila le plantea a Eva cómo fue atravesar la muerte de su mamá mientras, al mismo tiempo, transitaba el embarazo y luego la llegada de su hijo.

Antes de responder, Eva anticipa con humor: “No voy a llorar porque en todas las notas lloro, ya me cansé”.

Después cuenta que durante un tiempo sintió que estaba viviendo todo “en modo avión”.

"Aprendí que la vida no es perfecta y que los sentimientos no son absolutos".

Estaba como anestesiada porque no podía ni terminar de estar triste ni terminar de estar contenta porque cuando estaba triste por mi mamá sentía culpa de no estar contenta por Faustino. Y cuando estaba contenta por Faustino sentía culpa de no estar triste”, explica.

Ese proceso la llevó a un aprendizaje que, según cuenta, hizo con terapia y mucho trabajo interno: “Aprendí que la vida no es perfecta y que los sentimientos no son absolutos y que puede una persona estar feliz por algo y triste por otra cosa y que las dos cosas están bien”.

Para Eva, aprender a convivir con esas emociones fue fundamental: “Va a ser muy difícil encontrar un momento de felicidad plena donde no haya nada triste que te lo opaque”.

Y lo ejemplifica con situaciones cotidianas: “Capaz, no sé, te pasa o que te echan del trabajo y te pusiste de novia. O sea, no sé, como que hay muchos momentos de la vida donde va a convivir el dolor con la felicidad y como que hay que aprender a transitarlo sin culpa”.

"Faustino, que vino después de lo de mi mamá, como que nos trajo un refresh de alegría y de amor".

Reconoce que a ella le costó: “Yo estaba primero como bloqueada con cualquier tipo de sentimiento y aprendí como a convivir con los dos”.

En ese contexto, la llegada de Faustino también tuvo un significado especial. “Faustino, que vino después de lo de mi mamá, como que nos trajo un refresh de alegría y de amor”.

Y agrega: “Hay situaciones de las que cuesta mucho salir y también hay bendiciones como es la llegada de un hijo sano que te permiten conectar con la alegría de nuevo”.

La mamá que recuerda a través de Faustino

Ser madre también hizo que Eva pudiera mirar a su propia mamá desde otro lugar.

“Sí, un montón”, responde cuando Priscila le pregunta si reconoce en ella formas o gestos de su madre. “Pero es como que ahora siendo madre digo, no entiendo cómo hacía mi mamá porque ella hacía muchas cosas”.

La describe como una mujer que trabajaba y, al mismo tiempo, encontraba tiempo para hacer todo aquello que muchas veces se espera de una mamá con mayor disponibilidad.

"No entiendo cómo hacía mi mamá porque ella hacía muchas cosas"

Mi mamá tenía una particularidad que ella trabajaba todo el día porque se iba muy temprano y volvía tarde de trabajar, pero a la vez hacía esas cosas que hacen las mamás que no trabajan”.

Y enumera algunos de esos recuerdos: “Que te cocinaba la torta, que te hacía las invitaciones de tu cumpleaños a mano, que te hacía todos los souvenirs, que te hacía la decoración a mano de tu cumpleaños y capaz se quedaba hasta la 1 de la mañana recortando banderines porque los banderines hechos a mano son más lindos que los banderines del cotillón”.

“Eso lo esperás capaz de una mamá que tiene más disponibilidad horaria”, reflexiona.

Pero su mamá también estudiaba, se capacitaba y seguía trabajando mientras cuidaba de sus tres hijas.

No sé, te juro que yo lo pienso y no sé cómo hacía, porque además mi mamá trabajaba, siempre estaba capacitándose, estudiando, haciendo cosas para nosotras, que somos tres”.

Y termina con una reflexión especialmente íntima: “Hay muchas cosas de ella que veo en mí y muchas cosas que veo que no voy a poder llegar a ser como ella”.

Sobre su mamá: “Hay muchas cosas de ella que veo en mí y muchas cosas que veo que no voy a poder llegar a ser como ella”.

La familia Simeone, a la distancia

Después de ese momento, la conversación vuelve a la familia de Gianluca y a cómo es compartir la vida cuando los distintos integrantes viven en diferentes países.

Sobre Diego Simeone como abuelo, Eva prefiere hablar de la dinámica familiar en general: “Me cuesta como personalizar, pero son todos como muy cariñosos en la familia”.

Y explica que no tienen la posibilidad de verse con frecuencia porque viven en países distintos: “Nosotros nos vemos poco, es la verdad, porque vivimos en países distintos, entonces cuando nos toca coincidir es como muy intenso”.

El Mundial fue una de esas ocasiones en las que pudieron compartir más tiempo: “Cuando vamos de visita, como que son días intensos donde estás. No es como cuando vos te ves con tus suegros, capaz que te ves el fin de semana, es como más 24/7, porque hay que aprovechar el tiempo”.

Para Eva, además, esas visitas tienen un beneficio concreto: puede descansar mientras la familia disfruta de Faustino.

Priscila y Eva.

Yo aprovecho a descansar, porque ellos lo agarran, lo cuidan, lo miman, las nenas también”, cuenta.

Y suma, entre risas: “Yo ahí aprovecho y descanso, ¿viste? Me tomo un té tranquila, sin tener a alguien colgado”.

Sobre Carolina Baldini, a quien llama cariñosamente “Caro”, destaca también la cercanía pese a la distancia. “También, Caro, es lo más. Nos pasa un poco lo mismo. Si bien ella hace su base en Argentina, viaja muchísimo”.

Eva describe esa vida familiar repartida por distintos países con una imagen particular: “Ella tiene sus hijos en distintos países, entonces le toca como ir medio de gira, ¿viste? Como un artista internacional, va un poco por cada lado”.

Cuando están juntas en Argentina aprovechan para salir y compartir; cuando están lejos, las videollamadas ayudan a mantener el contacto.

Y hay una nueva particularidad: la llegada de los nietos. “Ya tiene dos nietos. Uno en Italia y otro en Argentina”.

“Hace cuatro años atrás ni loca me imaginaba este presente. Que sí era un presente que anhelaba, pero lo veía muy lejano”.

“Hace cuatro años ni loca me imaginaba este presente”

Priscila le propone entonces mirar hacia atrás y preguntarse qué ve cuando compara su vida actual con la de cuatro años atrás. “Todo”, responde Eva.

Hace cuatro años atrás ni loca me imaginaba este presente. Que sí era un presente que anhelaba, pero lo veía muy lejano”.

Incluso recuerda que en un momento había llegado a resignarse a la idea de que determinadas cosas no iban a sucederle.

Yo medio que me había resignado en un momento de mi vida como: ‘Bueno, no soy de esas chicas que tienen tu suerte y encuentran un hombre bueno que las acompañe. O sea, no me tocó en esta vida, no sé’. Como que me había un poco resignado a eso”.

Veía las historias de otras personas y sentía que esa no era su propia experiencia: “Veía amigas o colegas o gente que decís: ‘Ay, conocí este chico rebueno, nos fuimos a vivir juntos y ahora estamos esperando un bebé’. Decía: ‘Bueno, no sé, no nací con esa suerte’”.

Priscila y Eva.

Hasta que la vida la sorprendió: “Pero te juro que lo pensaba así y decía: ‘Bueno, no es para mí, ya está. Qué sé yo, me tocará otra cosa para la vida’. Y después me sorprendió y sí, me tocó”.

Los límites que aprendió a poner

Desde ahí, la charla entra en un terreno más personal: qué aprendió después de sus experiencias anteriores y qué límites pudo construir con el tiempo.

Eva hace una aclaración que para ella es importante: “No sé si es un límite con los demás, sino es un límite conmigo misma”.

Y explica de qué se trata: “Es como, bueno, esto no lo quiero, esto no lo acepto, esto no lo merezco”.

Para ella, muchas veces las personas pueden permitir situaciones que no les hacen bien por cuestiones vinculadas con la autoestima o el amor propio.

Capaz por tener o la autoestima baja o creer que, no sé, o falta de amor propio, uno permite que le hagan cosas que no están buenas o que hagan cosas que no te hacen feliz”.

"Capaz por tener o la autoestima baja o creer que, no sé, o falta de amor propio, uno permite que le hagan cosas que no están buenas o que hagan cosas que no te hacen feliz".

Su aprendizaje fue comenzar a reconocer qué quiere y qué no está dispuesta a aceptar: “Mientras los códigos de una relación estén claros y uno sepa lo que espera o lo que acepta, está bien, pero si hay cosas que no me hacen bien, aprendí a no aceptarlas”.

Y lo lleva todavía más lejos: “A no elegirlas, y capaz no pretender que el otro cambie y aceptar que me tengo que ir de ahí. Porque capaz perdés muchos años de vida esperando que el otro cambie”.

En ese punto recuerda una experiencia que tuvo durante una terapia con una persona llamada Mariana, a quien define como alguien que siente que le cambió la vida.

Yo le contaba a todos mis dramas y ella me decía: ‘Pero es tu culpa, pero es tu culpa’. O es tu responsabilidad”.

Al principio, la reacción de Eva fue de enojo: “Yo me fui re enojada ese día, porque ¿cómo puede ser que a mí me pase todo esto y que ella me diga que es mi responsabilidad?”.

Priscila y Eva.

Pero después entendió el sentido de esa frase: “Claro, después me hizo el click, que era mi responsabilidad porque yo permitía determinadas cosas”.

Y resume el aprendizaje: “Quedarme en el lugar donde no me hace bien”.

“No me identifico con esa vida pasada”

Priscila llega entonces a una pregunta directa sobre un tema que todavía aparece en los medios: qué siente Eva cuando le preguntan por situaciones vinculadas a Facundo Moyano, su expareja.

La respuesta es contundente, aunque no desde el enojo: “No, me da un embole bárbaro, pero porque no me identifico”.

Eva explica que siente ese momento de su vida muy lejano: “Yo siento que como que es una vida pasada todo eso. Entonces, como que no me identifico ni con mi versión de ese momento ni con nada de ese momento”.

Incluso puede suceder que una noticia vinculada con esa etapa ya no tenga ningún impacto sobre ella: “A veces vienen y me preguntan algo y es como capaz que ni me enteré o me enteré, pero como que lo veo tan lejano que no me afecta”.

"A veces vienen y me preguntan algo y es como capaz que ni me enteré o me enteré, pero como que lo veo tan lejano que no me afecta".

La sensación, dice, es casi la de estar mirando la vida de otra persona: “Realmente es como que veo cosas y digo, como si hubiese una noticia de alguien que no conozco, así”.

Y vuelve a una idea que ya había aparecido al comienzo de la charla: “Ni yo soy esa persona más, nací de nuevo”.

Para Eva, ese cambio no es exclusivo de ella. “Creo que a todos nos pasa un poco. Capaz si ves tu vida de acá a 10 años atrás, no te identificás con esa persona que eras”.

“Creciste, cambiaste. No quiere decir que te arrepientas, pero como que no estás más en ese lugar”, explica.

“Lo que estoy haciendo hoy, ¿me acerca a donde quiero estar?”

Ese proceso de transformación también modificó su manera de tomar decisiones.

Hay algo que yo aprendí mucho que es, a ver, si yo quiero estar en un lugar, ya sea de mi vida personal o laboral o lo que sea, suena muy lógico lo que voy a decir, pero tenés que hacer cosas que te acerquen a eso. No esperar que sucedan”, afirma.

Y plantea una pregunta que se convirtió en una especie de regla personal: “¿Lo que estoy haciendo hoy me acerca a donde quiero estar? En cualquier ámbito de la vida?”.

"Hay algo que yo aprendí mucho que es, si yo quiero estar en un lugar, ya sea de mi vida personal o laboral o lo que sea, suena muy lógico lo que voy a decir, pero tenés que hacer cosas que te acerquen a eso".

Eva lo lleva a situaciones tan simples como decidir entre gastar o ahorrar: “Me quiero comprar un par de zapatillas y tengo que juntar la plata, ¿me compro un café o ahorro? O sea, lo que estoy haciendo me acerca donde quiero estar y aplica a todos los ámbitos de la vida”.

Es como mi mentalidad de cabecera”, resume.

Los sueños que todavía quiere cumplir

Con Faustino, Eva también siente que sus proyectos y deseos cambiaron.

“Muchísimos”, responde cuando Priscila le pregunta qué sueños le quedan por cumplir. “Y más ahora con Faustino, como que mis sueños se reconfiguraron también”.

Entre ellos aparece uno familiar: “Me encantaría tener más hijos, no ya, pero me encantaría”.

También sueña con casarse. Y, lejos de imaginar una celebración minimalista, tiene bastante claro cómo sería: “Me encantaría casarme, o sea, sueño con casarme de blanco, todo, el velo, todo”.

“Me encantaría tener más hijos, no ya, pero me encantaría”.

Cuando Priscila le pregunta si a Gianluca también le gustaría, Eva responde: “No me importa”.

Después aclara que es algo que ya hablaron y que los dos tienen ganas de hacerlo: “Es algo charlado, es algo que nos gustaría hacer a los dos, pero me encantaría a mí todo, tipo el vals, el casamiento tradicional, nada moderno, de casamiento”.

La organización, sin embargo, requiere tiempo y dinero. “Pasa que son muchas cosas y también es caro hacer un casamiento, hay que organizarlo bien”.

Ante la idea de que las familias pudieran pagar la celebración como se hacía antiguamente, Eva se ríe: “¿Vos decís que lo pague mi papá y su papá? Mi papá se descompone si le llego a pedir que tiene que pagar un casamiento”.

“Me encantaría casarme, o sea, sueño con casarme de blanco, todo, el velo, todo”.

También sueña con recuperar aquellas vacaciones familiares que vivió de chica, pero ahora junto a su propia familia.

Disfruté mucho las vacaciones en familia, con mi familia nos íbamos siempre a la playa 15 días y bueno, sueño con poder hacer eso de las vacaciones familiares pero ahora con mi hijo y mi pareja”.

Y en lo profesional, también tiene nuevas metas: “Me encantaría, no sé, hacer conducciones en algún programa o entrevistas”.

Yo tengo muchas, muchas metas, muchas ganas de hacer cosas”, asegura.

La charla termina entre risas y con una última mención al esperado casamiento. Priscila dice que espera la propuesta de Gianluca y Eva responde rápidamente: “Cero presión, cero presión”.

Mirá la nota completa de Priscila Crivocapich a Eva Bargiela acá:

Créditos:

Fotos: @chrisbeliera

Videos: @mcretellaph, @ph.candela, @grupoarte

Makeup & Peinado: @shelsianestudio

Estilismo: @muna_oficial

Looks: @mono.fuk, @melocotonstyle, @muna_oficial, @salomon.argentina

 
   

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