Ana Rosenfeld contó cómo vivió los últimos días junto a su marido, Marcelo Frydlewski: «Lo metí en un Uber contra su voluntad… No quería internarse porque sentía que no iba a volver» – Revista Para Ti
 

Ana Rosenfeld contó cómo vivió los últimos días junto a su marido, Marcelo Frydlewski: "Lo metí en un Uber contra su voluntad... No quería internarse porque sentía que no iba a volver"

El pasado 9 de octubre, Ana Rosenfeld perdió a su marido, Marcelo Frydlewski, quien murió de COVID en Miami. Invitada a LAM, la abogada dio un triste testimonio de cómo vivió aquellos últimos momentos con él.
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Ana Rosenfeld y su marido, Marcelo Frydlewski, eran muy unidos. Hacían todo juntos. Y cuando pudieron viajar a Miami después de la cuarentena, organizaron un viaje allá para estar con su hija Stefi quehace 10 años vive en Estados Unidos, y sus nietos. Planearon quedarse más días, para que los nietos "nos abracen y nos toquen, dijimos", cuenta la abogada sentada frente a Ángel de Brito en el estudio de LAM. Es la primera vez que da una nota tras la muerte de Marcelo, que murió por COVID en Miami el pasado 9 de octubre.

"Estábamos pasándola muy bien, cuidándonos", dice. "Yo tenía un malestar que no llegué a entender... Le dije "Amorcito, me voy a hisopar". Y él me dice: "Nena, hace dos años que todas las noches sentís que tenés COVID", cuenta. "Él me decía "si yo me contagio COVID, me muero". Siempre lo decía... Cuando di positivo, nos miramos diciendo qué es lo que se viene", sigue diciendo.

Y aclara que nunca supo "que el octavo día era bisagra". Recordó que "Los primeros días de Marcelo fueron increíbles, nos reíamos...". Pero al octavo día se levantó y ya tenía otros síntomas que la preocuparon a Ana.

"No fue el cáncer de pulmón lo determinante en él. Tenía diabetes. Es una enfermedad silenciosa, que ataca órganos. Se levantó con fiebre, empezó a saturar mal. Y lo metí en un UBER contra su voluntad. No quería porque él sentía que si se internaba no volvía. Era un punto de quiebre donde a partir de ese momento empezaba a jugar una curva que no sabíamos cómo iba a terminar", sigue relatando Ana con la voz quebrada por el llanto.

Marcelo fue directo a la clínica Mount Sinai. "Me llama y me dice "están viedno de pasarme a terapia intensiva COVID", cuenta. A la semana, dio negativo y lo pasaron a una terapia intensiva común, donde allí le empiezan a fallar los órganos. "Estaba libre de COVID pero preso de sus consecuencias", precisó Ana.

"La última vez que lo vi bien fue cuando lo subí al UBER. Después lo volví a ver con la máscara bipap pero no podía hablar bien. Me escribía a cualquier hora de la madrugada, porque perdía el horario por el aislamiento", comenta conmovida y agrega: "Estoy angustiada. Es la primera vez que doy la cara desde que todo esto pasó... Para mí, Marcelo está. No me puedo imaginar que no esté. Es mi vida. Es todo para mí. Ahora me puse la pulserita de él", señala mostrándola.

"Es un mundo diferente el que empiezo. Es otra vida. Hacíamos todo juntos. Mi vida... Era un hombre feliz, que disfrutaba todo", detalla.

Luego siguieron los momentos más duros. "Yo había dicho que no lo entuben. Me llamaron a la 1 de la mañana de ese 2 de setiembre, la llamaron a Stefi y ella les dice, "hablen con mi mamá". Nos dicen que si no lo entubaban moría en ese momento. Me despedí de él, lo emocioné con mis palabras. Sentí que le tenía que dar mucho valor... Siempre tenía en su imaginario que el COVID para él era letal", relata. "Entre Stefi y yo le decíamos que pensara cosas lindas. Que era un pequeño viajecito, apenas podía hablar y Stefi y yo nos quedamos al teléfono llorando porque nos estábamos despidiendo", dice conmovida hasta las lágrimas.

Y Ana destacó que los médicos no tienen en cuenta el factor humano. "Fueron crueles", asegura. "Me dejaban ir un ratito día por medio. A partir del 22 de setiembre me dijeron que le quedaban horas de vida, que me fuera a despedir. Ese 22 de setiembre lloré, grité porque me dijeron que se estaba yendo. Y duró hasta el 9 de octubre. A partir de ahí, como se dieron cuenta del daño emocional que me habían hecho, me dejaron ir dos veces por día. Iba, le cantaba, le hablaba, ¡las boludeces que le habré dicho!, le leía los mensajes, le contaba qué hacía con las camisas...".

Pero luego llegó aquel día que Ana quisiera borrar para siempre de su vida: "Ese 9 de octubre, a las 5.30 suena el teléfono y el médico con un inglés muy difícil me dijo "Marcelo se acaba de ir". Me largué en llanto. Sentí mucha impotencia... Siempre tenés la ilusión e imaginación del milagro".

"Luchó por quedarse. Lo despetaron casi dos días antes de que fallezca. Me decían que le hable. No sé si me escuchaba. Le pasaba canciones, audios de los nietos, de los hijos y energía. Pero ese 9 de octubre fue fatídico", asegura con la emoción en sus palabras.

Y no puede dejar de mencionar que "El papá de él había muerto a la misma edad, un 21 de setiembre. Stefi nació un 20 de setiembre. Tenía pánico que muriera el mismo día de Stefi. Después teníamos el 10 de octubre, el cumpleaños de Pamela. Fue sorteando con su energía días que no fueran claves para que los festejos no se convirtieran en eventos tristes", cierra Ana.

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