Día de la mujer: la historia de Anita Gutbrod, la nadadora que batió un récord mundial hace 100 años en el Delta del Paraná - Revista Para Ti
 

Día de la mujer: la historia de Anita Gutbrod, la nadadora que batió un récord mundial hace 100 años en el Delta del Paraná

Día de la mujer: la historia de Anita Gutbrod, la nadadora que batió un récord mundial hace 100 años en el Delta del Paraná
El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer y en Para Ti te compartimos las historias de vida de diferentes mujeres que supieron luchar en su ámbito, destacarse y convertirse en grandes referentes. En esta oportunidad, homenajeamos a Anita Gutbrod.
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“Siento que me condeno a un eterno retorno. Aunque a veces me aleje algún tiempo, sé que siempre volveré a él y a mi casa: es mi destino”. Haroldo Conti.

De río, de aves y de remos. Para muchos, las islas tuvieron un lenguaje propio, sereno aprendizaje de mareas y corrientes que mecen las varas del mimbre. Una tierra fértil donde reinaba el yaguareté. Para otros, un refugio de pesares, poético, un solitario y húmedo paraje. Para ambos, hay siempre un retorno.

A partir de mediados del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, el Delta recibió un flujo importante de inmigrantes europeos que se dedicaban a la producción frutícola (cítricos, manzanas y duraznos) que se comercializaban principalmente a través del Puerto de Frutos, en Tigre. Para entonces, surgieron los clubes de remo sobre los ríos Tigre y el Luján.

La lista de agrupaciones fundadas por colectividades extranjeras era larga, dando paso a la Unión de Remeros Aficionados del Río de la Plata.

Para aquel momento, una época de esplendor vio florecer recreos y hosterías que congregaban a miles de porteños. En 1923 se llevó a cabo la primera procesión fluvial, declarando a la virgen del Rosario, patrona del Delta.

Por esos años, los chicos tenían al río por patio. Todos jugaban a nadar en los arroyos. Los veranos descalzos, imagino, caminando entre vivas raíces de superficie, puentes angostos y el muelle, testigo de las barcas a vapor y canoas.

Anita Gutbrod (1903-1967) había nacido en continente, precisamente en Belgrano. Su padre, German Gutbrod, de origen alemán era jardinero paisajista y trabajó como florista. La madre de Anita, Luisa Gervino era argentina, hija de italianos.

Cuenta Marta Bourgeois, hija de Anita, que los primeros en llegar a las islas fueron sus bisabuelos paternos. “Ellos eran franceses y llegaron con la oleada inmigratoria que promovió Sarmiento desde su llegada en 1850. Se agrupaban por colectividades y esos mismos barcos volvían a Europa cargados de hierbas medicinales del Paraná”, afirma.

Sarmiento promovió la producción y el trabajo en las islas, otorgando a cambio de cinco años de cosechas la titularidad de las tierras que habían explotado. Contra viento, marea y yaguaretés, los isleños se hicieron dueños de “la tierra prometida”.

Marta, de 77 años, recuerda que sus abuelos vienen al Delta de visita y encuentran una fracción de ocho hectáreas a la venta que los cautivó de tal modo que deciden comprarla y se mudan al Caraguatá. A la producción zonal de fruta y mimbre, su padre agrega flores.

Para entonces, Anita de 12 años y sus cinco hermanos encontraron en las islas un lugar nuevo donde transitar una infancia feliz. Allí los niños iban a la escuela por un paso cruzando el monte, a través de un puente giratorio. Las maestras vivían en la escuela que había fundado Sarmiento sobre el Carapachay.

Marta Bourgeois, hija de Anita, recordando a su mamá.

Los niños aprendieron estilos de nado sobre una mesa, marcando los movimientos fuera del agua para luego practicar en el rio. Usaban latas para flotar que amarraban al muelle, adquiriendo técnica, nadando generalmente pecho. Cuentan que un día mientras un grupo de chicos nadaba en el rio pasó el entrenador Roque Ridano y los invitó a participar de clases de natación.

Anita y una de sus hermanas, interesadas por la propuesta, inician las clases. Anita fue quién se destacó, entrenando con dedicación hasta que llegaron las primeras hazañas batiendo primeramente dos récords sudamericanos. El tercero es el récord mundial, en marzo de 1923, cumpliéndose este mes los 100 años de dicha proeza.

La primera gran hazaña en concretar fue el 13 de febrero de 1921: Anita Gutbrod nadó 13 kilómetros en 4 horas y 13 minutos, batiendo el récord femenino sudamericano de distancia y permanencia en aguas abiertas. Desde (frente de la boca del Canal Arias) el rio Lujan hasta la Rampa del Club Ruder Verein Teutonia (actual rampa del edificio de Prefectura Naval Argentina).

Su segundo raid en aguas abiertas fue el 15 de enero de 1922: recorrió 21 km en 6 horas 48 minutos. Su entrenador y director del raid fue Roque Ridano y patrocinaba el evento el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

Los remolinos del rio no detuvieron a la joven de 19 años cuando el 13 de marzo de 1923 se lanzó al Paraná desde Zárate, frente al Frigorífico Anglo. Brazos amigos remaron a su lado para alentarla junto a las lanchas “Perseverancia” y “La Talita”.

Luego de nadar toda la noche, hace su ingreso por el canal Arias, hasta 2 km antes de llegar al Rio Tigre el 14 de marzo. Esta proeza le valió el récord mundial femenino de distancia y permanencia en Aguas Abiertas tras nadar casi dos kilómetros más que Lilian Harrison, otra argentina hija de inmigrantes ingleses.

Anita Gutbrod recorrió más de 70 kilómetros en 22 horas y 47 minutos, récord fiscalizado por la Federación Argentina de Natación.

“Prometí a mis padres no malograr mi salud y abandono, aunque mis condiciones me permitan continuar por unas horas más” declaró Anita al finalizar la proeza mientras subía a la lancha que la acompañaba.

Los medios de comunicación nacionales e internacionales como ser El Gráfico (Ed. 134 y 195), La Nación y La Razón documentaron los dos días de raid y los expertos del deporte la llamaron “la sirena del Delta”.

El Dr. Godofredo Grasso fue uno de los primeros médicos argentinos dedicado a la medicina deportiva, aplicando con Anita una dieta criteriosa acorde a la necesidad de rendimiento y permanencia en aguas abiertas, siendo ésta sujeto de estudio ya que no era usual entrenar mujeres al agua.

Esta tarea se dio en conjunto con sus entrenadores y directores Enrique Tiraboschi y Atilio Ponisio. Cabe destacar que Enrique Tiraboschi fue uno de los entrenadores que introdujo estilos europeos de natación en la Argentina.

Vito Diego Dumas (1900-1965) fue un gran nadador. Amante de los deportes y aventurero. Fue conocido como “el navegante solitario”. Dumas ha acompañado la carrera deportiva de Anita Gutbrod, alentando a la nadadora con sus consejos como lo atestiguan las fotos publicadas en los diarios que cubrieron el raid.

Luego del récord logrado, el Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires otorgó a la nadadora un cargo como Profesora de Natación y con el dinero otorgado por la Federación como premio la joven compró un terreno en Olivos. Tiempo después Anita construye allí una casa que habita a los 30 años cuando contrae matrimonio con Enrique Bourgeois, un isleño vecino.

Pero a poco más de un año de casados deben volver al Delta porque su esposo debía encargarse del negocio familiar a causa de la muerte de su padre. Anita debió viajar desde el Arroyo Caraguatá hasta Capital Federal para trabajar en el club.

Cuenta Marta, su hija, que ella y su hermana Celia quedaban al cuidado de una vecina. Esa misma casa donde Marta se crio sobre el Caraguatá, hoy es su propio hogar. Y agrega: “Las mujeres de mi familia éramos muy independientes, no sabíamos de prejuicios”.

Hoy sus hijas conservan un archivo familiar con recortes periodísticos de la época y el recuerdo vivenciado de los hechos transcurridos como hijas de una mujer adelantada para su época.

La historia transcurrida llega a nosotros por el relato legado, marcando hechos históricos no solo en el deporte, sino en la vida de la mujer en la década de 1920 y el lugar que ocupaban en las prácticas deportivas por entonces.

Para su primer raid, Anita Gutbrod tuvo que confeccionar su propio traje de baño. No había mallas femeninas para nadar en aguas abiertas por lo que debió adaptar una malla masculina a su cuerpo, untado con una mezcla de aceite de bacalao, vaselina y lanolina.

Dicen que el rol de Anita inició las primeras pruebas de natación femenina en Argentina junto a otras nadadoras de entonces Lilian Harrison y Jeannette Campbell.

Cuenta la familia que su padre, German Gutbrod, ha tenido un rol muy importante para que ella pueda ejercer esta actividad en el agua, atravesando un terreno por entonces netamente masculino. Las figuras de las mujeres en las islas usualmente se enmarcaban en tareas del hogar, los hijos y además la producción en el monte.

Excepcionalmente las mujeres que se destacaban eran admiradas por sus proezas, fueron pocas, en una época en la que no accedían siquiera a conocer sus habilidades para poder desarrollarlas. Destacarse deportivamente por entonces, en muchos casos le servía al hombre para lucirse.

Los Gutbrod hicieron más que producir frutas y flores. Sorteando obstáculos, abriendo camino, dejaron huella. La libertad de nadar de Anita trascendió a las mujeres de toda la familia que hoy alzan la bandera de su proeza.

Anita Gutbrod, una historia para contar, motivadora, para inspirarse e inspirar. Allí mismo, en el Arroyo Caraguatá el juego de nadar se volvió una hazaña, un récord mundial.

Fotos: Silvina Gerard.

@unlugarenelarroyo / @anitagutbrodprojekt.

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